Yo versus yo

Facebook está desarrollando una herramienta para evitar que los usuarios suban fotos vergonzosas de sí mismos.

Una ‘selfie’ tomada en Bangkok durante el cumpleaños número 87 del rey tailandés Bhumibol Adulyadej. / AFP

El término inteligencia artificial suele ser asociado con la ciencia ficción y tiende a formar parte de una narrativa en la que los carros voladores existen y las máquinas han tomado el control de parte de las molestas funciones de la vida diaria, tareas como borrar las fotos embarazosas que se suben a redes sociales o incluso evitar que sean puestas en línea en primer lugar.

Esta es una de las funciones que está desarrollando Facebook a través de su Laboratorio de Investigación en Inteligencia Artificial (FAIR, por sus siglas en inglés): evitar que un usuario suba una selfie vergonzosa, una especie de autorretrato capturado, digamos, cuando el alcohol está al mando de la persona.

La tecnología detrás de esta tarea es, principalmente, un asunto que tiene que ver con reconocimiento de imágenes y un término que, si bien ha existido desde los años 80, ha comenzado a despegar en serio recientemente: aprendizaje profundo (deep learning, en inglés), o sea, llevar a una máquina muy cerca de los límites bajo los cuales un cerebro humano aprende, discierne y, en últimas, decide.

La meta del FAIR es apenas uno más de los experimentos en inteligencia artificial que han emprendido virtualmente todas las grandes compañías de la red, notablemente Google, que hace unos años anunció que había logrado que un computador lograra identificar, por sí solo, qué es un gato: sin parámetros preestablecidos, la máquina, después de analizar cientos de miles de imágenes al azar y de contenido variado, ‘entendió’ qué es un gato, en una forma muy similar a como un niño aprende qué es qué en el mundo.

Aunque nadie ha declarado que cosas como esta significan que una máquina puede pensar, lo que sí parece dejar claro es que, con enormes cantidades de datos, el algoritmo correcto puede encontrar respuestas sin necesidad de instrucciones previamente trazadas.

Pero la intención de Facebook resulta atractiva por otras razones, pues entra en el terreno de la selfie, una forma de fotografía que se ha convertido en uno de los caminos más ampliamente transitados para describir el mundo, al menos desde una perspectiva digital: de cierta manera, la selfie se ha tornado en una especie de narrativa para acercarse a la experiencia personal de millones, así este rastro sea inconexo, banal, incoherente, aunque también bello y cargado de significado.

El auge de esta suerte de autorretrato es particularmente interesante en una época en la que, cada vez más, la fotografía parece haberse tornado en el documento por excelencia: en cierto sentido la imagen define la experiencia del mundo, o al menos una perspectiva de éste, y no al revés. Y si bien esta hipótesis puede no ser novedosa e incluso resultar obvia, el alcance de la premisa es cada vez mayor gracias a la multiplicación de las cámaras y los canales de distribución de las imágenes.

En este panorama, ¿qué dice que la selfie sea una de las formas más utilizadas de fotografía? ¿Dice algo, después de todo? ¿Es apenas una tendencia?

Y aquí puede haber dos variables: el uso extendido de la selfie, ya se ha dicho, es una forma de experimentar el mundo o una forma de presentarse ante el mundo; claro, también puede ser una combinación de ambas, pero con seguridad hay una modalidad dominante.

La primera, para algunos, puede resultar una opción algo etérea y acaso inútil: la preocupación eterna por registrar, pero no por vivir, en tanto el registro se convierte en una carga pesada de archivos que raramente son vistos de nuevo, sino apenas peso muerto en un disco duro. Sí, cientos de personas tomaron sus propias fotos en la última elección papal en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano: ¿en qué se diferencian éstas de las imágenes que vieron millones más a través de CNN?

El otro camino, el de presentarse ante el mundo, tiene otras variables, algunas de las cuales rayan en el narcisismo y la egolatría, asuntos que quizá se enlazan con algo más grande y es la forma como las personas entienden y analizan las imágenes. Hoy existe una buena evidencia científica para entender que las personas suelen conectarse más rápida y profundamente con las imágenes que presentan rostros humanos. Y bajo esta luz el auge de la selfie, tal vez, representa la forma más eficiente de documentar desde una perspectiva íntima el acontecer visual de millones de individuos.

 

 

[email protected]

@troskiller

 

últimas noticias

Adiós a la "Reina del Soul"

Carolina Rueda, cuentera por 30 años