"Mis hijos saben mucho más que yo" Héctor Abad Faciolince

El escritor colombiano sacó un tiempo para hablar con Cromos y esto fue lo que nos contó.

Héctor Abad Faciolince.Cortesía

El escritor y director de la Biblioteca de la Universidad Eafit ama la música clásica, a sus amigos y la poesía. En el cine se exhibe Carta a una sombra, el documental basado en su libro El olvido que seremos. No se cansa de oír las canciones de Serrat.

¿Qué le gusta en una mujer?
La lengua física, la lengua hablada, la lengua dulce, la lengua afilada.

¿Cuándo y dónde fue más feliz?
Turín, verano de 1982.

¿En qué se da gusto?
En tirarme a una piscina y nadar despacio una hora completa, en perfecta comunión con el agua, a pleno sol.

¿En qué ahorra?
Ahorro queso parmesano auténtico. Soy avaro con el “Parmigiano reggiano”.

¿Todavía lo regaña su mamá? ¿Por qué motivo?
Porque digo muchas veces, en público, que soy ateo. Le parece innecesario.

¿Cuál es su gran miedo?
Que a mis hijos les ocurra algo malo. Es mi única pesadilla de cuando estoy despierto.

¿Qué lo saca de quicio?
El ruido de muchas músicas distintas al mismo tiempo, en la hermosa plaza de algún pueblo destrozado por los decibeles.

¿Qué lo emociona?
Una historia bien contada, una frase bien armada, un pensamiento claro.

¿Qué canción no se cansa de oír?
Casi cualquier canción de Serrat.

¿La canción que le sube el ánimo?
What a Wonderful World, en la voz de Louis Armstrong.

¿Y la que le saca lágrimas?
Green Grass, de Tom Waits.

Un instante que repita, a manera de repaso, para no olvidarlo.
Mi papá tirado en una acera, en un charco formado por su propia sangre, en la calle Argentina de Medellín.

¿Qué le irrita de su personalidad?
Que todo lo empiece muy animado y a mitad de camino me invada el desánimo.

¿Qué le irrita de los demás?
El prejuicio, la brutalidad, el fanatismo.

¿Alguna vez dio serenatas?
Oí tantas que les llevaban a mis hermanas, que siempre me pareció cursi llevar serenatas. Lo lamento.

¿Qué momento de la Humanidad lo ha emocionado?
El Siglo de las Luces, cuando filósofos franceses, ingleses y alemanes se liberaron de la tiranía de los reyes y la religión e impulsaron la idea del humanismo ilustrado.

La frase o palabra que pronunció cuando vio Carta a una sombra.
Todo es verdad.

La poesía para…
Alcanzar la mayor precisión, exactitud y belleza con las palabras. Es el alcaloide de la literatura.

¿La vida le ha dado…?
Tiempo para saber que hay horror y maravilla, desolación y exaltación. Y que lo bueno dura un tris más que lo malo.

La palabra que pronuncia despacio, para sacarle gusto.
Al-mo-ha-da: cuando me acuesto, y no es dura ni blanda, como un regazo amado.

Una palabra sobre la literatura colombiana.
Más de la mitad de la literatura colombiana se la debemos a un solo escritor: Gabriel García Márquez.

Un nombre de la literatura colombiana que le gustaría que fuera más conocido.
Raúl Gómez Jattin.

¿Qué borraría del diccionario?
Todas las palabras, incluso las más feas, denigrantes y cacofónicas son necesarias. Sin palabras horribles, asquerosas, ¿qué podríamos poner en la sucia boca de un personaje malévolo?

¿Un héroe de la vida real?
Próspero, el mayordomo de mi finquita en La Ceja.

Una palabra para describir a Daniela Abad, la codirectora de Carta a una sombra.
Felicidad.

Un poema o frase para memorizar.
Saber esperar, de Antonio Machado.

De su último viaje trajo.
Estuve en México y traje mole poblano.

Qué sabor lo cautivó recientemente.
Los huevos de hormigas fritos, o escamoles, en el restaurante El Cardenal del centro de ciudad de México. Las navajas de un pequeño restaurante frente al mar de La Coruña.

El ambiente universitario le da…
Juventud vicaria, alegría de estar vivo.

¿Cuándo necesita un consejo o quiere conversar, a quién llama?
Antes llamaba a Alberto Aguirre y a Carlos Gaviria, que se me murieron. Ahora, a Mauricio, Mario o Gonzalo, amigos hombres. O a Alexandra, Ana, mis hermanas o a mi mamá, amigas mujeres.

¿Con qué licor brinda?
Vino, aguardiente, ron, ginebra, tequila, grappa... Y faltan datos de otros municipios.

Una canción para un buen trago
El último trago, por Chavela Vargas.

¿Qué viaje no repetiría?
Me gustó mucho ir a Calcuta, pero no quisiera volver a ver la miseria en Calcuta.

¿Qué le han enseñado sus hijos?

Me han dado ejemplo de cómo podría ser mejor persona.

¿Qué quisiera que sus hijos aprendieran de usted?
Mis hijos saben mucho más que yo. Solo quisiera no dejarles un mal recuerdo.

A sus amigos les adeuda…
Las ganas de seguir vivo.