Un aguacero de rock

En medio de la lluvia, los asistentes disfrutaron de Julian Casablancas, Phoenix y Capital Cities. Crónica.

La banda francesa Phoenix presentó buena parte de su repertorio clásico. / Luis Ángel - El Espectador

“Que el agua no les agüe la fiesta”. Eso fue lo que dijo Marc Gili, cantante de la banda española Dorian, el jueves en el primer día del festival Estéreo Picnic. Porque lo que cayó ese día no fue una pequeña llovizna, fue un aguacero de esos que cayeron en Rock al Parque algunos años atrás y arruinaron varias presentaciones. Un aguacero muy bogotano, para recordarnos a todos los presentes que no estábamos en algún festival en Europa, Estados Unidos o una tierra de la fantasía, porque así es como te hacen sentir acá, en la tierra de la fantasía. Todo contribuye y todo está muy bien planeado y pensado, desde la decoración hasta las mismas bandas; todo es bonito, todos son bonitos, todo es perfecto, y de esa forma hacen que los asistentes entren en ese ambiente. La gente se viste para la ocasión y, aunque estamos en una ciudad fría, en la que llueve constantemente, se viste de flores y colores, con ropa liviana y gafas de sol. Parece que la palabra “picnic”, grabada en las mentes presentes, los metiera en una primavera virtual; obviamente, con la actitud correspondiente y acorde con sus vestimentas.

El sitio está lleno de restaurantes y marcas reconocidas, impregnado de letreros y publicidad, pero todo está tan bien diseñado, pensado y difuminado en el ambiente que no se tiene esa sensación que provocan los centros comerciales que obliga a comprar y gastar sin razón lógica. Aun así, todo el mundo gasta y compra y consume, entonces no se sabe si sólo es parte de una estrategia macabra de mercadeo o de un plan brillante para mantener el ánimo y la energía arriba toda la jornada, porque lo que ofrecen tiene tinte de viernes por la noche o de sábado por la tarde, así sean las 12 de la noche. Te compras una pizza y tienes energía como si fueran las 3 de la tarde. Lo bueno es que al final todo ese ambiente no es más que decoración y pasa a un segundo plano cuando los protagonistas salen a escena, porque con tantas distracciones, a veces se olvida el objetivo: la música.

Cuando los artistas aparecen, todas las fachadas se caen y sólo queda esa pura y sincera sensación que produce escuchar tantas canciones que te han acompañado como la banda sonora de tu vida.

Ayer, mientras anochecía, salió a tocar Julian Casablancas y caía una leve lluvia que no molestaba mucho a nadie, pero transcurría la segunda o tercera canción cuando, como si alguien hubiera abierto un grifo en el cielo, empezó a caer un diluvio que dejó a todos los presentes escurriendo por completo. Sin embargo, la gente no se fue, seguía ahí, coreando las canciones del cantante neoyorquino que pasaba su voz por un amplificador de guitarra Marshall y que con la energía que transmitía mantenía el calor entre el público. Él, en un gesto de agradecimiento al ver que la gente prefería mojarse a no verlo, cogió cuanta botella de agua tenía a la mano y se la echó encima, como diciendo: estoy con ustedes.

El sentimiento de agradecimiento de los artistas es infinito cuando ven ese tipo de muestras, cuando escuchan a la multitud corear una de sus canciones a grito herido. Debe ser sorprendente para bandas como Capital Cities o Phoenix venir por primera vez a Colombia, un país que probablemente sólo habían oído nombrar en geografía y cuando les dijeron que vendrían, y encontrar que miles de personas cantan sus canciones con tanta pasión. Saber que las oyen a miles de kilómetros de donde las compusieron y tocaron por primera vez, tal vez sea más gratificante que el dinero que les pagan por venir o que cualquier premio de la industria musical. El primer día del festival dejó mucha gente mojada pero feliz por haber visto presentaciones perfectas de principio a fin, desde la música y el sonido hasta las luces, las proyecciones y la puesta en escena.

 

 

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