Un peligroso “servicio”

Es fácil conseguir empleo como empleada doméstica con documentos falsos, porque las agencias de trabajo no son rigurosas. Este año en Bogotá han sido capturadas ocho falsas empleadas, acusadas de robar $2.000 millones.

El año pasado los delincuentes hurtaron cerca de 22 mil casas en el país, mediante la modalidad de “abuso de confianza”. iStock

“Estaba yo haciendo mis compras cuando como a la hora me llaman y me dicen que se entraron unas personas a la casa (…) yo inmediatamente subí a ver. Tenía un dinero en un baúl y la plata ya no estaba. Se llevaron $360 millones”. En la mente de Mónica Hernández permanecen intactos los recuerdos. De su cabeza no ha podido sacar lo que vio aquella mañana del 5 de abril de 2013, cuando entró a su cuarto: “El candado del baúl estaba roto (….) ellos sabían que la plata estaba ahí”.

Un mes antes del millonario robo, esta arquitecta bogotana de 52 años de edad había recibido un dinero con el que pensaba comprar un apartamento. Por eso decidió guardarlo en un baúl que permanecía a los pies de su cama. “Así podía estar cuidando siempre”, recuerda Mónica. Lo que estaba lejos de imaginar es que junto a ella había alguien más, también interesado en el dinero: su empleada del servicio.

Se llamaba Érika Méndez. Una guajira de 41 años de edad, quien había llegado a trabajar a casa de Mónica, siete meses antes del robo. Desde su entrada al hogar de Mónica había logrado ganarse toda su confianza.

“Me pareció una vieja chévere, humilde, querida, amable”, dice Mónica cuando recuerda la primera impresión que tuvo. “Me gustaba todo, ella se ponía su uniforme, madrugaba, hacía el oficio. Incluso más de lo que le tocaba”. Érika, por su parte, tenía una opinión similar: “Doña Mónica, pues ella era bien (…) es una muy buena persona”.

Y fue justamente la bondad de Mónica la que terminó siendo su propio cuchillo. Durante siete meses tuvo trabajando en su casa a la integrante de una peligrosa banda de delincuentes, buscada por la Policía Nacional.

“En la localidad de Usaquén se habían presentado un sinnúmero de robos a residencias y pudimos identificar una banda integrada por cinco personas”, señala el mayor Carlos Fuelagán, jefe investigativo del Grupo de Contraatracos de la Dijín. Pero estos delincuentes tenían algo particular: “Lograban infiltrar empleadas domésticas”.

Érika Méndez, la empleada de Mónica, era una de las tantas mujeres del servicio cómplices de la red. “Doña Mónica me regañaba (…) por eso les dije que la robaran”, relata fríamente Érika, quien en entrevista con el programa Séptimo Día, relató las razones que tuvo para mandar a robar a Mónica.

“Yo sentía que ella me estaba pagando mal, por eso hice lo que hice”, agregó Érika.

En febrero de 2014, tras una completa investigación por parte de la Dijín, Érika y los demás integrantes de la banda fueron capturados y el mes pasado fueron condenados a ocho años de cárcel, por los delitos de hurto agravado y porte ilegal de armas.

“Yo me sentí decepcionada, triste, pensando que botan oportunidades que les pueden servir más que una solución momentánea sacando un dinero”, concluye Mónica.

Pero este no es un caso aislado. Como Mónica, muchos colombianos han sido víctimas de sus empleadas domésticas. En lo que va corrido del año, en Bogotá han sido capturadas ocho mujeres que se ganaron la confianza de sus empleadores y literalmente los dejaron sin nada.

El coronel Javier Barrera, jefe de la Sijín en Bogotá, asegura que esta es una modalidad que va en ascenso. “Estos bandidos no son adivinos, ni tienen allá el oráculo para saber en qué apartamento es donde está el dinero o las joyas. Así que lograr infiltrar a una empleada resulta un arma de gran ayuda para ellos”.

 

* Periodista de Séptimo Día

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