París exhibe obra de Yves Saint-Laurent

Pierre Bergé, su compañero sentimental, presentó la exposición retrospectiva que se ve en el Petit Palais.

El Petit Palais muestra la creación del maestro Yves Saint Laurent (1936-2008), el modisto que quiso ante todo "servir a las mujeres", con una retrospectiva monumental que hasta el próximo 29 de agosto reúne más de 300 modelos suyos, videos, documentos y una reconstrucción de su taller.

El principal promotor de la muestra, cofundador de la firma YSL y amigo más próximo al artista, el empresario Pierre Bergé, subrayó este lunes su objetivo con esta exposición: "Poner en presente una obra y descubrirla a quienes la conocen mal".

Visiblemente emocionado, a veces casi al borde del llanto mientras respondía las preguntas de la prensa, el que fue también compañero sentimental del modisto rechazó por completo la idea de que pudiese ser una exposición-testamento.

"¿Un testamento para legar qué a quién? Hoy no hay nadie para recoger ese testamento", recalcó, convencido de que no existe ningún joven estilista a quien él pudiera ayudar a crear su obra como hizo con Saint Laurent.

Rememoró entre otros momentos fundamentales las dificultades que atravesó con su amigo en 1961, durante varios meses, para poder crear su propia casa de costura, lo que consiguieron finalmente en enero de 1962.

Ahora, "los jalones de toda una vida están ahí, y sobre todo los de la creación de Yves Saint Laurent, que son enormes", destacó.

La primera sahariana, el primer traje pantalón, el primer esmoquin... "Todo eso parece moda, pero va un poco más lejos", resaltó.

Citó como ejemplo de ese "más allá de la moda" el traje pantalón que Saint Laurent fue el primero en colocar sobre el cuerpo femenino, y que fue en realidad un verdadero "manifiesto social".

Como prueba de ello contó la "historia dentro de la historia", ocurrida hace décadas en Nueva York, cuando les "pusieron en la puerta en una decena de restaurantes" porque su acompañante femenina llevaba pantalones, y terminaron comiendo en la habitación del hotel.

"Si debemos definir a Yves Saint Laurent diría que sí, que fue un artista, pero que sabía muy bien que la moda no era un arte" añadió. Él trabajaba "con limitaciones absolutas", algo que mucha gente olvida por desgracia, y el mayor límite de su arte "era el cuerpo de la mujer", destacó Bergé.

Saint Laurent sabía que un vestido "debía ser portado, que no se vestía de fantasías", y que no era gratuito, sino que servía para algo, "que tenía una definición y una verdadera utilidad".

La moda debe permitir que la mujer "se sienta segura, se sienta ella misma, y confortable", y ese era en todo caso el objetivo que persiguió Saint Laurent, aseguró.

Era un artista "que no olvidó nunca estrictamente cuál era su oficio y su oficio era eso, servir a las mujeres", tarea a la que se dedicó con "inmenso rigor" y "gran integridad", sin dispersarse jamás, subrayó Bergé.

Añadió que Saint Laurent era un modisto a quien "no le gustaba la moda".
"Esto es muy importante", pues pensaba que la moda destruía la creación, y que lo interesante era ofrecer "un estilo", y eso es lo que se ve aquí en esta exposición.

Al contemplar los modelos exhibidos "se comprende muy bien que hay un hilo conductor que une desde el primero al último modelo, y que ese hilo conductor se llama estilo", consideró.

Elegir las prendas que iban a resumir los momentos principales de la obra de su amigo "fue un trabajo que se hizo muy fácilmente, pues poseemos la totalidad de la obra de YSL", recordó Bergé.

La muestra recrea la carrera del modisto, hasta su último desfile, presentado en el Centro Pompidou en 2002, desde su primera colección para la firma Christian Dior.

Firma en la que comenzó a trabajar en 1955 y donde aprendió "todo lo que sabía" de su mentor, Christian Dior, cuya muerte prematura, en 1957, colocó también precozmente a Saint Laurent al frente de la célebre casa de costura, donde comenzó a crear su nuevo concepto de mujer.

Con él triunfó desde el primer momento y conquistó la gloria internacional con su colección ‘Trapecio', en 1958, en la que abandonó el corsé y comenzó a liberar el cuerpo de la mujer, fabulosa intuición del deseo de libertad que estallaría en la década de los años 60 del siglo pasado.

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