Análisis de la obra de Maurice Sendak, autor de "Donde viven los monstruos"

Patrick Rodgers, uno de los curadores del Museo y Biblioteca Rosenbach, analiza para El Espectador las razones del éxito del trabajo de este autor norteamericano, recién fallecido.

Patrick Rodgers, uno de los curadores del Museo y Biblioteca Rosenbach, el lugar en donde se encuentra el archivo más grande de obras de Maurice Sendak, analiza para El Espectador las razones del éxito del trabajo de este autor norteamericano.

“Creo que una de las grandes contribuciones de Maurice Sendak a la literatura infantil fue arriesgarse a romper las reglas. Antes de los años 50, e incluso durante esta década, la mayoría de la narrativa de los libros para niños era moralista, una forma segura de enseñarles lecciones a los niños. En este tiempo, el autor estaba cambiando eso al ilustrar libros como ‘A hole is to dig’, escrito por Ruth Krauss, que no tenía personajes, una moraleja o incluso una historia.

Los primeros libros que escribió e ilustró, como ‘Kenny’s window’ (1956) y ‘Very far away’ (1957), trataban con emociones en los niños, como la soledad y los celos, que no solían aparecer en libros infantiles. Y entonces tienes narraciones como ‘Donde viven los monstruos’, que opera en tantos niveles: una historia de aventura, acerca de la familia, de perdón; una parábola sobre la creatividad. Sendak siempre vio los libros ilustrados como objetos complejos, con muchas capas, porque sabía que los niños eran lo suficientemente inteligentes, y con tanto interés, como para entender este tipo de trabajo.

En cuanto a la ilustración, creo que uno de sus grandes aportes fue la enseñanza que le dejó a otros ilustradores de no amarrarse a un solo estilo, a una única técnica, sino ser flexible en la aproximación artística hacia cada libro.

Las razones por las cuales la obra de Sendak fue exitosa tienen que ver con la honestidad con la cual se aproximó a sus proyectos. No quería blindar a los niños de situaciones difíciles y ellos respondieron a esta honestidad: es la vida real y eso tiene más valor que el mensaje moral disfrazado de ficción.

El trabajo del autor no fue siempre popular entre los críticos (quienes escribieron malas reseñas de sus libros, incluso de ‘Donde viven los monstruos’), los padres o los niños (algunos de estos le mandaron cartas diciéndole cuánto habían odiado algunos de sus libros, y que él adoraba por lo feroces y honestos que eran).

Sin embargo, hay muchas razones por las que el público ha respondido tan bien a los personajes de ‘Donde viven los monstruos’, su creación más recordada. Por un lado, creo que a los niños les encanta que son grandes y tienen dientes afilados, pero igual no pueden vencer a Max, el protagonista de la historia. Siento que también les gusta que son monstruos que adoran la diversión y las fiestas, pero que también tienen un lado peligroso, oscuro (‘¡Te comeremos, te queremos tanto!’).

Cuando era niño me encantaba la diversidad de ‘Donde viven los monstruos’. Había un monstruo que parecía un toro, otro una gallina, uno más se asemejaba a una cabra, pero también había varios que tenían piezas de tantas otras criaturas y, sin embargo, todos parecían únicos. Nunca había habido monstruos así en los libros infantiles. Siempre pensaba, cuando era menor, que cada uno tenía una historia propia y esto los hacía aún más misteriosos.

El artista ilustró este libro con varias técnicas. Algunos de los personajes tienen escamas, otros son peludos, y las texturas que el autor logró darles a estos monstruos los hacían diferentes e interesantes, además de ser dibujos hechos con profesionalismo.

Sendak siempre lidió con cosas que eran actuales, vitales e importantes. ‘We are all in the dumps with Jack and guy’ (1992) nació de su ira por la cantidad de niños desamparados que viven en la pobreza en Estados Unidos (por cierto, es uno de mis favoritos de su obra, una lectura compleja y enriquecedora). En muchos de sus libros uno puede ver cómo el autor se aproxima a sus propias penas, enojos o culpas acerca del Holocausto y los muchos familiares que perdió en él.

Él era mucho más que un ilustrador: era un artista que vertía su vida y su memoria en su trabajo. Creo que es refrescante ver esto en libros ilustrados, especialmente manejados con la belleza y el talento que tenía Maurice Sendak”.