Los bailes de 'La viuda alegre'

Nuevo montaje de la opereta, al estilo art nouveau de Susan Stroman, directora del musical de Broadway ‘The Producers’ (2001).

La opereta en tres actos tiene música del austro-húngaro Franz Lehár. Su estreno fue en Viena, el 30 de diciembre de 1905 . /Cortesía Cine Colombia

Solamente cinco años después del estreno de La viuda alegre, ocurrido el 30 de diciembre de 1905 en Viena, la estadística mostraba que la obra de Franz Lehár ya se había presentado en diez idiomas y más de dieciocho mil funciones en los cinco continentes. Se trata de una de las piezas favoritas del género, que ha instalado el nombre de su autor al lado de otros compositores emblemáticos de operetas como Jacques Offenbach y Johann Strauss II.

La opereta es una clase de teatro lírico ligero que incluye diálogos sin acompañamiento instrumental, danzas a la moda y canciones de raíz popular. Floreció en Europa entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX y se convirtió en el escenario para mostrar con humor la vida despreocupada y elegante de un sector de la sociedad europea, así como en un arma para poner en evidencia sus vicios mediante la sátira.

En la Viena de 1905, capital del Imperio austro-húngaro, aún soplaban los vientos optimistas de la Belle Époque, convencida de la prosperidad y el bienestar inagotables que ofrecían a la sociedad los avances de la ciencia y la tecnología, y de la estabilidad y seguridad que proporcionaba la autoridad imperial. Sin embargo, faltaban sólo nueve años para el estallido de la Primera Guerra Mundial, que haría añicos todas las ilusiones.

Entretanto, en la ciudad convivían varios teatros dedicados a la divulgación de la opereta, el género cómico musical predilecto de los vieneses.

Cuando llegó a sus manos el libreto al que le compondría la música más famosa que jamás hizo, el austro-húngaro Franz Lehár era un joven con algo de reconocimiento en el medio artístico. Se había formado como violinista, tenía experiencia en la dirección de bandas militares y era el autor de varias marchas, valses y operetas. De hecho, ya había trabajado en el mundo de la opereta con Victor Léon y Leo Stein, los libretistas de La viuda alegre, pero para disipar algunas dudas y probar lo que podía hacer con esa historia compuso como un anticipo el dúo de los protagonistas del acto II, y el resultado dejó a todos convencidos. El presupuesto de producción era bajo, por lo que se reciclaron vestuarios y escenografías de la bodega. El éxito arrollador no llegó desde las primeras presentaciones, pero las voces positivas que salían del teatro y las críticas favorables de la prensa hicieron que al cabo de algunas semanas las funciones agotaran la boletería.

La opereta de Lehár ocurre en París y narra la historia de Hanna, una rica viuda del imaginario y diminuto país balcánico de Pontevedro, quien heredó una fortuna de su marido. La principal preocupación de sus compatriotas consiste en evitar que se case con un oportunista extranjero que se adueñe del botín y deje en la ruina la nación. La partitura es rica en melodías memorables y está atravesada por danzas muy diversas, desde el vals, ritmo infaltable en la opereta vienesa, hasta la mazurca, la polca, el galop y el cancán. Un mérito que han señalado los admiradores de la obra radica en el acierto de sus autores al lograr que las escenas de danza se integren al desarrollo de la trama y no aparezcan solamente como apéndices decorativos de la acción.

El pasaje más popular de la obra es el denominado Vals de la viuda alegre, que aparece varias veces en la partitura, y en el final feliz es cantado a dúo por Hanna y Danilo, el compatriota que la conquista. Otro momento destacado de la opereta lo encontramos en el acto I, con la entrada en escena de Danilo, que dedica su canto al famoso Maxim’s de París. Asimismo, en el acto II aparecen la encantadora Canción de Vilja, a cargo de Hanna, y el divertido conjunto de hombres que cantan y bailan mientras se preguntan sobre la inaprensible condición femenina.