'Rapsodia camaleónica'

En 2005 el músico colombiano participó en el Concurso Nacional de Piano Federico Chopin, que le abrió las puertas para consolidar su nombre y presentarse en escenarios como el Carnegie Hall, en Nueva York.

Mauricio Arias tardó dos años componiendo su obra ‘Rapsodia camaleónica’. En la actualidad es profesor de música de la Universidad Juan N. Corpas. / Archivo particular

A Mauricio Arias, el piano le fue robando horas de su día. En una de sus primeras lecciones con el instrumento escuchó que para destacarse necesitaba dedicarles a las teclas negras y blancas por los menos 60 minutos todos los días. Se lo tomó en serio y los instantes destinados a las asignaturas tradicionales en el colegio fueron cada vez menos. Las matemáticas, la filosofía y las ciencias resultaron desplazadas por las partituras, tanto así que su estudio formal salió adelante gracias a una validación rápida y sutil.

Después sospechó que una hora era muy poco para recorrer todo el espectro sonoro que le podía proporcionar el piano, lo que se tradujo en licencias cada vez más amplias para incrementar el contacto entre sus dedos y el instrumento. De 60 minutos diarios pasó a 120, algunas veces a 180, y su arduo trabajo se vio reflejado en su desempeño en el Programa Infantil y Juvenil de la Facultad de Música de la Universidad Javeriana.

Las canciones que aprendió a tocar en una organeta que le regalaron sus papás, las primeras enseñanzas de un ingeniero de sonido que se lanzó a experimentar sus habilidades docentes con el en ese entonces pequeño Mauricio Arias y las horas robadas al estudio tradicional salieron a relucir cuando se encontró por primera vez a la maestra polaca Ludmila Weber. Ella comenzó a enseñarle cuando él tenía trece años y en la actualidad le sigue dando valiosas instrucciones tanto para el arte sonoro como para la vida cotidiana.

“Antes de entrar a la Javeriana y a la Universidad Juan N. Corpas estudié con la profesora Ludmila Weber y ella nos hacía tocar a sus estudiantes buena parte del repertorio de Federico Chopin (1810-1843). Cuando llegué a un buen nivel, la maestra me dijo que quería que participara en un concurso de piano dedicado al autor polaco, así como presentó a otros de sus alumnos”, cuenta Mauricio Arias, quien además de ser profesional en su instrumento también ha dedicado parte de su experiencia a la composición.

El Concurso Nacional de Piano Federico Chopin en Colombia se realizó por primera vez en 2005. De ese certamen el ganador fue Arias y la razón puede ser sencilla: venía relacionándose con las obras del polaco desde varios años atrás y, además, tuvo la guía incondicional de Weber, una experta en todo lo relacionado con la producción artística del autor.

En el caso específico del concurso de piano, lo que le tocó hacer a Mauricio Arias fue preparar partituras de distintas épocas, así que logró enfocarse en la estética de cada estilo. Sin embargo, antes de ese proceso particular canalizó sus esfuerzos para encontrar la atmósfera especial de las piezas del Barroco con personajes como Johann Sebastian Bach (1685-1750), Georg Friedrich Händel (1685-1759) y algunos románticos. Durante ese ejercicio se dio cuenta de que cada período tiene su forma singular, que debe reflejarse también en el momento de la ejecución.

“Chopin, así como muchos de sus colegas románticos, escribieron para muchos medios, para orquestas, vientos, cuerdas, piano. Él era especial porque tal vez un 95% de su producción está hecho para el piano o para piano con otros instrumentos. El compositor polaco supo reconocer su fortaleza y su música está escrita de una manera mágica, porque siempre parece que alguien estuviera cantando. Es bueno recordar que tuvo una gran influencia del canto lírico, de la ópera, y eso se hace evidente en sus obras”, dice Mauricio Arias. Después de obtener el primer puesto en el concurso en Colombia fue a mostrar sus habilidades en el evento internacional en Varsovia, Polonia.

Una de las particularidades del certamen en su versión internacional es que, por tratarse de uno de los concursos más antiguos dedicados al piano, tiene un nivel de exigencia extremo y el concursante debe preparar una obra de cada género abordado por Chopin en su producción musical, incluyendo sus estudios, piezas de corta duración.

“Para mí ha sido muy importante ganarme este premio porque me dio la oportunidad de tocar en Polonia, donde me encontré con más de 200 candidatos, y el país que mandó más aplicantes fue Japón. En 2005 ganó un polaco. Fue muy enriquecedor ver todas las modalidades interpretativas”, asegura el pianista, que después del concurso realizó un doctorado en Arizona, Estados Unidos.

Hace dos años Mauricio Arias estrenó en el Carnegie Hall, de Nueva York, la obra Rapsodia camaleónica, su tesis de doctorada compuesta para orquesta, piano y trompeta. Le gustaría interpretarla en muchas partes del mundo, como Cuba, país que ya visitó y en el que se presentó en dos oportunidades, pero también le gustaría exhibirla en Colombia. Pronto mostrará su Homenaje a 21 ángeles, dedicado a los niños del colegio Agustiniano Norte que murieron en un accidente. A Arias le duele la realidad de su país y trata de consentirla tocando piano todo el día.

 

 

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