El hábito de cantar por vocación

La religiosa, que pertenece a la orden de las Ursulinas, durante su recorrido por el concurso musical interpretó temas de Bon Jovi, Alicia Keys, Cindy Lauper y Mariah Carey.

Sor Cristina se impuso en las votaciones con el 62,3% en la final de ‘La Voz Italia’, durante la noche del jueves. / EFE

Siempre fue la participante más sobria de La Voz Italia. El hábito fue su atuendo sobre el escenario y, además de su talento, el único elemento que la apartó de su característica monocromática fue el crucifijo. Con él en el pecho se presentó en la audición a ciegas con la canción No one, de Alicia Keys, y le dio fuerzas en aquellos momentos difíciles de la contienda. Por eso, sor Cristina Scuccia tan pronto supo que había resultado ganadora en el concurso musical, mostró su cruz con la mano derecha, mientras sostenía con la izquierda el galardón.

Para la religiosa de la orden de las Ursulinas, en Palermo, lo más importante no fue ostentar la representación de la V de la victoria unida al micrófono, símbolo que se ha encargado de institucionalizar al certamen en todos los países a los que ha llegado, ni mucho menos la oportunidad de realizar su propio disco con el respaldo de la multinacional Universal Music. Lo relevante para sor Cristina durante la noche del jueves, día de la final, fue agradecer a su guía espiritual por haberle dado el don de cantar bien y de transmitir sentimientos a través de su voz.

En la audición a ciegas, uno de los primeros peldaños en el concurso La Voz, la jurado Raffaella Carrá se atrevió a preguntarle por su atuendo, porque llegó a sospechar que sus hábitos hacían parte de una propuesta visual particular respaldada por el minimalismo. Sor Cristina Scuccia respondió que era monja de verdad y que estaba dedicada por completo al servicio religioso.

Después, cuando los televisores divulgaban su voz y su figura por todas partes, se conoció más sobre su historia. Se supo, por ejemplo, que tiene 25 años, que desde 2008 hace parte de la orden de las Ursulinas y que entró al programa con el único objetivo de divulgar el Evangelio entre los jóvenes. Sin embargo, lo que más llamó la atención dentro del público fue la manera en la que contó cómo se inició en el canto.

Todo comenzó cuando sor Cristina Scuccia aceptó el desafío irreverente de encarnar en una puesta en escena a la fundadora de la orden de las Ursulinas, santa Ángela de Mérici, en una comedia musical montada hace unos años por esta congregación en Palermo, Italia. Su representación fue tan destacada que sus compañeras le insistieron para que, en nombre de Dios, se inscribiera en el concurso. En aquel entonces la convencieron diciéndole que ese don divino tenía que ser compartido con los demás.

Luego de su primera intervención en los escenarios, sor Cristina pasó una larga temporada en Brasil, donde se dedicó a ayudar a la población infantil en máximo estado de vulnerabilidad. Allí, además de su labor social y religiosa, también ganó un público muy fiel, que la motivó meses después a regresar a su país e inscribirse en el concurso televisivo.

Durante su estadía en La Voz Italia estuvo bajo la tutela del rapero J-Ax, quien la ayudó a seleccionar las canciones con las que mejor podía mostrar el poder de su registro. Letras exigentes en tonos altos, piezas rockeras y algunas creaciones sensibles fueron seleccionadas para su repertorio. Sor Cristina Scuccia hizo propios temas de Bon Jovi, Alicia Keys, Cindy Lauper y Mariah Carey, entre muchos otros artistas. Repasó la letra pocas veces y sin mucho esfuerzo las interpretó para impulsar el delirio del público.

Durante la gala final, a la que llegó gracias al respaldo de los televidentes pues su entrenador decidió darle la oportunidad a otro de sus concursantes, la religiosa interpretó populares bandas sonoras como la de Flash dance, o como la de la cinta del director italiano Roberto Benigni La vida es bella. Pero el instante más emotivo sin duda fue cuando cantó su creación inédita Lungo la riva.

Con el 62,3% de preferencia, sor Cristina Scuccia se impuso en la final a Giacomo Voli y Tommaso Pini, quienes se ubicaron en segundo y tercer lugares, respectivamente. “Todo esto ocurrió porque afuera hay una sed de alegría, de amor, una sed de un mensaje bello y puro”, dijo la religiosa después de rezar ante las cámaras un Padre Nuestro.

 

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