Murió Álvaro Castaño, fundador y director de HJCK

El pionero de la radio cultural en Colombia falleció en Bogotá a sus 96 años.

Archivo El Espectador.

Lo que hacía Álvaro Castaño Castillo era contar historias. Para él no existían relatos rasos o simples anécdotas sin sabor; lo suyo era la magia para inventar y construir con sus palabras una estructura lo suficientemente sólida para que sus interlocutores, amigos o no, pudieran desarrollar la imaginación.

Esa habilidad, incluso, la exhibía en los momentos más dramáticos cuando nadie se lo esperaba. Pocos días después de la muerte de su esposa, Gloria Valencia, narró con lujo de detalles una anécdota en la que una joven lo invitó a bailar. Él, por respeto, aceptó; mientras su mujer se quedó a un lado de la pista contemplando el cuadro. Después de la danza acompasada, la chica intentó cantar un fragmento de una obra clásica y el resultado fue tan lamentable, que Gloria Valencia se acercó a ella y le dijo: “ahhhh, es que tú tampoco cantas”. (Vea: Vida de Álvaro Castaño, fundador y director de HJCK)

El humor, esas salidas rápidas con anécdotas verídicas como la de aquella invitación a bailar y la inteligencia caracterizaron siempre a Álvaro Castaño Castillo, y con los años esas habilidades se multiplicaron con la experiencia y la bondad de quien tiene los ojos bien abiertos, pero también tiene el corazón dispuesto a compartir con los demás. No era para menos, él fue el menor de 13 hijos criados por la pareja compuesta por Joaquín Castaño Ramírez y Ana Rosa Castillo.

Se formó como abogado en la Universidad Nacional y en el Instituto de La Salle. En su proceso de educación recibió instrucciones de docentes como Carlos Lleras Restrepo, Jorge Eliécer Gaitán y Alfonso López, de quienes aprendió a superar las adversidades recurriendo a las buenas decisiones. Lo hecho, hecho estaba, lo importante para él era establecer cómo se debía proceder con lo que llegaba, a veces, por pura casualidad. Lo que nunca fue fruto del azar para Castaño Castillo era su memoria. La cultivaba y la cuidaba porque a través de ella era que podía ampliar sus círculos. La gente se le acercaba para, simplemente, escucharle su discurso entretenido. “La vejez sin memoria es un castigo. En cambio, Dios me hizo la gentileza de darme memoria. Entonces, si uno la tiene, merece utilizar el pasado porque lo tiene ahí en frente”, le comentó hace unos meses este precursor de la radiodifusión en Colombia a la revista Cromos. (Lea: Álvaro Castaño Castillo: "Nací en 1920... y espero llegar a los 100")

Para él no era difícil recordar cómo fundó la HJCK el 15 de septiembre de 1950. Se adelantó al país y pensó en darles salida a las manifestaciones culturales bajo los lemas “El mundo en Bogotá” y “La emisora de la inmensa minoría”. Ambos postulados los sacó adelante con ímpetu y con un grupo importante de colaboradores.

En el año 2005, para conmemorar los 400 años de la publicación de Don Quijote, la emisora HJCK organizó un concurso entre sus oyentes. Los ganadores pudieron ir a visitar La Mancha, las tierras del corazón de España por donde anduvo el Ingenioso Hidalgo. Nada más apropiado para una emisora fundada por un verdadero quijote, como lo fue don Álvaro Castaño Castillo.“Lo conocí a mediados de la década de los 90 en plan de negocios: yo era gerente de marca de una disquera especializada en música clásica y, claro, me interesaba difundir esas grabaciones a través de la emisora cultural más prestigiosa de la capital. Me impresionó su manejo cabal de la emisora: no se le escapaban los aspectos de programación, es decir, el espíritu, ni los de la pauta, nada. Nuestra negociación fue impecable, estricta, inflexible”, cuenta el periodista cultural Juan Carlos Garay, quien añade: “Una década después tuve la oportunidad de trabajar en la HJCK como periodista cultural. Me impresionó la libertad que don Álvaro daba a sus realizadores en cuanto a contenidos.

Lo suyo fue la quijotada de transmitir contenidos culturales a través de una frecuencia comercial. Su paso por el mundo de las comunicaciones en Colombia ha sido una fortuna. Gracias a él tuvimos voces de poetas, transmisiones de eventos literarios y acercamientos a culturas foráneas gracias a los vínculos con agregados culturales de otras latitudes. Y todos los días las notas iniciales de la sonata No. 1 para violín de Johann Sebastian Bach.