Cuando no causa gracia cazar fantasmas

Bill Murray protagoniza la historia de un veterano de guerra que establece una extraña relación paternal con un joven vecino, tras el divorcio de su madre.

Bill Murray en ‘Perdidos en Tokio’ (2003), película dirigida por Sofía Coppolla y co protagonizada por Scarlett Johansson. / Romar Media

No es fácil entrevistar a Bill Murray: no tiene publicista, ni manager, ni representante, ni maquillador favorito, como muchas estrellas de Hollywood. En el estreno de su nueva película, St. Vincent, en el Festival Internacional de Toronto, se presentó la oportunidad, con la que festejamos el 30 Aniversario del estreno de 'Cazafantasmas’.

- ¿Qué recuerda de la época de ’Cazafantasmas’?

En aquel entonces no nos tomábamos tan en serio el cine. Lo hacíamos por diversión. Ahora ni siquiera sé por qué lo hago (risas). Podíamos filmar todos los días probando lo que queríamos, actuando para nosotros. Los estudios todavía los manejaban profesionales que también iban al cine, como cualquiera de nosotros. Apreciaban lo que hacíamos, nos daban libertad.


- ¿Alguna vez volvió a ver ‘Cazafantasmas’?

La veo todo el día en casa (risas). Tengo configurado el proyector para que vuelva a pasarla cada vez que termina (más risas). Hablando en serio, si te fijas, en televisión siempre la están pasando algún día de la semana, y sigue teniendo para mí escenas maravillosas. Muchas las hicimos sólo por hacerlas, y al ver la película puedo acordarme de cuando estábamos en Nueva York, nos poníamos esos uniformes ridículos y entrábamos a las tiendas. La gente no entendía lo que hacíamos. Hasta los policías pensaban que éramos importantes, porque nuestros uniformes eran mucho mejores que los de ellos (risas).

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Bill Murray nació en Wilmette, en el estado de Illinois, el 21 de septiembre de 1950. Es el quinto de nueve hermanos (su hermana Nancy Murray es también su 'hermana' en el sentido religioso del término, es monja en República Dominicana). Como muchos de sus hermanos, trabajó como ayudante en los campos de golf para pagar sus estudios en la escuela jesuita Loyola Academy. Luego estudió medicina en el Regis College, pero la dejó después de un encuentro con una policía que lo detuvo en el aeropuerto de Chicago, con casi cinco kilos de marihuana (festejó su cumpleaños número 20 en la cárcel). Finalmente, encontró un lugar para explotar su sentido del humor en el National Lampoon Radio Hour, junto a Dan Aykroyd y John Belushi (el personaje que tuvo en la película 'Cazafantasmas' había sido originalmente pensado para John Belushi).

Cuando Sofía Coppola escribió el guion de la película Perdidos en Tokio, imaginó siempre a Bill Murray en el personaje de Bob Harris. Con la ayuda de su padre, Francis Ford Coppola, lo convenció para que protagonizara el filme, con el que fue nominado al Oscar como Mejor Actor. "Lo gracioso es que la gente piensa que gané", recuerda entre risas.

No pudo rechazar el honor del Festival Internacional de Cine en Toronto cuando eligieron el 5 de Septiembre para bautizarlo como “El día de Bill Murray” y proyectaron tres de sus comedias clásicas: Stripes, Groundhog Day y Cazafantasmas.

Parece ser un patrón la amistad que sus personajes entablan con generaciones más jóvenes en películas como ‘Perdidos en Tokio’, 'Rushmore' o la nueva 'St Vincent'. ¿Es pura coincidencia?

No sé si tenga valor la amistad entre diferentes generaciones. Pero me alegra que hayas encontrado un punto en común, porque en mi vida yo no encuentro nada en común (vuelve a reír). No sé si pueda ponerme serio por un momento, voy a intentarlo. Yo soy una persona madura, no tan madura en realidad, pero estoy más viejo que antes. Y al trabajar con directores más jóvenes como Wes Anderson, Ted Melfi o Sofia Coppolla automáticamente me pongo en el rol de un tío, un vecino o un suegro.

-¿Alguien de otra generación lo ha inspirado lo suficiente como para influenciar su estilo de humor?

Diría que mi abuelo. Era una persona muy graciosa, una de esas que siempre llevaba moño y le quedaba bien. Solía insultar a la esposa, en voz baja, porque ella no escuchaba bien, o se sacaba la dentadura postiza y se hacía el que lloraba. Mi hermano Brian, con su amargura, también fue influyente (ríe). Cuando vi 'St. Vincent' fue como verlo a él.

- ¿Es cierto que detrás de cámaras estableció una amistad con el jovencito de la película 'St Vincent', y que meditaban juntos?

Simplemente poníamos nuestras cabezas en unas sillas y cerrábamos los ojos. No eran sesiones de meditación de verdad, pero funcionaban cuando no queríamos que nos molestaran (risas). ¿Qué clase de director le da a un chico de diez años cuatro páginas para aprender de memoria? Solamente un monstruo que después filma desde 51 ángulos diferentes. ¿No hay leyes para cosas así? ¿No deberíamos quejarnos? Era su primera vez en el cine, pero lo hizo extraordinariamente.

- ¿Ha tenido vecinos terribles como el de la película?

Tuve un vecino que tenía loros, en Nueva York. Cuando tienen relaciones sexuales, en el verano, gritan toda la noche. Suenan como bebés que lloran. Es lo más molesto que puedas imaginar.

- En el estreno mundial del Festival Internacional de Cine en Toronto se lo vio bastante emocionado...

Fue emocionante ver la respuesta de la gente. Aunque yo había visto la película antes, vi por fin la versión final, limpia. Me vi en pantalla y me afectó. Me había puesto a llorar justo en el momento en que prendieron las luces de la sala y pensé: "Si alguien me ve llorando, se termina mi carrera". Es como si me hubiera muerto y de golpe podía ver cómo todos reaccionaban en mi funeral (risas).

- ¿Hubo momentos parecidos durante el rodaje?

Sí, momentos muy fuertes . Disfruté cuando cantamos la canción del final de la película. También tuve un par de días en los que tuve que caer emocionalmente, para la escena en la que muere mi esposa. Son momentos en donde no causa tanta gracia cazar fantasmas.

 

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