Viajar para buscar el sonido

La más reciente producción de Foo Fighters explora algunas de las raíces del rock estadounidense. La agrupación estará en Bogotá el 31 de enero.

Dave Grohl, cantante, guitarrista y fundador de Foo Fighters. / Flickr: remixyourface

De cierta forma, el viaje musical que Foo Fighters emprendió para su más reciente disco (Sonic Highways, 2014) es un producto de Sound City, el documental que Dave Grohl, líder de la banda, estrenó en 2013 y que narra la historia del estudio musical de Los Ángeles del mismo nombre en el cual grabaron discos icónicos artistas que también pueden catalogarse como icónicos: Tom Petty, Fleetwood Mac, Neil Young y Nirvana, por mencionar algunos.

El documental, además de contar la historia del estudio, las idas y venidas de una instalación en la que se definió una parte del rock and roll de tres décadas, se centra en la consola de grabación del lugar para adentrarse en una conversación que apasiona a Grohl: la forma como se hace música en una era primordialmente digital. El guitarrista y cantante contrapone las facilidades de la tecnología y el sentimiento, el corazón, de un arte mediado por un computador.

Nostálgico, quizá. Algo evangelizador, tal vez. Pero no por esto menos relevante. El músico ha establecido una conversación alrededor del elemento humano en la producción musical que se realiza en una era definida por los avances en la técnica, pero tal vez no por la sustancia de la música como tal. Una discusión que, claro, tiene matices y que inclinada completamente contra la tecnología produciría las mismas falacias que en el escenario contrario, o sea el de una apología del progreso de las máquinas.

Aunque Grohl no es el primero en hacerlo, pues este es apenas un capítulo de una discusión más amplia (¿cómo afecta y define el avance tecnológico la producción artística en general?), sí resulta llamativo que lo haga una figura de talla mundial, una expresión manida que, sin embargo, está a la altura del personaje, o al menos a la de su reconocimiento público.

Sonic Highways, el álbum, nace justamente en el cruce de caminos entre la producción musical de una banda y la inquietud de sus miembros (notablemente Grohl) por intentar volver a una especie de territorio virgen en donde habita la creatividad, que en este caso se conoce como las raíces, sean las que sean. El disco sigue un poco la línea ya establecida en Wasting Light, la producción anterior del grupo (2011), grabada enteramente en el garaje del cantante y guitarrista, pero lleva el experimento un paso más allá. Ocho pasos y cientos de kilómetros más allá, para ser algo más exactos.

El disco es el producto de una serie de viajes por ocho ciudades de Estados Unidos en las cuales se grabó una canción del álbum. Ocho temas que intentan retomar algo de la tradición musical de lugares como Chicago, Washington, Nashville, Seattle, Nueva Orleans, Austin y Joshua Tree.

Además del álbum, Sonic Highways también es el título de una serie documental de HBO que sigue a Grohl y su banda a través de su viaje musical, en el cual se hacen entrevistas a íconos del rock estadounidense con la intención, latente, de desentrañar algunas de las claves musicales de los lugares y sus sonidos.

La crítica recibió el álbum con algo de escepticismo por las grandes ambiciones de la producción y algunos especialistas aseguraron que las influencias de los lugares que visitó la banda (que se materializaron en la contribución de músicos invitados como Rick Nielsen o Zac Brown) terminaron por diluirse en una especie de fórmula Foo Fighters de cómo hacer música; buenas intenciones, pero resultados predecibles, en palabras de algunos críticos. “La serie de televisión puede parecer que tratase sobre las contracorrientes de la música estadounidense, pero en realidad es acerca de la búsqueda de los héroes de un individuo”, escribió Ben Ratliff en el diario The New York Times.

Más allá de estos juicios, el disco presenta momentos notables en canciones como The Feast and the Famine, uno de los sencillos del álbum, que transcurre en una velocidad muy propia de la banda, un ritmo similar por momentos, quizá, a Monkey Wrench (The Colour and the Shape, 2007).

También está Congregation (tema grabado en Nashville), que tiene un coro pegajoso y letras muy cercanas a la agenda ideológica de Grohl, por llamarla de alguna forma: “La voz en el escenario / es el corazón en la jaula / Hay misterio en esta madera / Y fantasmas en estas raíces / que están enredadas muy en el fondo de este suelo del Sur”. La canción tiene, quizá, uno de los pasajes más bellos de todo el álbum: la música baja de ritmo, la batería pasa de los platillos duros para apenas conservar un sencillo golpe de redoblante, y en el fondo sigue una guitarra insistente a la que se superpone otra que va escarbando una melodía diferente para comenzar a subir de velocidad e intensidad; en esos momentos Grohl canta: “Y se necesita fe ciega / No falsa esperanza / No falsa esperanza / ¿Tienes fe ciega? / No falsa esperanza / No falsa esperanza / ¿Dónde está tu fe ciega? / No falsa esperanza / No falsa esperanza / Abre los ojos, abre los ojos / Sal a la luz / Abre los ojos, sal a la luz / El sonido se hace”.

Aunque el disco puede tomar elementos de la propia producción de la banda, la intención de Grohl y compañía puede constituir un intento refrescante de aproximarse a la forma de grabación de un nuevo álbum, además de continuar ampliando una discusión que, en últimas, es vital para cualquier industria cultural.

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@troskiller

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