Pasión sin frenos

Jeff Allen y su esposa, Megan Bailey, visitan Medellín. Los dos son protagonistas de ‘Automaníacos’, ‘reality’ que History Channel trae a América Latina.

La serie tiene un ritmo como el de los carros que en ella figuran: veloz, adrenalina pura. / Mariángela Urbina

Cuando la mamá de Jeff Allen llegó a su casa en Texas sólo vio sangre sobre el tapete. “Jeff”, gritó. Temía lo peor para su pequeño hijo, pero el niño salió feliz del cuarto, embadurnado en pintura roja, la misma que “adornaba” la alfombra de su casa: había reparado y cambiado de color su colección de carritos Hot Wheels. No le había pasado nada a nadie. Su jugarreta era el motivo del desastre. “Mi mamá todavía me reclama por ese susto”, comenta Allen a carcajadas.

Ese es el primer recuerdo que tiene sobre su amor desenfrenado por los motores. Ahora, caminando por la exhibición de carros en el Concours d’Elegance, reunión de autos clásicos que tiene lugar en Medellín, Allen parece el mismo niño que pintó sus Hot Wheels años atrás. Le brillan los ojos cuando ve los autos antiguos, algunos de los cuales se remontan a la época del general Rojas Pinilla. Muchos no han sido restaurados y se conservan originales desde su fabricación.

Megan Bailey lo acompaña y también se asombra con los carros clásicos colombianos. Igual que su esposo, desde que era una niña, su papá y abuelo le enseñaron las maravillas de la velocidad. Por eso —y porque comparten la misma gran estatura— Allen y Bailey son la pareja perfecta. “Llevamos 20 años de un matrimonio absolutamente feliz”, asegura él. Aunque no están casados exactamente. Viven juntos sin ningún documento que los respalde. Cada vez que han intentado organizar la boda, él se gasta toda la plata en algún nuevo carro. Y ella es feliz con eso. “Además así estamos mejor, sin ningún papel”, remata.

Bailey se encargó de componer la historia. Car Chasers es su nombre original. “Si te fijas, los carros con los que negociamos son fascinantes, han salido en grandes películas o han sido usados por estrellas. La gente nos decía que esas historias eran realmente locas, pero no, son reales”, afirma Allen, quien recibió encantado la idea de su mujer. Siete años después conocieron un equipo que realizaba otro programa de televisión sobre automóviles y les dijeron: “Chicos, ustedes tienen que hacer esto. Y aquí estamos”, agrega. La serie empezó a emitirse en América Latina desde marzo y, según su protagonista, “a la gente le gusta porque el lenguaje de los carros es universal. Ayer estuve hablando con alguien que no sabía inglés y yo no tengo idea de español. Pero dices cars y eso es suficiente”.

La vida no les cambió mucho una vez se convirtieron en las estrellas de su propio show. Antes se dedicaban a lo mismo que hoy puede ver la audiencia de Automaníacos: reparar carros en Flat 12, el taller de Jeff Allen, y hacer dinero a través de buenos intercambios que les permitan satisfacer su gusto por comprar carros nuevos. La ansiedad del negocio y el contexto que encierran los seleccionados por Allen y su equipo se trasladaron de la vida real a las pantallas. De la nada, ahora la gente los conoce.

“Eso es lo más extraño de todo”, afirma Bailey: “Las personas saben todo de ti y tú no sabes nada de ellas”. Aunque al principio fue raro sentirse expuesta, estaba segura de que iban a terminar envueltos en algo así. “Jeff siempre ha sido un gran bromista. Ahora, en el programa, es el mismo de antes: hace chistes, es muy entretenido, tiene esta personalidad tan particular”. Pero sin ella no podría sobrevivir. El rol de Megan Bailey es, según lo dice el mismo cabezote del programa, “el cerebro” de la operación. “Jeff se puede quedar todo el día mirando un carro que le gusta y lo quiere sin pensar mucho. Soy yo la que debe decir si es o no rentable. Le recuerdo que debemos poder venderlos bien para comprar nuevos”.

Detrás del motor y la potencia, los autos seleccionados para Automaníacos esconden historias apasionantes. Algunos fueron el símbolo de la revolución juvenil de los 60, hicieron parte de producciones cinematográficas o pertenecieron a grandes gángsters italianos. “Detrás del carro existe alguien que lo manejó, o sabes que salió en una película. En el camino hay muchas historias, pero hay unas mejores que otras y esas son las que seleccionamos”, asegura Megan Bailey. “Estamos muy sorprendidos con la gran cultura de carros que hay en América Latina. Nos sentimos en una tienda de juguetes”.

Por ahora, Jeff Allen, Megan Bailey y James Bailey, el padre de Megan, quien también aparece en el programa, seguirán recorriendo Medellín. Muy pocas veces habían estado fuera de Estados Unidos y lucen felices con esta primera vez en Colombia. Allen, incluso, se ríe alagado cuando una paisa le dice que le encantan los hombres “bien grandotes, como usted”. Luego se toman una foto abrazados.

Cuando vuelvan a su país seguirán buscando vehículos y, sobre todo, usando su gusto por los carros para construir relatos a través de ellos. Con el acelerador hasta el fondo, los automaníacos cazarán historias.

 

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