'No es otra película sobre narcotráfico'

El filme también será presentado en Tribeca Cinemas, al sur de Manhattan. Dorado asegura que el filme, con Cali como protagonista, explora las vidas de las mujeres afectadas por los vaivenes del tráfico de estupefacientes.

Antonio Dorado es docente en la U. del Valle, donde hizo una maestría en literatura. / Cecilia Orozco

Después de tres años de haber iniciado el rodaje de su segunda película, Amores peligrosos, este 11 de octubre el cineasta Antonio Dorado la estrena en las salas del país, en medio de expectativas de críticos y cineastas. Dorado está seguro de que este filme, luego de El Rey, su primer trabajo, estrenado en 2004, les gustará a los espectadores colombianos, ya que ha hecho un buen trabajo en el que historia y actores constituyen elementos indispensables para recrear y poner a pensar al público.

El Espectador estuvo en su casa, que es a la vez el centro de sus labores cinematográficas, para hablar sobre la nueva película.

¿‘Amores peligrosos’ recrea el narcotráfico en Cali?

Cuando empecé con El Rey, siempre pensaba en trabajar sobre el narcotráfico, ya que nos ha golpeado mucho. El Rey es la historia de sus orígenes y recrea el mito del primer narcotraficante en la ciudad y en el país, El Grillo. Esta segunda propuesta trata del mito de una joven caleña. Está enfocada en el cine gángster, con la estética del cine negro. Está hecha con mirada crítica, una reflexión sobre lo que ha ocurrido en Cali.

La historia de la película une juventud y rumba...

Es una historia de amor, salsa y dolor. Es la historia de muchas jóvenes colombianas que no son narcotraficantes pero reciben finalmente el impacto de economías subterráneas y de la forma como éstas terminan siendo una peste. La idea original es del periodista Umberto Valverde y me inspiré en su novela Quítate de la vía, Perico, en los años 70 y 80 y particularmente a raíz del guión de un cortometraje que él escribió, que se llama La Dura. Es una película popular, ya que vengo de la escuela de comunicación social, de la cátedra de Jesús Martín Barbero, quien me enseñó los elementos que se manejan en el contexto de la idiosincrasia popular.

Usted dice que la película es una catarsis por lo doloroso que fue para la capital del Valle.

No se me ha quitado de la mente un grafiti que habían pintado en la calle Quinta que decía: “Nosotros de rumba y Cali se derrumba”. Era la sensación que uno sentía. La película recuerda el año 1989, que no es una elección gratuita ya que nos tocó vivir un período muy fuerte. La película tiene que ver con esa deuda: tenemos que mostrar lo que nos ha pasado, por eso es una película tan fuerte. He querido transmitir la fortaleza de una ciudad en medio de la rumba y el derrumbe social que surge a la sombra del impacto que tuvo el narcotráfico. Mirar hacia atrás nos permite mirar el presente. No creo que sea una película más del narcotráfico.

Hay quienes asimila la historia de Miguel Rodríguez en la pareja que protagonizan los actores Marlon Moreno y Kathy Sáenz.

Es una película de ficción. Uno como espectador construye relaciones y la película invita a construirlas. No es sobre los Rodríguez; es sobre las muchachitas que en esa época compraban con una moto. No es la típica joven de un barrio pobre que no tiene cómo alimentarse sino una chica cuya familia tiene condiciones básicas, pero que a la sombra de la rumba, de conocer el mundo, se deja tentar por esos amores peligrosos con el narcotráfico, donde en muchas ocasiones la ambición destruye.

¿La protagonista representa a una generación víctima del dinero de los narcos?

El personaje de la película es una adolescente de clase media, Sofía, interpretada por Juanita Arias, hija de la periodista Amparo Pérez, que representa a muchas jóvenes que no quieren ser narcos, ni tienen una conducta asesina, ni pretenden tener un proyecto de ser drogadictas, pero regularmente, en una sociedad de consumo como en la que vivimos, el dinero y los regalos terminan dañándolas, cambian su conducta y su lógica. La protagonista vive la dicha y la tragedia de ser bella.

¿Qué principios rigieron para la selección de las locaciones?

Quise apostarles a otros lugares que no se han mostrado de Cali. La idea era visualizar el esplendor de una ciudad donde hay un sentimiento de pertenencia, y en esa medida es la protagonista. Es la prolongación de la metáfora de mujer bella en una ciudad bella. Fue un trabajo de arte complicado trabajando con los elementos del año 89. Rodamos en el sur de la ciudad, en el cerro Cristo Rey, la Torre de Cali, emblema que se erige en la ciudad.

Volviendo al narcotráfico, ¿por qué las críticas a las películas que tratan este tema?

El narcotráfico no es una consecuencia de las películas. No me vengan con el cuento de que estas películas son las culpables del auge del narcotráfico; creo que es una manera ingenua de interpretar la realidad nacional. Este tipo de historias no se va acabar, es más, la gran historia sobre el narcotráfico está todavía por contarse. Es un proceso que se va decantando. Es importante que no se condene una película y se entiendan las lógicas y la postura crítica, que en el caso de la película es trágica.

Queda faltando la tercera película para cerrar su tríptico.

Tiene que ver con un hecho real y social que ocurre en los barrios populares de Cali con los bailarines de salsa, donde el narcotráfico deja de ser una alternativa y buscan una opción de vida. Quisiera cerrar este ciclo con una perspectiva más real. Me interesa subrayar que el narcotráfico está latente, pero que también es una alternativa despreciable frente a otras opciones de lucha por buscar un mejor lugar en la vida.

glocha16@hotmail.com

 

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