New State, o el estado del cambio

José Gómez, creador del grupo; Pablo Arroyave, guitarra principal y segunda voz; Juan Pablo Ramírez, bajista, y Santiago Ramírez como baterista son los integrantes de esta banda antioqueña.

Los integrantes de New State en una de las imágenes de la sesión de grabación para el video de la serie Emergentes. / Carlos Córdoba

El año 2006 empezaba a morir. Un año que pasó desapercibido para la mayoría de personas. Las risas o los llantos, las tarjetas de crédito rechazadas, los kilos de más o la delgadez extrema. Todo lo que conllevan 365 días se iba marchitando en los últimos meses del año que tiene pocos vestigios en el recuerdo colectivo. Fue el año del perro y el año de Mozart también. Mientras en algunas academias y centros culturales se hablaba del aniversario número 250 del nacimiento de uno de los músicos más importantes en la historia de la humanidad, en un colegio de Medellín dos jóvenes intentaban continuar con la construcción de ese tejido musical del que la sociedad se vale para representar la realidad, para representarla y así poder escapar de alguna manera de ella.

José Gómez y Edwin Muñetones iniciaban su camino por la música. Las clases de guitarra que pagó la mamá, la guitarra que desafió las ganas de gastarse los ahorros de meses. Una voz prodigiosa que fue alimentada al principio por los elogios familiares y al final por clases más experimentadas. Todo se resumía en un montón de papeles con letras que en unión daban canciones tristes o felices, momentos melancólicos desdeñados por ser de ese mundo pueril que a los adultos casi nunca importa porque lo olvidaron en el camino de convertirse en “grandes”.

La ventaja de la juventud, dicen, es creer que todo se puede hacer. Puede ser la ventaja y la magia. La certeza de que aún quedan muchos años para cometer tantos errores como sea posible, anular las distancias nada más porque se quiere y se puede. Las intenciones de crear un grupo musical en épocas colegiales son comunes en ciertos períodos de la vida. La amistad en un garaje combinada con un par de instrumentos mal afinados y las ganas de hacer algo diferente o copiado. ¿Qué más da? Es la antelación a resultados tan grandes como Nirvana o Pink Floyd. Así inició New State, como la respuesta a la necesidad de expresión, como una muestra de vida y de cambio.

Otras personas entraron a la historia de la banda, nuevos sueños y nuevas maneras de crear. Dos años pasaron para que los resultados fueran tangibles y visibles. El 22 de agosto de 2008 este grupo de cuatro jóvenes grabó Cuándo vamos a parar, su primer EP. Un título que sugiere el escape ocasional de la fórmula de las relaciones en su antes y su después, que retoma temas como el drama de una ruptura o el abandono. En 2008 comenzaron sus presentaciones en vivo, sus corridas por los escenarios primarios, los nervios de tarima, el pánico escénico y la sensación de que todo iba por buen camino.

El sonido de New State no vino, por supuesto, de la nada. Las influencias de bandas como Arctic Monkeys, sonidos alternativos al rock que revelaban una visión más suave, una mezcla entre una batería fuerte y unas guitarras que armonizaban las letras, ahora más complejas y estructuradas, ponían en sintonía a la banda con la nueva ola de la música y podían determinar que el pop rock era lo que se acomodaba a sus sonidos. Aunque las etiquetas suelen cohibir y sesgar, su comodidad ante este género los llevaba a apropiarse de él.

¿Quiénes son New State?

Los cambios y las distintas oportunidades pusieron en vilo a New State. Algunos años de quietud pasmaron el trabajo que se iba dando en Medellín. Sin embargo, los sueños, los verdaderos sueños, no suelen perecer ante el paso voraz del tiempo. Se detienen, se encuentran, se construyen de otra manera; pero nunca mueren. La agrupación resucitó en 2013 con la llegada de nuevos integrantes, los que ahora hacen parte definitiva de la banda. Jose Gómez continúa como precursor de la idea como la voz principal y guitarra, Pablo Arroyave como guitarra principal y segunda voz, Juan Pablo Ramírez como bajista y Santiago Ramírez como baterista.

Ramírez toma las baquetas y hace tres choques que retumban en el estudio de grabación TEC, en Rionegro, Antioquia. Cierra los ojos y aprieta un poco la boca y de pronto un choque contra uno de los platos anticipa el inicio de la canción. La guitarra y el bajo lo siguen... La voz de José Gómez sale despedida de su boca, que se pega contra el micrófono. Es una canción de amor, de vida. Podemos cambiar el mundo, dice el título, podemos cambiarlo entre todos, y con ideas como ésta seguro ellos podrán cambiarlo. Cada movimiento, cada latido, se disipan entre las notas musicales que perforan los oídos en la sala. La canción es una promesa. Cada uno sonríe un poco, tal vez porque dentro de la creación musical son indiferentes ante las ideas de éxito y fama con las que se cataloga la música hoy, y siempre. La idea de popularidad no agobia mientras se canta, se toca y se hace lo que se ama. Dentro del estudio de grabación el mundo parece aislado, los prejuicios y las palabras vulgares: “De la música no se puede vivir” y “¿Cuántos discos han vendido?” pierden validez y se transforman en tres minutos de magia.

 

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