El diccionario del cuerpo

Un breve recorrido por la historia del ballet, su travesía hasta llegar a Corea y por qué vale la pena ir a verlo hoy en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

Una de las secciones que presentará el Ballet Universal de Corea, que también ha realizado versiones de obras como ‘El lago de los cisnes’, ‘La bella durmiente’, ‘Don Quijote’ y ‘Giselle’. Trabajos de William Forsythe, Jirí Kylián y Hans van Manen también han pasado por sus manos.

El ballet es un tipo de danza clásica, académica, de ascendencia ítalo-francesa, que cuenta con técnica fuerte y líneas demandantes. Las figuras ejecutadas por el cuerpo logran mezclarse con la teoría, es por eso que la palabra ballet no sólo se refiere a la danza en sí sino a la técnica con la que se realiza el movimiento. El ballet cuenta, aunque suene ilógico, con un diccionario que, y puede sonar aún más disparatado, le dice al bailarín qué debe hacer y cómo lo debe de ejecutar. Un entrechat, entonces, es un comando para el bailarín que inmediatamente dará un salto firme, rígido, y cruzará sus piernas por delante y por detrás, generando la sensación de estar tejiendo una trenza con ellas. El diccionario se torna no sólo de carne y hueso, sino lleno de movimiento, he ahí el arte.

En determinado momento hubo una estrecha relación entre el ballet y la política. Luis XIV, rey de Francia desde 1643 hasta su muerte en 1715, fue una pieza clave para que Europa se enamorara del ballet. Él se involucró en la Guerra de Holanda y en la Guerra de los Nueve Años, entre otras, y logró posicionar a su país como un referente político. Le encantaban las guerras y las artes; la popularidad de su reinado y la importancia que les daba a estas últimas hicieron que toda Europa se volcara a imitar su danza consentida. Para 1673, el ballet llegó a Rusia. Pedro el Grande, la figura más sobresaliente de la dinastía de los zares Romanov y quien llevó a cabo la “occidentalización” de Rusia, instauró la enseñanza obligatoria del baile en los colegios de la nobleza. Ambos utilizaron el ballet como propaganda política, y en el caso de Pedro el Grande, como política de occidentalización. Les funcionó. Gracias a todas estas mezclas nació la frase, bien conocida entre los bailarines de ballet: se unieron la gracia y la exactitud francesa con la agilidad y la destreza italiana, transformadas por el temperamento y el físico ruso.

Rusia, por su parte, es vecina de Corea, que en el contexto de la II Guerra Mundial y la Guerra Fría fue dividida en el paralelo 38° por tropas soviéticas y norteamericanas en la Guerra de Corea. El resultado: el país partido en norte y sur. Los del norte, con una influencia directa de la Unión Soviética, procomunistas, y los del sur, de inclinación hacia la “democracia” y el capitalismo. Entonces la Unión Soviética encontró un gran aliado, Kim Il-sung, primer ministro de Corea del Norte desde 1948 hasta 1972. Él se encargó de que su territorio fuera un poco ruso en todos los aspectos, incluidos los artísticos y culturales, entonces el ballet, en todas sus acepciones, se plantó en territorio coreano. Incluso al sur de Corea. No estaban en guerra dos poblaciones, estaba en guerra una sola población, manipulada y dividida por Estados Unidos (bajo el apoyo de las Naciones Unidas) y la República Popular China (con la ayuda de la Unión Soviética), por lo que el ballet se transmitió fácilmente entre toda la población coreana, sin distinción y más allá del paralelo 38°.

Julia Moon, directora del Ballet Universal de Corea —que realmente representa a Corea del Sur—, reconoce, además, que la historia de esta danza en su país es tremendamente joven, pues le costó bastante hacerse a un público, ya que apenas 30 años atrás un bailarín no tenía el respeto que se merece, y, eso sí, con una influencia rusa marcada en cada paso, lo cual hace de su compañía única en el mundo. Después de presentar este fin de semana la pieza titulada Shim Chung, una obra en la que, a diferencia de lo que siempre se ve en el ballet, se muestra la historia de amor entre un padre ciego y una hija que hace todo para que él recupere la visión, el Ballet Universal de Corea llega con This is Modern, pieza que se presentó ayer y hoy tendrá una nueva función a las 7:30 p.m. en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, en el marco del lanzamiento del Festival Danza en la Ciudad. Sobre This is Modern, Moon comenta que la idea se concibió gracias a la rigurosidad y lo tradicional de la cultura coreana. “Debía proponer algo diferente y ser amigable con el público, de ahí el título de la obra. Además, esta pieza cuenta con creaciones de los mejores coreógrafos contemporáneos: Hans Van Manen y Jirí Kylián, principales exponentes de la Escuela Holandesa de Ballet, y Nacho Duato, bailarín y coreógrafo español con una musicalidad sublime”.

Mientras tanto, del pasado aún quedan destellos, en este caso cálidos. Julia Moon no quiere dejar pasar la oportunidad de recordarnos que Colombia fue el único país, de todo Centro y Suramérica, que ayudó a Corea del Sur durante la guerra, enviando una unidad naval y el Batallón de Infantería de Marina Nº 1 a su país. “Sin la ayuda de Colombia, Corea no sería lo que es en la actualidad, por eso venimos con la más grande gratitud y ese sentimiento lo usaremos en el escenario bailando para un país que es tan importante en nuestra historia”, dice, con un corazón dulce y una voz quebrantada, la directora del ballet.

 

 

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Daniela Mejía Castaño

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