Los ricos en la pantalla

Cuando a mediados de los años noventa reventó el Proceso 8.000, yo les decía a los periodistas que conformaban la redacción de la revista Cambio16 que un día escribiría una novela inspirada en mis vecinos.

De izquierda a derecha: Juan Pablo Shuck, Luis Eduardo Motoa, Diana Hoyos y Juan Pablo Espinosa, protagonistas de “Hilo de sangre azul”, nueva producción del Canal RCN. /Cortesía
De izquierda a derecha: Juan Pablo Shuck, Luis Eduardo Motoa, Diana Hoyos y Juan Pablo Espinosa, protagonistas de “Hilo de sangre azul”, nueva producción del Canal RCN. /Cortesía

(En esa época ya había sido vecina de Santiago Medina, tesorero de la campaña de Samper; de un expresidente, de exministros, de empresarios, de un par de mafiosos, es decir, de una buena muestra de este país). 

Pero nunca me imaginé que mi deseo se transformaría, veinte años después, en una serie de televisión de sesenta y seis capítulos, en la que se invertirían cerca de cinco millones de dólares y participarían alrededor de mil quinientas personas, entre guionistas, directores, actores, extras, productores, escenografistas, luminotécnicos, sonidistas, personal de logística, peluqueros, maquilladores, cocineros, choferes, en fin, un sinnúmero de profesionales y de recursos que se unieron para hacer una gran producción: Hilo de sangre azul, serie de televisión basada en la novela que lleva el mismo título y que se estrenará el próximo martes, 16 de agosto.

Ocurrió que tiempo después de publicado el libro, el maestro Fernando Gaitán, el famoso creador de Betty la fea, quien entonces era vicepresidente creativo de RCN, se interesó en la historia y me invitó a su apartamento para conversar con él sobre la posibilidad de elaborar una serie de televisión basada en el libro. “Me gustó que fuera una ficción muy enraizada en la realidad, llena de humor, un muy buen thriller de suspenso a lo Agatha Christie de la burguesía colombiana”, dijo. Entonces comenzó el proceso.

Gaitán le dirigió al equipo de guionistas, encabezado por Ana María Londoño, la puesta en escena de la obra, es decir, la manera como podía adaptarse el texto literario al lenguaje televisivo. Fue un desafío difícil porque, según dice Ana María, el protagonista estaba muerto y era muy complicado ponerlo a hablar.

Hilo de sangre azul, que sucede en un edificio de estrato seis, cuenta la historia de Pedro Ospina, un encantador estafador casado con la hija de un millonario, que arma una pirámide en la que embauca a mucha gente, sus vecinos incluidos, y amparado en el respaldo tácito de su suegro logra préstamos bancarios que le permiten completar los intereses que debe pagar mensualmente. Pero el escándalo surge cuando la hija del rico se entera de que su marido le está siendo infiel y el suegro le retira el respaldo. Entonces le sobreviene la quiebra y el acoso de los acreedores enfurecidos, que lo ponen al borde del suicidio. El protagonista muere, inicialmente al parecer a causa de un suicidio. Pero una periodista vecina suya sospecha que lo mataron. Y, así, la historia se convierte en un thriller para dar con el asesino de este delincuente de cuello blanco, homicida que bien puede ser cualquiera de sus encumbrados vecinos.

Esa es la historia del libro. Sin embargo, quiero decir que Ana María Londoño hizo un guión espléndido, porque a cada personaje le extendió su historia, enriqueció sus conflictos y, quizás, lo volvió más complejo, respetando bastante su sicología, así como el tono y el humor negro de la novela.

En la serie, en la que, advierto, ninguno de los personajes ha sido mi vecino, pero bien hubiera podido serlo, participa un elenco inmejorable de actores de la vieja y de la nueva guardia: Kepa Amuchastegui, María Cecilia Botero, Joe Broderick, Constanza Duque, Luis Eduardo Mottoa, Germán Quintero y Ricardo Vélez, alternan con Juan Pablo Espinosa y Diana Hoyos, los protagonistas, y con Juan Pablo Shuk y Johana Cure, quienes tienen papeles principales. La productora fue Teleset y los directores Camilo Vega, director de La niña, y Olga Lucía Rodríguez, quien anda feliz con el resultado porque dice que fue un privilegio participar en la dirección de “una radiografía de la sociedad en una historia tan contemporánea”.

Y es que la historia de verdad que lo es: inspirada en las sonadas pirámides de los años ochenta, es un retrato de la ética gris de nuestra alta sociedad y de la corrupción de nuestra justicia, basado en un escándalo que se repite una y otra vez porque la ambición de la gente por el dinero fácil impide que aprenda la lección: no es sino recordar a DMG, Interbolsa, Madof, ahora Estraval y quién sabe cuántos desfalcos más.

Tal vez por ser un tema tan universal, Hilo de sangre azul ha sido vendida ya en ocho países: Estados Unidos (Mundo Max), Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, República Dominicana, Perú, Paraguay y Ecuador.

La serie, además, tiene otra característica: es absolutamente adictiva. Por lo menos los son los diez primeros capítulos, que conozco. Es un pesar que vayan a pasarla a las once de la noche. Ojalá le modifiquen el horario. Y a los dormilones les digo: no se la pierdan, busquen la manera de grabarla para que la disfruten después. ¡Vale la pena! Hilo de sangre azul, más allá de un thriller, es un documento sociológico, divertido pero demoledor.