Rigoletto en la "ciudad del pecado"

La creación del italiano Giuseppe Verdi cambia su escenografía tradicional para desarrollarse en Las Vegas, Estados Unidos, durante la década de 1960, gracias a la inventiva del director Michael Mayer.

En ‘Rigoletto’, el tenor polaco Piotr Beczala es un ‘playboy’ que se ve tan bien como canta, porque siempre luce un esmoquin blanco. / Cortesía Cine Colombia

Piotr Beczala está en la búsqueda de la simplicidad en el canto. El tenor polaco ya pasó por los brillos innecesarios, dejó atrás los lucimientos a consta de las tensiones en la voz y tiene prácticamente en el olvido aquellos personajes que le quieren adaptar a la fuerza argumentando el cuestionado poder de la versatilidad.

En la actualidad, no cree en esos encantos sobrenaturales de los cantantes líricos para interpretar cualquier rol y conoce a la perfección su voz, tanto para aceptar figuraciones como para, con la misma facilidad, declinar invitaciones a participar en montajes imponentes, increíbles y al mismo tiempo inviables para su carrera artística.

La delimitación de su talento y saber que su carrera se estructura mejor a partir de la negativa a ciertos personajes motivaron a Piotr Beczala a aceptar una participación especial en el montaje de Rigoletto, creación de Giuseppe Verdi (1813-1901). Con esta pieza ha estado en casi todas las casas de ópera en el mundo y la tiene incluida en su repertorio desde hace más de dos décadas. Gracias a ella obtuvo el acceso a las propuestas artísticas de la Metropolitan de Nueva York y del Teatro de la Scala de Milán.

Sin embargo, en lo que lleva de relación íntima con la obra, no había sospechado siquiera que el drama del bufón jorobado pudiera situarse en Las Vegas, Estados Unidos, y que mucho menos podía renovarse, transformarse y vestirse con atuendos de lentejuelas y escenificarse con éxito a partir de la inclusión de mesas de póquer, de comediantes, de casinos y de Cadillacs originales.

El responsable de trasladar el drama a Las Vegas y de ambientarlo en la ya lejana década de 1960 es el director Michael Mayer. Originalmente, la historia tenía su sede en Italia durante el Barroco, pero para este montaje lírico específico, Rigoletto es una especie de comediante en la denominada ciudad del pecado. Esta versión, comparable según la opinión de los expertos a una superproducción con tintes cinematográficos, abrirá el ciclo de verano de la Met Opera, que se transmite en las diversas salas de Cine Colombia del país.

“Es una gran idea. Lo diré una y otra vez: es una brillante idea presentar estas producciones desde la Metropolitan, de Nueva York, y estar presente ante tanta gente. Es increíble, no sólo por la popularidad. Tengo muchas propuestas después de cada producción que realizo y que se transmite. Lo más importante es que se vuelve un espectáculo especial. Por ejemplo, en Polonia se visten en el cine como si estuvieran en la casa de la ópera y toman vino, tal y como si estuvieran en la Metropolitan. Son parte del espectáculo. Es algo muy especial. Espero que también disfruten esta propuesta novedosa”, cuenta Piotr Beczala, quien aprendió de su maestro Pavel Lisitsian a cantar en un registro natural.

Luego, el tenor polaco se encontró en el camino a la maestra Sena Jurinac, quien le insinuaba lo mismo y además lo obligaba a no realizar tensiones extras al cantar. “Ella salvó mi vida, me acercó a su escuela cuando era muy joven; yo tenía 22 años. Comencé con un repertorio complicado, como cualquier joven cantante y loco, y Jurinac me dijo que debía parar y volver a Mozart. Fue más difícil para mí, pero en un sentido técnico fue por completo adecuado”, asegura el cantante que comenzó a recibir reconocimiento profesional como integrante de la Ópera de Zúrich, en 1997, año en el que le tocó realizar catorce producciones.

En este montaje novedoso de Rigoletto, el tenor polaco aparece casi de entrada rodeado de bailarinas con lentejuelas y abanicos de plumas vistosas. Su rol es el de amo y señor de un reconocido casino. Es, sin ir más lejos, un playboy que se ve tan bien como canta, porque siempre luce un esmoquin blanco, al mejor estilo del cantante Frank Sinatra. El comienzo de la propuesta escénica se traduce en un espectáculo frenético con luces de colores, máquinas tragamonedas y diestros jugadores de póquer.

“Rigoletto es una gran pieza para mí porque mi voz está adecuada para ser un tenor lírico. Por eso, una muy buena parte de mi repertorio es la ópera romántica de Francia, Italia y los países eslavos. No puedo dedicarme a cantar óperas que no estén escritas para mi voz, por ejemplo, barroco o música moderna. Mi único repertorio es lo que hago ahora y eso me encanta”, concluye Piotr Beczala.

La última escena de esta ópera dirigida por Michael Mayer tiene lugar en un prostíbulo a las afueras de Las Vegas, donde los personajes hablan de deshacerse de un cadáver; pero no lo echan a un río, como exigía el libreto, sino que lo meten en el baúl de un Cadillac. Por los detalles, de comienzo a fin, este Rigoletto tiene un tono distinto.

 

Rigoletto, de Giuseppe Verdi, hoy a las 11:00 a.m. en las salas de Cine Colombia. Información y boletería: www.primerafila.com.co.

 

 

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