Michelle Orozco, entre rosas y espinas

La actriz, de 14 años, que trabaja en la serie Lady, la vendedora de rosas, habla de su rol y de las dificultades que ha afrontado.

Michelle Orozco lleva cinco años actuando. Su primer papel fue en la serie Pablo escobar. / Óscar Pérez - El Espectador

Su primer personaje fue a los 12 años en la serie de Pablo Escobar. Entusiasmada, corrió a aceptarlo, y descubrió con sorpresa que moría trágicamente en su breve aparición. También moría el sueño, aunque muchos actores de la serie le decían que no había mejor agüero que morir en el primer papel. Y efectivamente, ese capítulo se convirtió en su amuleto de la suerte, pues después de su trágica muerte resucitó en varios personajes.

A los 13 empezó a hacer “Lady”, su primer protagónico, un personaje que según Michelle Orozco hace que la gente se enamore, ya que está lleno de magia.

Con una figura delgadísima, una amplia y blanquísima sonrisa, piel canela y cabello negro azabache, largo y liso, y unos ojos grandes, redondos, oscuros y soñadores, de esos que se iluminan cuando habla de lo que le gusta y de lo que sueña, Michelle Orozco cuenta lo que ha significado el mundo de la actuación para ella.

Actualmente protagoniza la serie “Lady, la vendedora de rosas”, basada en la vida de la actriz natural Lady Tabares, y se encarga de encarnar la etapa de la niñez. Al preguntarle por su personaje y qué tienen en común, dice con firmeza que lo luchadoras, pues si para la vendedora de rosas la vida fue complicada, para Michelle Orozco tampoco ha sido fácil, pues correr detrás de un sueño que cada vez se hacía más esquivo fue uno de los grandes retos que afrontó a su corta edad.

Un sueño compartido, pues cuando los sueños son grandes se contagian y se comparten y Nohora Lopéz, la mamá de Michelle Orozco, no sólo ha soñado, sino que también construyó un enorme puente para permitirle a su hija llegar a su meta, actuar.

Dedicada en cuerpo y mente, alma vida y sombrero, como dicen por ahí, Nohora Lopéz tomó de la mano a su hija, la apretó fuerte y sin soltarla empezó a caminar por el maltrecho camino de la actuación.

Mientras Lady Tabares caminaba vendiendo rosas por las calles de Medellín, Michelle Orozco dejaba las calles de El doncello, Caquetá, para caminar por las de Bogotá y tocaba puertas ofreciendo su talento en la actuación. Por eso empezó hace cinco años a hacer extras en la gran ciudad, y a estudiar, pero esta travesía no fue de rosas, por el contrario, tuvo espinas, pues a todos los niños con los que estudiaba les ofrecían papeles, menos a ella. Después de tres años recorriendo el sendero de la actuación, la luz al final del túnel se hacía cada vez más esquiva. Decidió renunciar. Al tercer sábado de dejar de estudiar la llamaron para hacer su primer capítulo.

Cuando le hablaron del casting de “Lady”, comenzó a estudiar con su mamá, a ver entrevistas, videos, revistas, fotos, y la película “La vendedora de rosas”, aunque dice que no se basó en eso, pues comprendió que ella no era Lady, sino un personaje, y sostiene con voz adulta y como cualquier actor labrado, que así comenzó la búsqueda para encontrar a Lady Tabares. La construcción del acento paisa despertó risas en su hermano y al final terminó hablando paisa, escuchando y escuchando.

Profesionalmente habla de la experiencia que ha adquirido con este personaje, de la oportunidad de trabajar con actores, directores y un sinnúmero de personas que le enseñaron mucho, no sólo frente a las cámaras, sino detrás de ellas, y comprendió que la televisión es una caja mágica que guarda secretos en su interior. Como persona, se siente muy satisfecha y aprendió a valorar más las cosas y a ser más sensible frente a la realidad de otros niños.

Al preguntarle cómo es ser actriz a los 14 años, toma casi un minuto de silencio y con una seriedad y una voz serena sorprendente, describe cómo es cumplir un sueño y lo bonito que se siente, y aunque dice que no ha sido fácil, sigue en pie.

Que sí le quedan sueños por cumplir, le quedan muchos, asegura, y de un mayor tamaño al que acaba de conquistar. Dice que no va a desfallecer hasta tener la

“Palma de oro” del Festival de Cine de Cannes en sus manos, o un “Oscar”.

Después de este protagónico vinieron todas las entrevistas del mundo y con ellas, todas las ganas de seguir luchando por ese sueño tan bonito que tiene con su mamá, afirma. Hace dos meses terminó de grabar la serie Cumbia Ninja y en el colegio su técnica es multiplicarse y saltar habilidosamente entre el colegio y los estudios de grabación.

Quiere seguir estudiando actuación y complementarlo con cine y televisión, cosas que descubrió al encontrarse con el detrás de cámaras. Está enamorada de la fotografía y si algún día se cansa de ser actriz quiere ser productora o directora de fotografía.

Lady se quedó con lo guerrera y lo luchadora de Michelle Orozco, y las dos aprendieron que nunca hay que dejar de soñar, ni de reír, a pesar de las adversidades. Son alegres y no se rinden.

Su mamá la ha acompañado siempre y su papá se siente muy orgulloso. “Saca pecho”, dice Michelle Orozco. Jessica, su hermana, le hace propaganda por todos lados, su hermano se siente feliz y sus amigos, Estefania, Juan y Sara, aunque la extrañan en la cotidianidad del colegio, la impulsan a seguir adelante.

Es inevitable no preguntar si el éxito y las responsabilidades se llevaron su infancia. Dice que vive plenamente su etapa de niña, no se cohíbe de cosas por la actuación, estudia en un colegio normal, no virtual, y siempre saca tiempo para su familia y sus amigos.

Admira profundamente a Majida Issa, Fátima Tabares en la serie, madre de Lady, y a Julián Román, y le gustaría trabajar con Robinson Díaz.

De Cumbia Ninja también sacó grandes amigos, como Rudy Rodríguez, que le ha enseñado muchísimas cosas, no sólo de la actuación, sino de la vida, y siempre la ha apoyado. Brenda Asnicar le regaló el vestido para el estreno de Lady y afirma que es una mujer increíblemente bella por dentro y por fuera.

Lady Tabares es una niña normal, como Michelle Orozco y como muchas que alguna vez tuvieron un sueño y que se abalanzaron a atraparlo. Uno sueña desde niño, pero no debe esperar a “ser grande” para conquistar lo que imagina, la edad no define al soñador, pero el sueño sí define al conquistador.