La despedida del rey del blues

B.B. King transformó la música contemporánea a partir de su revolucionaria forma de ejecutar la guitarra eléctrica. Supo conjugar la cultura rural con el ritmo de la ciudad. Partió una figura primordial del género.

El rey del blues murió en su casa en Las Vegas el 14 de mayo, después de luchar diez años contra la diabetes. / AFP
Riley B. King, mejor conocido en el mundo del espectáculo como B.B. King, nació en el seno de una familia humilde del sur de Estados Unidos, en 1925. En su niñez acudía a la iglesia y pronto el predicador lo instruiría en el canto góspel y en los acordes de guitarra. Con 12 años ya empuñaba el instrumento y aquello se convertiría en su mejor forma de expresión. Posteriormente se mudó a la ciudad de Memphis.
 
Un período en la radio como animador, cantante y compartiendo al aire con otros artistas negros le daría cierto reconocimiento y el apodo del “Beale Street Blues Boy”, luego abreviado a B.B. Sin embargo, sería a finales de los años cuarenta, con la grabación de sus composiciones, que llegarían las giras por ciudades y poblaciones. De esa rutina no se desprendería nunca más. El rey acostumbraba efectuar hasta 300 actuaciones al año, e incluso con más de 80 años de edad seguía girando por el mundo. Todo hasta octubre del año pasado, cuando una deshidratación severa lo llevó a desvanecerse sobre las tablas.
 
Su compañera de siempre fue su guitarra negra marca Gibson, llamada Lucille, bautizada así cuando en un malogrado concierto en Arkansas dos hombres riñeron por una mujer llamada Lucille, lo que produjo un incendio. Junto a los demás asistentes, King evacuó el recinto, pero perdió su instrumento y, pese al inminente peligro, regresó para salvarla.
 
En 1964 King registró el célebre disco Live at the Regal en la ciudad de Chicago. Este documento tuvo la capacidad de marcar la senda para cada vez más grupos, no sólo de blues, sino de rock ‘n’ roll, jazz y de tendencias que revolucionaban el mercado pop. Su primer éxito más allá del mundo del blues arribó con una versión de Roy Hawkins para The Thrill is Gone. Piezas como You Know I Love You, Three O’Clock Blues o Please Love Me, entre muchas otras, se convirtieron en parte del cancionero popular estadounidense. El sentimiento, la sencillez y la potencia provenientes de su garganta y sus melodías lo erigieron como padre de un estilo que influenció y sigue marcando a incontables músicos, como The Rolling Stones, Eric Clapton, George Harrison, Gary Moore y Aerosmith.
 
En décadas recientes B.B. King mantuvo su legado grabando y presentando en vivo con artistas tan distintos como Luciano Pavarotti o los irlandeses U2; su aporte para el corte When Love Comes to Town lo llevó a los oídos de una nueva generación en la primera mitad de los noventa. Le diagnosticaron diabetes tipo 2, pero su sonrisa y ganas de hacer vibrar su guitarra no declinaron. Una sucesión de colecciones con lo mejor de su discografía, grabaciones en DVD, álbumes tributo y extraordinarias ejecuciones eran parte de su agenda. El rey vivía cada día por y para el blues.
 
No obstante, en el último tiempo debía permanecer sentado mientras repasaba su repertorio. Una suerte de erráticas apariciones llevaron a la prensa a especular que sufría el mal de Alzheimer y que era explotado por sus representantes. De cualquier manera, el rey quería despedirse en el escenario y así sucedió el año pasado, cuando debió ser ingresado en un hospital. Se pueden mencionar sus premios Grammy, medallas presidenciales, discos por ventas y demás distinciones, mas es su música la que deja un legado importante en el alma de miles que se han visto arropados por los susurros del blues puro y auténtico que creó.

 

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