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hace 11 horas

"Es difícil competir con la realidad"

El ilustrador polaco Pawel Kuczynski es reconocido por sus críticas gráficas sobre la guerra, la pobreza y la política. “La metáfora es un lenguaje universal”, dice.

Ilustraciones: Pawel Kuczynski

Las ilustraciones de Pawel Kuczynski hacen quedar mal a las palabras: cualquier intento de explicarlas resulta en un juego absurdo que él resuelve con una sola impresión instantánea. Sucede con ellas como sucede con las pinturas de los grandes artistas; ante ellas sólo se puede guardar silencio. Más vale el mítico mutismo, que una palabra estúpida e insulsa. Las palabras sólo harían estorbo porque las grandes pinturas, las ilustraciones en realidad expresivas, tienen en sí mismas el lenguaje que ayuda a comprenderlas. No se necesitan verbos adicionales ni imágenes anexas; en trazos juntos, un ilustrador somete todo un pensamiento en un sólo lugar. Sin forzarlo, lo obliga a estar allí en su totalidad, a desnudarse y también a esconderse. El buen arte produce esa extraña combinación entre la destrucción y la construcción: crea un nuevo conocimiento, y al mismo tiempo derrumba un prejuicio.

Quizá esos pensamientos, algo ligeros, valgan más que una descripción de sus obras. Aquí están, usted las puede ver y valorar; en cierto sentido, no hay necesidad de decirle qué significan o a qué escuela pertenecen. Cuanto interesa, en realidad, es la sutileza, las capas de significados que Kuczynski —nacido en Polonia en 1976— logra sobreponer en cada uno de sus dibujos. “Siempre antes de comenzar a dibujar —dice—, necesito una idea. El camino final del dibujo hace parte de un fuerte proceso mental. En ocasiones debo tomarme horas y días enteros antes de dibujar”.

Kuczynski ha dicho ya, en otra entrevista con este diario hace más de un año, que gusta del manejo de la luz en las pinturas de Caravaggio, aquellas figuras cuyos rasgos poseen relieve gracias al entrecruce vasto de sombras y luces. Eso no dice nada, sin embargo, de su propio trabajo: allí se reúnen, en comunión de contrarios, pobres y ricos, desdichados y gozosos, libres y esclavos. Se reúne, entonces, parte de la condición humana. Por eso Kuczynski es un ilustrador que se ha hecho artista: sí, sus medios son los dibujos —a base de acuarelas y lápices de colores—, pero su fin es el arte, la exploración del mundo, de sus vicios y sus pesares. “Sólo intento hablar de lo que veo —dice—. No soy un mensajero y no quiero cambiar a la gente. Soy feliz cuando a la gente le gusta mi trabajo y encuentra algo importante en mis ideas. Y también cuando, después de esto, piensan en cambiarse a ellos mismos. La metáfora es un lenguaje universal. Algunas veces una buena metáfora puede explicar mejor que miles de palabras. Trato de hablar del mundo sin palabras”.

Si es la metáfora, pues, la figura esencial en los dibujos de Kuczynski, en cierto sentido también él hace literatura. La suya es una literatura sin palabras, describe en golpes de acuarela. Una literatura, quizá, sin adornos, nada barroca, alejada de esa fundamental pretensión y directa en su mensaje, seca en sus elementos, distribuida en cuchilladas poéticas. “Algunas personas dicen que estos son dibujos surrealistas, pero yo pienso que soy un ilustrador realista de nuestro tiempo... nuestro tiempo surrealístico”. No son los artistas quienes exageran la realidad; es la realidad aquella que tiene los acentos mal distribuidos. Por fortuna para ellos.

De modo que las ilustraciones, las pinturas —o como quiera llamárselas —, son un grito mudo. No hay en ellas más palabras que las imágenes; la palabra es reemplazada por la efectiva condición de la quietud, por el momento justo que llama una esencia. Todo ello hace parte de las indagaciones continuas de Kuczynski, que ha ganado más de 100 premios y distinciones por su trabajo, que se graduó de la Academia de Bellas Artes de Poznan, donde nació, y que de tanto en tanto publica sus dibujos en diarios polacos desde 2004, cuando todo empezó. “Me gustan todos los temas —dice —. Cualquier reto es atractivo, pero por supuesto algunas veces debo dibujar mis observaciones sobre el mundo. La realidad es retorcida, loca y absurda, tanto que es difícil competir con ella”.

Kuczynski realiza varios dibujos, dos o tres, al tiempo, dado que debe entregar su trabajo también a la prensa. “Las fechas de cierre no tienen piedad”. Su trabajo no se limita, entonces, a retratar una realidad palpable, política, de manera crítica; en sus dibujos se encuentran otros temas: la educación, la soledad, la muerte, el humor. Han sido más reconocidas, sin embargo, sus ilustraciones políticas: aquella, por ejemplo, en que un hombre hace de pata de la silla de un rey y, al mismo tiempo, sostiene en su mano la cuerda de la que cuelga una ancha cuchilla. Pero lo que aquí es dicho en seis líneas, Kuczynski lo dice de un golpe.

¿Qué piensa, pues, que debe expresar el arte en este contexto global? ¿A qué preguntas debe responder? A pesar de sus dibujos, a pesar de que se declara observador, de que sabe que en este mundo se cometen siempre los mismos errores de manera terca, una y otra vez, a pesar de que dibuja sobre lo que dibuja porque —dice— son temas inmortales y eternos como el arte, responde: “Perdón. Es una pregunta difícil”.

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