En busca de obras robadas

El filme, con George Clooney y Matt Damon, retrata al grupo militar que recuperó obras tomadas por los nazis en la Segunda Guerra. Hoy, muchas de ellas siguen desaparecidas.

El general Dwight Eisenhower en 1945, en una mina de sal alemana donde los nazis escondieron obras de arte.

Operación Monumento, protagonizada por George Clooney, Matt Damon y Jean Dujardin, está basada en la investigación de Robert M. Edsel titulada The Monuments Men. Allí, el autor estadounidense recoge la historia de un grupo de militares de Estados Unidos e Inglaterra que durante la Segunda Guerra Mundial tenían el encargo de recuperar el arte que las tropas nazis habían robado en los países ocupados. El grupo, que en principio sumaba cerca de 60 personas, aumentó en los años de la guerra y a finales de los años 40, hasta llegar a 350. Entre ellos estaban Rose Vallan, francesa, nacida en Saint-Étienne-de-Saint-Geoirs; James J. Rorimer, de Cleveland, Ohio, con 39 años para el tiempo de la guerra; el soldado del Séptimo Ejército de Estados Unidos Harry Ettlinges, que nació en Alemania y emigró a Newark, New Jersey, y había curadores y expertos en arte. Su misión era sencilla en palabras: mitigar el daño y robo de obras de arte en los países aliados.

La tarea, sin embargo, fue monumental. Adolf Hitler, cabeza única de los nazis, era un gran aficionado al arte (había deseado ser pintor) y consideraba que Europa, en su decadencia, había permitido que movimientos como el cubismo, el futurismo y el dadaísmo deformaran las ideas clásicas de la pintura y la escultura. De modo que dio la orden a sus filas de expoliar y tomar para su provecho, y el de generales suyos, como Hermann Goering y el ministro Joachim von Ribbentrop, las obras de arte que estuvieran en manos de los países que ocupaba: los soldados alemanes, entonces, fueron rapaces. De los museos y colecciones privadas de Austria, Polonia y Francia, los primeros grandes territorios que conquistaron entre 1938 y 1940, tomaron cuanto quisieron. Buena parte de esas obras pertenecían a familias judías que, amenazadas de muerte, entregaban todas sus propiedades. Obras de Picasso, Chagall, Tolouse-Lautrec y Matisse terminaron en manos de los nazis.

El número total de obras robadas es aún desconocido. Existen cifras que dan una perspectiva del robo: en Francia, por ejemplo, se hicieron a 36.000 obras de arte. Después de la guerra, con Alemania como gran perdedora, los miembros del ejército aliado continuaron en la tarea de recuperarlas: en Polonia, los nazis habían expoliado cerca de US$20.000 millones en arte y 516.000 obras; otros miles fueron tomados de 173 museos de la Unión Soviética. La colección de Goering sumaba 594 piezas robadas, buena parte de ellas durante la ocupación de Francia, entre 1940 y 1944. En los propios museos alemanes fueron decomisadas 16.000 obras, entregadas luego para la venta a Hildebrand Gurlitt (cuyo hijo, Cornelius, fue detenido el año pasado por tener más de 1.000 pinturas en su hogar sin una proveniencia clara), Karl Buchholz (reconocido librero que falleció en Bogotá en 1992), Ferdinand Moeller y Bernhard Boehmer.

¿Dónde quedaron todas esas obras? El ejército aliado, con el Programa de Monumentos, Bellas Artes y Archivos, recuperó más de 14.000 piezas escondidas en castillos, minas de sal y fortalezas militares. Sin embargo, cuando comenzó su tarea con más tino en 1945, el ejército aliado esperaba encontrar cerca de 5 millones de piezas. Durante la guerra, muchas de ellas terminaron en manos privadas; al finalizar la guerra fueron entregadas a museos e instituciones. Fue entonces que comenzaron los procesos de restitución a los verdaderos propietarios: dado que parte de los trabajos estaban en colecciones personales, los herederos reclamaban su propiedad. El proceso aún no ha terminado. Desde la década pasada, la familia judía Cassirer ha pedido al museo español Thyssen-Bornemisza que le sea entregado un cuadro de Camille Pissarro, Rue Saint-Honoré, après-midi, effet de pluie, que había pertenecido a Julius Cassirer en 1897. La petición sigue en juicio.

Por eso, también, en 1998 más de 40 países firmaron un convenio para entregar información sobre el origen de las obras de arte en sus museos; de ellos, sólo cinco han creado entidades dedicadas a dicha investigación. Estados Unidos, por ejemplo, no tiene herramientas legales para pedir a sus museos que entreguen tal información, y los museos también han presentado obstáculos al entregarla, argumentando que la obra fue comprada y pertenece a su colección. La Comisión de Arte Robado en Europa, fundada a partir del convenio de 1998, investiga el origen de las obras y las restituye a sus dueños. Este año, 128.000 páginas que registraban las obras de arte robadas por los nazis fueron digitalizadas en conjunto por la comisión, los Archivos Nacionales Británicos, la Administración de Archivos de Estados Unidos y su oficina homóloga en Alemania. Estos archivos, que pueden ser consultados ya en Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Alemania, Estados Unidos y Ucrania, les permitirán a las familias comprobar el origen de las obras.

 

 

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