Fuego en Salsa al Parque

Con más de 60 años de historia, esta es una de las orquestas más emblemáticas de la salsa, y de la mano de su director llega a Salsa al Parque.

Enrique Arsenio Lucca, Papo Lucca, uno de las figuras legendarias de la música del Caribe. / Cortesía.
Creada por Enrique “Quique” Lucca Caraballo en 1954, y desde hace más de 20 años dirigida por su hijo, el gran pianista Enrique Arsenio Lucca, Papo Lucca, la orquesta es a esta altura un ícono y sin duda uno de los referentes más importantes de la salsa. Fuego en el 23, Nosotros, Paño de Lágrimas, Jubileo 20 y Boranda, entre otros temas, están en la memoria colectiva de los salseros de varias generaciones que han gozado y bailado sus más de veinte discos. Y es que más de medio siglo de carrera artística no se improvisan y Papo Lucca lo sabe y lo agradece, como agradece el respaldo del público que los sigue fervientemente y con el que se reencontrará en Bogotá.
 
“Ir a cualquier parte de Colombia es siempre muy importante para nosotros”, dice, cavilando, hasta concluir que son más o menos diez años los que han pasado desde su última vez en Bogotá. “El público colombiano es el público que todavía después de tantos años sigue siendo seguidor y amante de la salsa como ninguno; sin duda es de los mejores y de los más fieles”, sostiene con voz pausada este hombre que carga en los hombros una tradición familiar que empezó con su padre y que hoy continúa su hijo, el otro Papo, que además de tocar la trompeta y la guitarra se ha dedicado al sonido y es uno de los responsables de varias de las producciones de la orquesta.
 
Cuando no está tocando, Papo Lucca está en su casa de Ponce, en la playa o en el campo, dedicado a su familia, “que cada día crece más: ya son veinte nietos y cuatro bisnietos”. “Si no hay trabajo”, añade, “si no estamos en presentaciones, yo estoy practicando el instrumento o compartiendo con la familia, cosa que a veces no se puede hacer muy a menudo por el tipo de trabajo, porque hay que estar entrando y saliendo de la isla”.
 
Hoy, a los sesenta y tantos años, Papo Lucca sabe, aunque no lo piensa mucho, que era imposible haber sido otra cosa, otra cosa que no fuera pianista, músico o director de orquesta.
“Cuando yo era niño y estudiaba en la escuela, mi papá quiso que yo fuera ingeniero y me decía: ‘La música la vas a usar, pero eso va a ser un entretenimiento’, y cuando estuve ya en la escuela superior y empezaron las grabaciones y los viajes, aquellas intenciones de ser ingeniero se quedaron en el olvido. Nos quedamos en esta posición que, gracias a Dios, es la que me ha permitido levantar a la familia y ya no creo que llegue a hacer otra cosa”, dice, y hace una nueva pausa, esta vez, seguramente, para recordar esos tiempos y contar que gracias a ellos la situación económica de la familia mejoró muchísimo.
 
“Nosotros venimos de una familia bien pobre y en los comienzos, antes de que yo naciera, papá fue chofer de carro público, mecánico. Fue un hombre trabajador, trabajó desde los 11 años. Además de eso fue muellero. Lo que hizo fue trabajar duro toda la vida, les daba serenata a las novias, pero nunca tomó, nunca fumó”, cuenta del hombre al que le debemos la existencia de la Ponceña, al que la fundó emulando a la Sonora Matancera, al mismo que le sigue los pasos al ritmo que le toquen a pesar de tener 102 años cumplidos. “En diciembre 12 de este 2015 cumple 103 años y tiene mejor salud que yo, gracias a Dios”.
 
Papo Lucca es sin duda uno de los mejores de su generación que sobreviven en la escena de la salsa, pero, siempre humilde, señala que para él nunca ha dejado de ser un honor y un privilegio actuar junto a los grandes, a gente tan querida por el público. “Yo he compartido con artistas como Héctor Lavoe, Willie Colón, Ismael Rivera, El Gran Combo de Puerto Rico, Oscar de León, el Grupo Niche, y los preferidos del género en todo el mundo”, cuenta, antes de señalar que un músico, además de talento —“ese lo manda Dios: lo traes o no lo traes”—, debe tener dedicación y disciplina. “En el caso de mi orquesta, por ejemplo, nosotros ensayamos siempre, cada semana. Haya o no haya trabajo hay que ensayar”, dice, destacando la importancia del buen comportamiento de los músicos, del vestir bien en tarima, de ser responsables, de llegar a tiempo a la hora de tocar y de brindarle al público lo que quiere. Hay que “mantener una imagen y estar dedicado a tu trabajo todo el tiempo”.
 
Papo Lucca es un hombre feliz, “¡cómo no!”, y muchas de sus grandes satisfacciones han llegado a través de la música. “Cuando empecé siempre me fijaba en pianistas como Eddie Palmieri, Richie Ray, Tito Puente... para mí siempre fueron ejemplos, y llegó un momento, cuando yo empecé en la Fania All-Stars, en el que estuve en tarima con ellos y me brindaron un gran apoyo, un gran respeto. Esas son cosas con las que uno nunca soñó porque a uno le gusta esto, pero uno no sabe lo que va a pasar en el futuro”, señala y recuerda cómo la Ponceña se inició emulando a la Sonora Matancera. “¿Cómo íbamos a pensar que hoy donde se conoce a la Sonora Matancera también se conoce a la Sonora Ponceña?”.
 
Papo Lucca, el de la Sonora que estará este domingo en Salsa al Parque, es un hombre en paz con la vida, que vive feliz y que ve el futuro con optimismo. “Nadie es eterno y yo ya estoy pensando en el retiro. Muchos de nosotros no vamos a existir en los próximos años, entonces esto está en manos de las nuevas generaciones”, anota, pero se declara optimista porque ve cómo crecen los públicos y cómo los jóvenes de hoy en día valoran y estudian el género, pero, ante todo, lo disfrutan. 
 
A Colombia le augura buenos tiempos: “Tengamos fe en Dios. No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, algo bueno tendrá que pasar”, asegura, y anuncia que por lo pronto, él  seguirá trabajando, como siempre,  con mucho ánimo y dando buena música.
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