‘Una minoría ha tomado el islam como rehén’

El director de cine relata en la película ‘Timbuktu’, candidata al Óscar, la ocupación de una ciudad maliense por los yihadistas.

Abderrahmane Sissako nació el 13 de octubre de 1961 en Kiffa (Mauritania). / EFE

Dos secuencias resumen el espíritu de Timbuktu, la película candidata al Óscar como mejor filme de habla no inglesa con la que el realizador mauritano Abderrahmane Sissako retrata la brutalidad y el absurdo del yihadismo. En una de ellas, un grupo de jóvenes juega al fútbol, pero sin balón, en un desafío a la prohibición de cualquier deporte por parte de los fanáticos. En otra, una mujer se enfrenta a los tipos del Kalashnikov porque se niega a ponerse guantes.

El filme ha provocado polémicas de diferente signo: después de la oleada de terrorismo que se abatió sobre Francia en enero, el alcalde de un suburbio de París, Villiers-sur-Marne, logró prohibir temporalmente su estreno porque consideraba que humanizaba a los yihadistas, mientras que un festival de cine de Tournai, en la zona valona de Bélgica, canceló su proyección por el riesgo de que se produjese un atentado. Sin embargo, la película de Sissako ha sido reconocida por la crítica francesa y estadounidense como una denuncia del fanatismo y una celebración de la tolerancia y la vida frente a la violencia.

Su película ha sido acusada de humanizar a los yihadistas. ¿Cómo responde a ello?
No lo veo como una acusación sino como una constatación de alguna gente que no tiene la costumbre de contemplar así la violencia, la barbarie. Estamos acostumbrados a mirar el mundo como si estuviese dividido entre buenos y malos. La razón por la que hice esta película es rechazar la violencia y la barbarie, pero eso no debe impedirnos mostrar a esa gente. Son personas que han tenido una infancia, que han sido normales, pero que luego han cambiado, y esa transformación las ha llevado a la yihad, pero también podía haberlas llevado a cualquier otra forma de criminalidad.

Una de las secuencias más celebradas de su filme muestra a los muchachos jugando al fútbol sin balón para esquivar la prohibición. ¿Cómo se le ocurrió ese momento?
El fútbol tiene algo de universal y, además, a diferencia del tenis, se puede jugar en cualquier lado, no hace falta un terreno específico. Es extremadamente popular y su fuerza viene de que se produce una comunión entre la gente. Me sirvo de esa secuencia para mostrar la cohesión, la armonía en la resistencia. Habla de la resistencia pacífica, de la verdadera victoria.

También muestra a un imán que echa a los yihadistas de su mezquita. ¿Trata de mostrar con ese personaje que también existe un islam tolerante?
Le daría la vuelta a su pregunta. Toda religión debe de ser así, toda religión debe estar al servicio de la humanidad, de la concordia, de la tolerancia. En el caso del islam, una minoría lo tiene tomado como rehén, nadie nace con una barba y un Kalashnikov. El imán representa los principios del islam en los que he sido educado, los valores que simboliza Tombuctú, que también son universales.

¿Se siente amenazado después del éxito que ha alcanzado su película?
Es una pregunta difícil. Prefiero no sentirme amenazado.

En su filme hay momentos de humor en medio de la tragedia. ¿Cree que el humor es importante para narrar una historia?
El humor es comunicación, es un elemento esencial para contar las cosas. El humor debe ser utilizado como un elemento narrativo porque una película no trata de alcanzar la verdad, no es una declaración, es otra cosa. Debe tomar distancia para permitir que sea el espectador el que escoja. Es un elemento más, como los movimientos de la cámara, la música, todo eso forma parte del diálogo con el público.

Temas relacionados
últimas noticias