“La pinta”, salsa con ingenio

Delirio, la revista musical creada y consolidada en Cali, celebra su primera década de existencia con un montaje protagonizado por Dolores la Pachanguera y el Negro Tumbao y en el que se exhiben los mejores pasos del género.

“La pinta”, el espectáculo con el que Delirio celebra una década de existencia, refleja la esencia del espíritu caleño. / Cortesía

Tito Puente dijo alguna vez que la única salsa que conocía era la de los espaguetis. Esa afirmación, emitida por alguien nacido en Nueva York, ha sido mucho más que un elogio para los cubanos, que creen que la salsa es el mismo son pero con menos ideología.

No se llegó a establecer nunca si quien ha sido considerado el “timbalero mayor” se retractó de su comentario, pero lo que sí está muy claro es que no tuvo la oportunidad de escuchar ni de ver la revista musical Delirio, esa iniciativa de mujeres vallecaucanas que cumplió hace muy poco diez años de haber realizado su primer espectáculo en una carpa en un terreno baldío de Cali. Después de una década, la carpa sigue resguardando ritmos y sueños, las ganas de renovarse continúan intactas y la necesidad de crecer como propuesta audiovisual se ha multiplicado hasta conquistar nuevos escenarios.

La materia prima de Delirio es inagotable. Cientos de escuelas de salsa diestras en pulir el talento de niños y niñas casi desde que dejan de gatear se encargan de nutrir este espectáculo vistoso que año tras año, en cada nuevo montaje, tiene la intención de experimentar.

El último viernes de cada mes, la salsa se vuelve a ubicar en la cumbre en Cali, con actos que incluyen fuego, agua, circo, acrobacia y efectos especiales. El montaje seleccionado para conmemorar el aniversario número diez y vincular a Bogotá dentro de la celebración es La pinta, una radiografía contundente y expresiva de los elementos que caracterizan la caleñidad.

La pinta es una historia muy linda que se desarrolla en un barrio mágico y muy tradicional de la denominada Sultana del Valle y allí ocurren situaciones hermosas como el enamoramiento de Dolores la Pachanguera y el Negro Tumbao”, cuenta Álex Torres, uno de los vocalistas principales de Delirio, para quien en Cali se nace con la salsa para cantarla o para bailarla, y a él le tocó desarrollar el sabor desde la garganta.

Algunos pasos tradicionales del Cauca se suman a la coreografía de la salsa en La pinta, se evocan el agua y el viento con un vestuario que permite ver un poco más allá del talento de las mujeres que ejercitan sus ágiles pies a unas 45 revoluciones por minuto. ¡Que vivan las transparencias y que viva el arte estético en comunión con la belleza! La conjugación entre las expresiones sonoras de otras latitudes se adelanta con más apremio y se exponen tanto los movimientos de caderas, brazos y dedos como un barniz en el que no se funden a negro las canciones para no hacer más extenso el espectáculo.

“Desde hace nueve años pertenezco a Delirio y para la interpretación del personaje de Dolores la Pachanguera realizaron un casting. Las exigencias eran muy claras: debía ser una mujer típica caleña, de cabello oscuro y tez un poco trigueña. Yo cumplía con las características y así llegué a protagonizar La pinta”, dice Viviana Vargas, quien a pesar de estar parada sobre los escenarios más de la mitad de su vida, todavía le sudan las manos cuando va a salir a mover sus pies a la velocidad de la salsa caleña.

“Yo llego a Delirio por parte de Constelación Latina, la escuela a la que pertenezco desde hace años. Del protagonista tenía el 50 % en el bolsillo porque era un hombre negro y después de pasar algunas audiciones me quedé con el rol, para mi entera satisfacción”, comenta Luis Enrique Solano, vestido con el atuendo del Negro Tumbao, su personaje en el espectáculo.

Carlos Paz “Resorte”, los niños bailarines, Viviana Vargas, Álex Torres y Luis Enrique Murillo, por lo general, son los más aplaudidos. Sin embargo, es justo reconocer la labor de las gestoras culturales que durante diez años se han arriesgado a exhibir, con ingenio, como fieles exponentes de la tierra de la caña de azúcar, esta salsa acelerada que más que un baile resulta siendo una acrobacia y un reto a la lógica y al tiempo. Tal vez hoy Tito Puente deliraría con esta muestra genuina. Con ella, tal vez, el timbalero mayor dejaría a un lado los espaguetis para quedarse con la salsa, la salsa caleña.

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