El rosario tímbrico del jazz

Guitarra, batería, contrabajo, trombón y voz marcan el sonido de esta propuesta musical. ‘Remolque juguete’ y ‘Rosario de plumas’ son sus registros disponibles.

María Mónica Gutiérrez es la vocalista de la banda Suricato, que se dedica a explorar el jazz colombiano. / Juan Carlos Villarreal

El músico de jazz graba discos; los sencillos son del pop y del rock. Suricato es una banda que incluye sonidos del jazz y por lo tanto les da salida a través de la realización de materiales discográficos completos. Los artistas de los géneros de mayor divulgación en Occidente, como el pop y el rock, invierten tanta energía como dinero en la elaboración de una canción que debe rotar en las emisoras y en las tiendas virtuales por uno, dos o tres meses. Diferente a estas estrellas mediáticas es el jazzista, un músico creador por excelencia cuyo proceso de composición tal vez es más ágil y a quien le gusta consignar dentro de sus creaciones momentos específicos y compartirlos sin el afán de la coyuntura.

Los integrantes de la banda Suricato toman el jazz como punto de partida, como un puerto desde el que se puede enrutar casi a cualquier destino y que permite la visita a estilos sonoros que a simple escucha podrían parecer irreconciliables. Para María Mónica Gutiérrez (voz), Kike Mendoza (guitarra), Jorge Sepúlveda (batería), Kike Harker (contrabajo) y Sebastián Cifuentes (trombón), el denominado género de las síncopas es el más abierto de todos, y si se manejan sus herramientas de forma adecuada se pueden hacer combinaciones exóticas, intrépidas, lo que no ocurre con otras corrientes musicales.

Las posibilidades se multiplican cuando se analiza el formato instrumental de la banda, en el que se destaca la utilización del trombón, elemento que entra en permanente diálogo, a veces discusión acalorada, con la voz. Al comienzo de su historia como colectivo, sus integrantes contemplaron la opción de un bombardino, pero archivaron el instrumento por tener un sonido opaco que no le daba a Suricato la contundencia que requería para brillar como propuesta independiente.

“En realidad, son más las ventajas que las desventajas de implementar un formato instrumental como el de Suricato. El hecho de que haya dos instrumentos melódicos como el trombón y la voz le da un color particular a la banda, porque implica que siempre va a haber dos melodías sonando, aparte de la sección armónica y rítmica, que también es muy rica en nosotros. Los instrumentos que tenemos nos van marcando también el parámetro para componer”, afirma la vocalista María Mónica Gutiérrez, quien está en clases de guitarra y de canto desde los doce años y actualmente estudia música con énfasis en canto de jazz en la Universidad Javeriana.

El formato de la banda realmente proporciona una riqueza tímbrica importante. El trombón no es un instrumento común en ese tipo de experimentos sonoros y representa para sus integrantes todo un reto durante el proceso de composición. El sonido de este componente vital dentro de la sección de los cobres logra registros muy graves, pero también accede a tonalidades agudas y por eso es uno de los líderes en las 18 canciones que componen Remolque juguete y Rosario de plumas, los dos trabajos discográficos de Suricato.

“La guitarra también puede ser melodía; nosotros la usamos en los dos registros que tenemos más como un instrumento armónico. Es que las cuerdas pueden ser como el piano, que le otorga a quienes lo usan la posibilidad de la armonía, lo que no significa que no puedan hacer melodías, pero en nuestro caso la guitarra es el soporte armónico de la banda”, cuenta Kike Mendoza, quien estudió música en el Conservatorio Manuel de Falla, en Buenos Aires, y en la actualidad es el responsable del énfasis de jazz de la Universidad Javeriana.

Remolque juguete, grabado y masterizado por Eblis Álvarez en 2011, y Rosario de plumas, trabajo a cargo de Ernesto Santos, han sido para Suricato muestras de la evidencia de que se puede experimentar en Colombia y confirman que no es necesario seguir con lo establecido para recibir aplausos y figurar en la escena nacional. Este quinteto lo ha conseguido explorando, haciendo intentos por un lado y por el otro, pero sobre todo divirtiéndose al máximo con sus interpretaciones.

“Desde el momento mismo de empezar la composición, ya me estoy divirtiendo. Desde ahí tengo una idea clara de lo que quiero hacer con mi voz en la canción, entonces puedo empezar por la letra o la armonía o la melodía. A partir de la génesis, de la idea básica, dejo que el sentimiento me guíe y es él el encargado de indicarme qué color de voz debo emplear. Si se trata de una canción de amor, pues me va a llevar por un camino más calmado. Pero si estamos hablando de una canción de fuerza, sin mucho sentido, voy y lo digo muy duro, lo grito sin ningún escrúpulo”, afirma María Mónica Gutiérrez, quien muchas veces entra al estudio o se sube al escenario armada con un megáfono, un elemento que se ha convertido en uno de los instrumentos favoritos de la banda porque le otorga al canto un componente diferente, único y genuino.

“La idea cuando creamos Suricato era recibir las composiciones de los integrantes porque la premisa del grupo era un poco: tenemos la posibilidad de tocar cualquier tipo de composición, lo que le va a dar unidad es el formato. Entonces podíamos explorar rumbos inesperados y darle caminos distintos a la música”, asegura Kike Mendoza.

En lo único que no se parecen los integrantes de Suricato a los demás músicos de jazz, es que les gusta producir sus conciertos, proporcionar un espectáculo novedoso con elementos vistosos en su escenografía, con maquillaje impactante en su vocalista, con versos para hilar una canción con la siguiente, y con todo lo que rodea la propuesta de este quinteto sonoro.

Suricato se presenta hoyen la biblioteca El Tintal y el 16 de noviembre en la biblioteca Virgilio Barco.

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