“Makers”: los inventores del siglo XXI

Esta cultura se basa en dejar de consumir para retomar la producción por manos propias y, de paso, salir de la crisis económica. Hablamos con un experto en el tema.

El arte desde la tecnología permite comunicar mejor las ideas y llegar a más gente. / Cortesía Nelson Ramón, un colombiano con experiencia en educación mediante tecnología, arte y diseño. /Cortesía

Para algunos, el verdadero futuro consiste en volver a lo simple: dejar de consumir tantos productos y hacerlos uno mismo, empoderarse del conocimiento, compartir información en vez de venderla o encriptarla, aprender haciendo.

El movimiento Do it Yourself (DIY, “hazlo tú mismo”) comenzó hace ya varios años, cuando las personas buscaron el conocimiento para hacer todo tipo de labores y productos, y hasta las redes sociales, como You Tube, se utilizaron para compartir esta información.

Cuando el renacimiento de lo artesanal se combinó con lo avanzado tecnológicamente el DIY evolucionó a la cultura maker, que significa creador, inventor, hacedor. La verdadera revolución, que tuvo su boom en Estados Unidos hace menos de cinco años, comenzó cuando la gente no especializada empezó a usar dispositivos tecnológicos que antes no estaban a su alcance y vio la posibilidad de convertir lo que creaba en un negocio, una forma de vida.

El movimiento se hizo tan importante que el año pasado Barack Obama proclamó el 18 de junio como el Día Nacional del Making. Se trata de la era de la autosuficiencia, de la curiosidad.

Para entender las utilidades y alcances de esta cultura, hablamos con Nelson Ramón, un colombiano con diez años de experiencia en educación mediante tecnología, arte y diseño, que actualmente participa en el Programa de Telecomunicaciones Interactivas de la Universidad de Nueva York.

Ramón estudió ingeniería de sistemas y luego buscó la aplicación de este oficio en el arte, el diseño y la ciencia. Además, es mentor en Mouse Corps, un programa en Nueva York que ha ganado dos premios de tecnología asistencial por involucrar un dispositivo en las sillas de ruedas para ayudar a personas con discapacidad a sortear obstáculos como andenes.

Crear lo que se sueña

“La innovación es como la biodiversidad: si tienes más opciones, la capacidad de creación del cerebro es infinita. Cortar la innovación es ir en contra de la evolución”, comenta Ramón. La innovación para la cultura maker tiene que ver con soñar, como cuando se lee ciencia ficción, y poder ser capaz de crear lo que se piensa.

Este es el mejor semillero de creación de empresa, pues no se esperan las soluciones que ofrece el Estado, sino que cualquiera es capaz de crearlas. “Más que dar cosas, lo mejor es ofrecer conocimiento”. Este pensamiento genera mayor bienestar a futuro, pues las personas aprenden a apropiarse de él en vez de estancarse esperando.

El papel de la tecnología en todo esto es hacer posible que esas ideas de innovación se hagan realidad de forma más fácil y rápida, cualquiera que sea el campo en el que quieran aplicarse: biología, humanidades, artes o matemáticas.

También artistas

“Si uno sólo tuviera ingenieros resolviendo cosas, estaríamos en un mundo al que le faltaría sabor y color”, dice justamente Ramón, un ingeniero que terminó haciendo arte desde la tecnología, pues encontró que le daba herramientas para comunicar mejor sus ideas y llegar a más gente.

Por ejemplo, con la instalación Bogotá, arte y cartografía, un trabajo que realizó junto con sus estudiantes, usó la tecnología para activar y controlar las luces según donde estuviera el espectador. Así, la ciudad se proyectaba sobre las personas. Pensar la ciudad cuando hace parte de uno —y no al contrario— fue más interesante. O al menos distinto.

La posibilidad de ser inventor y a la vez artista le dio también la posibilidad de crear, en conjunto con Camilo Cogua, profesor de artes visuales de la Javeriana, y un colectivo de estudiantes, una exposición interactiva sobre los desaparecidos en Colombia. Rec-order era un juego de memoria para reforzar el concepto del desaparecido. Había que activar varios interruptores para ver en diferentes monitores fragmentos de entrevistas a familiares de las víctimas. Era una obra que además hacía una crítica social y a los medios.

De acuerdo con Ramón, “la tecnología no sólo sirve para resolver problemas sino también para llevar mensajes. Y esto va de la mano de la educación”.

¿Cómo se aprende a ser "maker"?

La cultura maker no es un tema reservado para universitarios y profesionales. En otros países esta filosofía se ha vuelto parte del plan de estudios desde básica primaria. Nelson Ramón, que ha trabajado los últimos años en Nueva York con grupos de niños, asegura que el hacer fomenta el aprender y, al final, “crear se vuelve algo bueno para el espíritu, te da orgullo”.

Según este punto de vista, se trata de ir más allá de asistir a clases y saber resolver problemas con la calculadora. Un niño puede aprender a ser un maker, y disfrutar del conocimiento, cuando hace modelos y los pone a prueba. Cuando descubre cómo funciona el mundo de una forma más material y menos intelectual. Cuando cambia su concepto sobre el ridículo o el fracaso y empieza a tomar más riesgos: como abrir su carro a control remoto para apropiarse de él y convertirlo en algo diferente a lo preestablecido.

Se aprende a ser un maker fomentando la curiosidad, retomando las ferias de la ciencia en los colegios y compitiendo sanamente. “Hay que haber hecho algo para poder tener una experiencia que permita innovar, cuestionar, investigar y conocer límites”, explica Ramón. Es decir, crear se trata de ponerle una esencia personal a algo que ya existe.