El rey de los versos

El ganador de la piqueria vallenata se coronó en Valledupar a comienzos de este mes. Julio Cárdenas, oriundo de El Carmen de Bolívar, es quien llevará esta corona, junto con un mensaje concreto por la paz de Colombia.

Cuando Cárdenas era niño, su familia solía llevarlo a pasar vacaciones a los Montes de María. Con el auge de la violencia en la región, nunca regresaron. /Gustavo Torrijos

El día en que Lorenzo Morales estuvo en Urumita y no quiso hacer parada, es recordado en Colombia por la canción que le compuso Emiliano Zuleta a su contrincante por el título de mejor acordeonero en 1938. Se creía que Morales iba a quedarse con el premio pero, cuando escuchó la voz de Zuleta, le cayó la gota fría. Y el mejor de ese año fue el compositor de esta canción que, además de ser una de las canciones clásicas del folclor vallenato, es un ejemplo de las piquerias vallenatas que siguen haciendo parte de la tradición cultural de esta parte del Caribe colombiano.

Se trata, según la tradición del Valle de Upar, de un duelo musical entre dos cantantes o repentistas en el que se desafían improvisando versos de cuatro o diez estrofas. En cada cierto número de palabras, la rima tiene que coincidir y además, los artistas tienen que demostrar talento y versatilidad en la construcción y precisión de las frases improvisadas. Estas peleas, que tienen su concurso más importante en el Festival Vallenato equivalen, según el Lexicón del Valle de Upar de Consuelo Araújo Noguera, al Festival de la Trova en Antioquia, pero, en vez de estar acompañadas por instrumentos de cuerdas, las piquerias tienen el apoyo instrumental de un conjunto vallenato básico: acordeón, caja y guacharaca.

“La trova es más humorística, mientras que la piqueria se parece más a la poesía”, explica Julio Cárdenas, quien se coronó como rey de la piqueria vallenata en el último Festival Vallenato. Con ese triunfo, este intérprete oriundo de El Carmen de Bolívar completa tres coronas en esta categoría del Festival y además lleva con mucho honor el distintivo que lo convierte en el único carmero en ser rey vallenato. “Yo comencé con este cuento porque me gustaba escuchar a los grandes maestros, como Emiliano Zuleta, Alcides Manjarrés y Marciano Martínez, en la radio”, cuenta Cárdenas, quien creció en una familia campesina en cabeza de su mamá Luz Dary Guerrero y su papá Julio Cárdenas, de quien escuchó desde muy pequeño versos y canciones que lo inspiraron para arriesgarse a ser un repentista vallenato. Se presentó en cuanto festival se organizaba en su pueblo y los ganaba todos. Pero solo en 1991 se atrevió a inscribirse al Festival Vallenato en Valledupar.

Fui finalista en esa ocasión y de ahí en adelante siempre quedé entre los primeros puestos”, recuerda Cárdenas, contando con los dedos de las manos sus once participaciones. “Con la platica que me gané el primer año le construí una casa a mi mamá en el pueblo y me dediqué a educar a mis hermanos. Pero para esa época la violencia en El Carmen de Bolívar ya era muy difícil”, añade el rey de la piqueria, otra vez haciendo cuentas con sus manos, pero esta vez, de los familiares y amigos que murieron en esta región.

“Pero nunca me fui de allá. Siempre fui como un resistente, un cantante que estaba tratando de mostrar la cara contraria de mi tierra: un pueblo sano y de gente buena”, comenta Cárdenas, quien cantó los versos más dolorosos de su carrera cuando le tocó vivir de primera mano las consecuencias de la guerra que se instaló en El Carmen desde finales de los años 80. Del que más se acuerda, por la tristeza que sentía en ese momento, fue el que le cantó al entonces candidato a la Presidencia Andrés Pastrana, en una visita que hizo a los Montes de María: “Decía: Ya mi pueblo está cansado de ver la sangre correr. Cuando usted llegue al poder trátelo con más cuidado. Quiero que reine la paz en mi hogar y en mi tierra. Que el pueblo no viva en guerra, que nos integremos más. Que un colombiano es capaz de desarmar el corazón. Que si alguien sin razón te produjera un castigo, dé la mano a su enemigo y concédale perdón”.

Fueron muchos más versos tristes que alegres, explica Cárdenas, pues en este tipo de improvisación no se puede expresar lo que no se siente, “y en esos momentos lo que uno sentía era dolor y tristeza. Uno también muy fuerte que canté fue después de la masacre en El Salado: ‘grupos paramilitares tienen mi pueblo dolido con el corazón herido y el alma vuelto pesares. Hay luto en nuestros hogares por culpa de tanta maldad que dio esa inseguridad y la verdad eso fue inaudito. Me duele que esos malditos aún no han dicho la verdad’”.

Pero su pelea siempre fue insistente en mostrar la otra cara de esta violencia. Entendió que sus versos debían cambiar de sentimiento gracias a las iniciativas culturales que se iniciaron en los Montes de María de la mano de defensores de derechos humanos como Soraya Bayuelo, líder de esta comunidad. Ahora, con sus triunfos, Cárdenas se ha concentrado en darles la mano a niños y jóvenes de la región para que se formen como repentistas de piquerias o como niños vallenatos. “Un verso es todopoderoso. Es arte, pero también puede ser el pensamiento de un pueblo que no se atreve a decir con palabras lo que siente, pero sí con canciones y rimas”, explica, convencido de que algún día logrará que todos los colombianos entiendan que las únicas confrontaciones que valen la pena son las que tienen los versos y las palabras como armas “letales”.

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