"Quiero libertad para mi pueblo": Ricardo Montaner

El artista aseguró en el programa Los Informantes, del Canal Caracol, que su descontento con el gobierno de Venezuela ha generado el rechazo a su música de la mitad de los venezolanos.

El cantante Ricardo Montaner en su casa en Miami. Jeimy Bohórquez

Hace diez años, Ricardo Montaner, en una conversación íntima con su padre, prometió no emitir juicios de valor sobre el entonces presidente venezolano Hugo Chávez y su gobierno. Para Montaner, el tiempo ya pasó, su promesa se cumplió y expiró. Cansado de los atropellos que continúan en Venezuela, empezó nuevamente a mostrar su opinión. (Vea el video con la entrevista a Ricardo Montaner)

Desde su casa en Miami, donde vive en el exilio desde hace 15 años, cuando salió de Caracas tras un intento de secuestro, les canta a su familia, a su esposa y a quienes lo han acompañado durante su carrera musical. Tiene tres nacionalidades y una voz con mucho eco.

Ricardo es de esa época en la que los cantantes se cambiaban de nombre por uno artístico. Su nombre de pila es Héctor Eduardo Reglero, un argentino que llegó a los siete años a Maracaibo. Quiso ser periodista hasta que un profesor lo motivó a dejar su carrera y probar suerte en la música. Está agradecido con Dios por las cosas que le ha regalado la vida y por esto les hace un homenaje a su familia, a su esposa Marlene y, como es habitual, al amor.

Lo hemos visto muy activo políticamente. Usted es un artista, cuya voz tiene eco.

Yo canto para todos lados, para quien está del lado del gobierno y quien está en la oposición. Pero, desgraciadamente, las circunstancias en el caso de Venezuela me han obligado a tomar posición, que según mi punto de vista, es lógica. Quiero libertad para todo el pueblo y este compromiso que he asumido públicamente ha tenido consecuencias, como por ejemplo que hoy canto solamente para la mitad y un poco más de los venezolanos. La otra mitad, por culpa de lo que sucede en mi país, no quiere mirarme, escucharme o sentirme tan de ellos como me sentían en otras épocas.

Antes de morir, su padre le pidió una sola cosa, ¿qué le pidió?

Mi papá me pidió que no me expresara mal del entonces presidente Chávez y que no interviniera diciendo cosas que podrían dañar la imagen del mandatario, cosa que acepté en honor al amor de mi padre.

¿Él era chavista?

Sí. En los últimos años de vida de mi papá estuvimos distanciados porque él pensaba de una manera y yo de otra. Faltando un año para que mi papá partiera, nos acercamos y tratamos de recuperar el tiempo que habíamos perdido. Ahí fue cuando me pidió que no emitiera juicios respecto al presidente y le dije que sí. Pero ya pasaron los años, Chávez se fue y me dije: “creo que ya he pagado lo que le prometí a mi padre”, y empecé nuevamente a emitir juicios, pero muchas veces las opiniones y los pensamientos respecto a la política dividen a la familia.

¿Usted es argentino, venezolano y colombiano?

Sí.

Ya que le gusta la política, ¿qué opina del proceso de paz?

Como colombiano, creo que hay que hacer cualquier sacrificio para lograr la paz. Creo firmemente en la paz, no como un proyecto de Santos, sino como un proyecto colombiano. A Colombia le urge tener paz.

Y cuando usted ve al presidente Santos apoyando a Maduro, ¿qué siente?

Lamento mucho eso. Me da una inmensa alegría apoyar al presidente Santos con el proyecto de la paz y siempre se lo dije a él y a su gente, pero de la misma manera digo que me da mucho pesar como venezolano no contar con una posición más clara y tajante ante la situación que están pasando sus vecinos. No le estoy diciendo a él que se ponga en contra del presidente Maduro, pero hay que asumir una posición muy clara respecto a la violación de los derechos humanos.

¿Por qué decidió salir de Venezuela?

En el año 97 me raptaron y tuve un susto muy grande. Un domingo a las 2:30 p.m., cuando iba del aeropuerto de Maiquetía hacia mi casa, me frenaron dos vehículos con siete personas, me obligaron a bajar y me llevaron. Estuve retenido por siete horas. Me dejaron desesperado en una carretera rumbo al oriente del país. Cuando llegué a mi casa no me había dado cuenta de que tenía sangre, me habían hecho un hueco en la cabeza con un golpe y eso sirvió de alerta. Estuve 15 días sentado en una silla de la terraza de mi casa, mirando no sé qué; no viajé, retrasé mi disco y le doy gracias a Dios porque los tipos me soltaron. Hicimos una reunión familiar y tomamos la decisión de irnos.

Hoy lanza su nuevo disco, “Agradecido”. ¿Por qué está agradecido?

Siento que nosotros no somos lo suficientemente agradecidos. Hago un tributo a toda la gente que me ha acompañado en esta carrera, a todo aquel que me ha pasado la toalla, a todo aquel que me ha dado aliento y a todo aquel que me ha dado un poco de agua mientras yo corría. Esto ha sido una carrera de esfuerzo, pero uno no llega solo.

Su familia parece que lo tuviera todo: una esposa inteligente, unos hijos amorosos, un papá talentoso y trabajador. ¿Cómo lo logra? 

Somos una familia normal, pero no quiere decir que no pasemos de vez en cuando desvelos, que no nos preocupemos. Ahora estoy viviendo una etapa muy plena, pero al mismo tiempo empieza cierto temor de ser tan feliz.

¿Qué le hace falta ahora?

Tiempo. Yo le pido a Dios que me dé mucho tiempo, porque son muchas las cosas que quiero hacer, quiero ir mucho a Colombia.

¿Le teme a la muerte? 

Sí, y eso no es de buen cristiano. Me toca batallar con eso.