Canciones descolgadas del corazón

El compositor, cantante y actor mexicano murió ayer en su natal Juliantla, en el estado de Guerrero. Casi cuarenta álbumes reflejan una vida cercana a las pasiones del rancho.

El verdadero nombre de Joan Sebastian era José Manuel Figueroa. / EFE

 

Joan Sebastian no escribía sus canciones. Él las vivía. En su rancho de Cuernavaca, un espacio creado para su desestrés artístico y que poco a poco se convirtió en un hotel equino cinco estrellas exclusivo para caballos sin establo, confesó que las letras las extraía del sentimiento y las pasaba del corazón a la mente sin pagar ningún tipo de tributo. Allí dijo, con la tranquilidad de las canas y la sinceridad del ambiente rural, que desde pequeño tenía la gran facilidad de descolgar las canciones desde su entraña y, por fortuna, ellas solas afloraban en el momento más apropiado.

El rancho en Cuernavaca no era su lugar de residencia oficial. Joan Sebastian, cuyo verdadero nombre era José Manuel Figueroa, jamás quiso separarse de su natal Juliantla, en el estado de Guerrero. Sin embargo, dedicaba varias semanas de su año a acondicionar este lugar con todas las comodidades de una hacienda de veraneo pero con el atractivo innegable de amplias caballerizas en las que cuidaba, sin distingo alguno, a los mejores animales de su propiedad y a los ejemplares de amigos y conocidos que confiaban en esas capacidades vaqueras que lo llevaron a ser conocido como el Rey del Jaripeo.

Por amor a Cuernavaca, y como reconocimiento a un escenario que tanta paz le traía y que lo acercaba a la capital federal, Joan Sebastian escogió su rancho de vacaciones como el espacio óptimo para el lanzamiento de su trabajo discográfico Celebrando el 13 (2013), que se convirtió en su último álbum. La presentación la hizo por lo alto. Invitó prensa nacional y extranjera, dedicó dos largos días a realizar entrevistas cara a cara para televisión, radio y medios impresos de América Latina. El artista destinó el último día para mostrar parte de su nuevo material en vivo; y luego dijo que quería sentarse a la mesa con un grupo de comunicadores durante un almuerzo al mejor estilo campestre.

“Uno de mis más recientes discos se llama Pegadito al corazón. En él todas las canciones son nuevas, menos Paloma gris. Ahora estoy lanzando Celebrando el 13, que según los coleccionistas es mi disco número 38. Recuerdo que esa canción la incluí en un trabajo que hicimos con Rocío Durcal. Ella la cantó en versión femenina, porque ese tema nació de hombre a mujer. Mis canciones atienden a una necesidad personal de decir algo y se me antojó que era importante que la gente conociera la versión genuina. Eso me ha pasado con todos mis registros, del primero al último”, contó en su rancho Joan Sebastian, quien siempre sostuvo que Llamarada, de Jorge Villamil, era uno de los tesoros letrísticos más importantes de América Latina.

El camino del amor fue uno de los primero éxitos del compositor, cantante y actor mexicano. Lo compuso a los quince años y una década más adelante lo grabó. Con la aparición de esta letra, su vida jamás volvió a ser igual. Comenzó entonces a relacionarse con las figuras más representativas del espectro sonoro del continente. Su fama como autor tomó vuelo y artistas como Vicente Fernández, Rocío Durcal y Diego Verdaguer les otorgaron voz a muchos de sus pensamientos más recurrentes.

“Para mí, hacer música es un ejercicio cotidiano. Descolgar melodías para hablarles a los sentimientos es muy habitual en mí, aunque a veces me gusta quedarme callado para no sacarle filo al colmillo. A veces prefiero el silencio. Allí, en modo silente, encuentro la gestación de ideas y la aclaración de sentimiento. En el silencio me gusta pensar en cómo no ser frívolo y quedarme callado es basarme en una reflexión que me enseñó un perico mudo: hay que echarle a la lengua un nudo antes que hablar bobadas”, aseguró entre risas este artista, cuyo amor por Colombia fue una herencia de su padre.

Joan Sebastian se ausentó por más de tres décadas de la plaza colombiana. Recibía la información de primera mano a través de los medios de comunicación y contrarrestaba todos los contenidos violentos con el folclor del Caribe y del Pacífico. La música le llegaba por encargo y nunca permitió que la ausencia física se convirtiera en un olvido espiritual. Incluso, hasta último momento pensó que Celso Piña era uno más de los exponentes de las tradiciones folclóricas de ese país que tanto se le asemejaba al suyo.

“Mi vida misma se ha visto afectada por la violencia, así como les ha pasado a miles y miles de mexicanos. Yo me ausenté físicamente de Colombia por casi 31años y no fue por los problemas de índole social. Cuando regresé, fui testigo de un ambiente de mucha esperanza y eso me llenó de alegría. Cada vez encuentro más elementos de hermandad entre las dos naciones y eso se evidencia hasta en la música”, dijo Joan Sebastian, quien tuvo una participación activa en uno de los registros recientes del artista vallenato Jorge Celedón.

Le hubiera gustado no tener que cantarle a la muerte de sus dos hijos y con todo y eso siempre encontró elementos de inspiración para reconciliarse con la vida y con el arte. El tema que le quedó faltando para hacerle una canción fue la inexistencia de armas en el mundo. Su creatividad no fue tan fuerte para convertir esa ilusión en un poema cantado. Más bien prefirió lanzar una frase a manera de sentencia: “Si quieres que te cante, me volveré canario, para cantarte siempre, para cantarte a diario. Si quieres que me calle será incierta la espera, pero he de complacerte cuando de amor me muera”.

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