Entre luces y sombras

Una función doble de óperas con un solo acto: ‘Iolanta’ y ‘El castillo de Barba Azul’.

‘El castillo de Barba Azul’, de Béla Bartók, escrita en 1911. / Fotos: Cortesía

La doble función que propone este sábado la temporada del Met reúne dos óperas singulares, que tienen el sello de calidad de sus autores, pero no se llevan a la escena con frecuencia: Iolanta, de Piotr Ilich Tchaikovsky, y El castillo de Barba Azul, de Béla Bartók. Iolanta, terminada en 1891, fue la última ópera que compuso el músico ruso, en plena madurez creativa; mientras que El castillo de Barba Azul, obra de 1911, fue la primera y única ópera del húngaro, compuesta en los años iniciales de su carrera. Las dos obras tienen un acto, muestran cómo una mujer descubre la verdad que se le oculta y concentran la acción en la psicología de los personajes más que en los hechos exteriores. A falta de tramas que despierten pasiones intensas, las dos historias, en el espíritu de las fábulas, son ricamente simbólicas, y por ello dan pie a diversas interpretaciones de sus argumentos sencillos en apariencia.

Cuando Tchaikovsky conoció la historia de La hija del rey René, del escritor danés Henrik Hertz, fuente en la que se inspira Iolanta, se sintió atraído “por su calidad poética, originalidad y abundancia de momentos líricos”. El trabajo lo comenzó tras el regreso de su viaje transatlántico que lo había llevado a los Estados Unidos con el fin de dirigir el concierto inaugural del Carnegie Hall de Nueva York. Como ocurría con frecuencia en la vida de Tchaikovsky la opinión sobre sus propias obras era muy variable, así que mientras adelantaba la partitura de Iolanta, la apreciación del músico osciló entre el entusiasmo y la decepción, con una mayor tendencia de su ánimo pendular a permanecer en el segundo estado. El estreno de Iolanta, que se presentó conjuntamente con el Cascanueces, fue bien recibido por el público. Sin embargo, con el paso de los años Cascanueces se convirtió en un clásico mundial de la danza, mientras que Iolanta es muy apreciada en su tierra, pero bastante desconocida por fuera de Rusia. De hecho, ésta es la primera vez que se presenta en el Met.

La obra es protagonizada por Iolanta, princesa ciega de nacimiento que por orden de su padre, el rey René, debe permanecer confinada para que no descubra la verdad. Se trata de una obra lírica e íntima, cuyo pasaje de mayor inflamación romántica lo constituye el dúo de Iolanta y Vaudémont, el caballero que le permite descubrir al mismo tiempo el amor y la luz, y que la anima a recuperar la visión. Este dúo fue la primera parte de la ópera que compuso Tchaikovsky, y su melodía principal reaparece en la última escena, cuando todos los personajes cantan regocijados ante la resolución favorable del conflicto, en un caso inhabitual de final feliz para un drama del siglo XIX.

El castillo de Barba Azul, por su parte, debió esperar varios años antes de lograr un estreno digno. Bartók escribió la obra en 1911 con la intención de participar en una competencia —que no ganó— creada para estimular la composición de óperas entre los autores húngaros. Se trataba del Concurso Ferenc Erkel, bautizado con el nombre de quien es considerado el padre de la ópera nacionalista en ese país. Sin embargo, en 1918, después del éxito que obtuvo su ballet El príncipe de madera, la Ópera Real de Budapest se interesó en rescatar la obra olvidada de Bartók. Su amigo Béla Balázs ofició como libretista de la ópera, que por su carácter íntimo calificó como una “balada de la vida interior”. El castillo de Barba Azul, como Iolanta, plantea un juego de luces y sombras emocionales que se activa a medida que Judith descubre tras las siete puertas los secretos de su esposo, Barba Azul. Bartók se vale de una orquesta de grandes proporciones para recrear las variadas atmósferas de la obra que se modifican al abrirse cada puerta. El estilo de composición es ecléctico, incluye audacias armónicas que coquetean con la atonalidad, pasajes de estética tradicional y rasgos del folclor húngaro, que Bartók estudió devotamente junto a su compatriota Zoltán Kodály.