Diseño y artesanía, de la mano

La séptima edición de Expoartesano en Medellín deja lecciones y buenos ejemplos sobre las infinitas posibilidades que tiene el país para mostrar una identidad propia en el mundo globalizado.

La diseñadora de joyas María Paulina Arango. / Richer Poorer

Una joven arquitecta joyera; dos comunidades de mujeres, emberas y kunas; una empresaria norteamericana apasionada por Latinoamérica; una líder wayuu; un equipo de diseñadores vinculados a Artesanías de Colombia; artesanos de sombreros de Nariño y una potente compañía de seguros componen una polifonía singular.

Demuestran con sus emprendimientos una contundente definición de sostenibilidad: desarrollan creaciones en conjunto, son cuidadosos con el medio ambiente, se respetan y comprenden en medio de la diversidad cultural y étnica en la que cada cual vive. Por si esto fuera poco, logran exitosos productos comerciales que garantizan trabajo para comunidades extensas bajo la consigna del comercio justo.

¿Cómo lo han logrado? Con esa pregunta en mente, recorrí las instalaciones de Plaza Mayor, donde se acaba de celebrar la feria Expoartesano, animada por el titular que acoge a los visitantes: “El territorio que habito”. Sí, allí se encuentra una Colombia a la que es necesario acercarse y conocer a fondo. Los organizadores reportaron que 28.000 personas vivieron esta experiencia, en la que participaron 400 artesanos. El encuentro generó ventas de 3.500 millones de pesos, 500 millones más que el de 2015.

Mâkua, joyería embera y kuna

María Paulina Arango (1978, Medellín) es arquitecta y supo a tiempo elegir su oficio de vida: la joyería. En París se formó en moda y al regresar a Colombia trabajó cinco años en la firma de vestidos de baño Onda de Mar. Luego, en Argentina, continuó su formación en diseño al tiempo que se curtía en ventas en Ralph Lauren. Fue un viaje ingenuo al pueblo de Jardín, en su Antioquia de siempre, el encargado de correr el velo ante sus ojos. Allí encontró a las mujeres emberas chamís del resguardo de Cristianía, cercano al municipio, ofreciendo sus delicados y fantasiosos accesorios de chaquiras bajo unos toldos.

“De repente entendí qué quería hacer. Trabajar con ellas, probar nuevas figuras, experimentar. Con una amiga reunimos un capital para comprar materia prima y les propusimos a las artesanas desarrollar figuras tridimensionales tomando como referencia animales en vías de extinción”, desgrana Arango. En 2012, las primeras piezas de Jaure (como bautizaron su iniciativa) saltaron a las páginas de Elle España y Vogue Latinoamérica. Con una novedosa combinación de colores comenzaron a nacer pájaros, jaguares, cóndores, de las manos virtuosas de las mujeres emberas. “Nos tuvimos que poner de acuerdo con ellas. Combinar otro colorido era un cambio que debíamos proponer y resolver juntas”.

La gran sorpresa, sin embargo, le llegó con la reacción del público colombiano: “no pensé que iba a gustar tanto. Supuse que se iba a valorar más por fuera. Pero los clientes valoran la historia individual asociada a cada pieza, el oficio que revelan las artesanas y los precios que ofrecemos”.

En 2014, Jaure se convierte en la firma Mâkua de diseño independiente, que en las redes sociales y en su website se define como “joyería colombiana que crea piezas únicas utilizando técnicas ancestrales indígenas con una visión contemporánea”. Las mujeres kunas, expertas en el tejido de “tela sobre tela”, forman parte también de este equipo multidisciplinar y étnico que hace posible Mâkua. Sus telas de motivos geométricos también incorporan figuras de animales y se posan en brazaletes, collares y pulseras engarzados en cobre recubierto de oro. “Les propuse realizar estructuras tubulares recubiertas por sus molas. Nunca se habían imaginado pasar de la tela plana a piezas entubadas y nos gustó a todas”.

Enmanuel, un hombre de la comunidad embera (con el que desarrolla los prototipos), y varias mujeres que asumen el liderazgo en ese grupo y en el kuna, son sus interlocutores permanentes en el exigente ritmo diario que implica encontrarse donde viven los indígenas. Compartir alimentos, momentos de trabajo, conversaciones sobre los dibujos y acordar entre todos las tablas de precios de cada pieza se ha vuelto una rutina basada en el conocimiento entre todos. “Entiendo por comercio justo no sólo el pago ponderado a los artesanos, sino entender y respetar su ciclo de vida. Sus tiempos y ocupaciones cotidianas, que alternan la agricultura, la pesca, los cuidados de sus familias y el trabajo artesanal”, aclara la joyera colombiana.

El gran desafío resulta entonces desarrollar un modelo de producción adaptado a esta realidad. “Cuál es el punto medio entre el ritmo de las comunidades y las necesidades de los clientes. Las artesanas, 30 mujeres que representan el mismo número de familias (120 integrantes), no son empleadas y yo tengo que responder a los pedidos”, aclara la empresaria, que logra comercializar más de doscientas unidades al mes en el país (tiendas de diseño como Makeno, Galena, Insight, Market Colombia) e internacionales (Intermix y la oportunidad de iniciar en Japón).

Aunque Mâkua todavía no se ha presentado en ferias internacionales, persevera en cautivar nuevas demandas con la creación de colecciones de alto impacto mediático, como la realizada este mes con Amelia y Elisa, las gemelas que integran el dúo digital Sisterly Style. “Hemos producido 120 piezas que se venden muy rápido. Acordamos donar el 10 % de las ventas adicionalmente para comprar materia prima (hilos y chaquiras) para las emberas. Y así seguir creando más posibilidades de trabajo”, explica Arango ante el exitoso repertorio de aretes largos (la tendencia del momento) que pueblan de flores y borlas las orejas de mujeres de todas las edades.

La experiencia acumulada de Mâkua es digna de ser compartida. “He pensado en crear un manual que recoja nuestras vivencias. El intercambio que hemos logrado hacer de nuestras culturas me ha enseñado la solidaridad compacta que se da entre las mujeres kunas y emberas. Cómo cuidan de los hijos y se reparten el trabajo equitativamente, sin egos”. Por lo pronto, María Paulina va ensartando una tras otra palabras y nociones que definen su tarea. “Debemos lograr un equilibrio entre lo mágico y lo sagrado que encierra y volverlo una experiencia profesional real. Hay que ser exigente en la calidad final, pactar los tiempos con claridad y precisar el lenguaje, pues existen barreras idiomáticas. Pero es clave disfrutar de esto, pues las condiciones físicas a veces son adversas”, puntualiza.

Periodista y politóloga. Editora de la revista digital especializada en moda www.sentadaensusillaverde.com Consultora de la Unidad de Moda de Artesanías de Colombia.

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