Mujeres infieles e in-felizmente solteras

Música, teatro, luz y color danzan al compás de unas cuantas copas en las tablas de un teatro que se transforma para mostrar a mujeres reales que le cantan al amor.

Luly Bosa y Linda Lucía Callejas, protagonistas de “Infieles”. / Cortesía

Se abre el telón, se encienden las luces multicolor y el humo inunda todo el escenario. Cuando empieza a desvanecerse se pueden ver unas destellantes cortinas hechas de cuentas doradas que se mueven al ritmo de un sutil viento y en el fondo se escucha su suave tintineo.

Aparece en escena una escultural silueta de pelo azabache con un corsé tan negro como su pelo que enmarca una torneada, esbelta y pequeña figura, taconeando fuertemente con unos botines altísimos sobre las tablas. Con una voz chillona transforma todo el escenario en la sala de una casa. Está ultimando detalles para reunirse con sus amigas. La voz chillona pertenece a Patricia, interpretada por Xilena Aycardi. Patricia es una mujer humilde, esposa de un mecánico y con muy buen sentido del humor.

Luego, una a una aparecen en escena los personajes de Infieles: Rafaela, interpretada por Luly Bossa, Juana, por Linda Lucía Callejas, y Gabriela, por Yolanda Rayo.

Rafaela es una mujer con mucha clase y en su voluptuoso pecho descansa un collar muy brillante que hace juego con unos aretes en forma de cascada, también destellantes. Tiene una figura imponente: alta, rubia, torneada. Tiene el pelo recogido con una cola de caballo que llega hasta más abajo de su cintura y, al contrario de los otros personajes, no camina por el escenario, levita. Está casada con un millonario que le ha pagado todas las cirugías que ha querido y lleva una vida muy cómoda.

Juana es psicóloga, elegante, intelectual y muy segura de sí misma. Se sienta con las piernas abiertas, tiene cierta masculinidad, usa unos botines negros con cremallera dorada que resaltan unas piernas largas y tonificadas recubiertas por una malla color bronce que hacen juego con todo su atuendo. Está casada con un hombre fuerte, de su mismo nivel intelectual, que la hace sentir aún más segura.

Gabriela aparece en escena con una figura un tanto encorvada, una voz muy dulce y toca constantemente su cabello rubio liso, con un corte recatado. Está casada con el amor de su vida, el hombre de sus sueños. Se siente la mujer más feliz del mundo por estar al lado de quien ama, así su hombre no tenga trabajo y ella lo mantenga. Es una enamorada del amor.

Las tres estudiaron juntas en el colegio y, aunque siguieron rumbos diferentes, se reúnen a tomar una copa, o varias. Hablan del amor, las infidelidades y los secretos íntimos de su cama.

Cama que está vacía desde hace tiempo en el apartamento de las In-felizmente solteras, la otra obra que presenta el Santafé. En ella, Mafe, caleña, de baja estatura, con unas curvas bien delineadas, pelo negro, voluptuosa, desparpajada y rumbera, está en busca del amor. La acompaña Juliana, que es alta, delgada, recatada, usa lentes a través de los cuales se pueden ver unos grandes y expresivos ojos azules enmarcados por un pelo rubio luminoso y en ondas. Mafe busca el amor constantemente, o la alegría que da el amor por ratos, mientras Juliana cree en el amor eterno, aunque crea que no nació para él.

Mujeres tan diversas, tan distantes y tan cercanas simultáneamente, mujeres como usted o como yo, son infieles e in-felizmente solteras a la vez.

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