El cuento chino de la moda

El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York presenta “Chinese whispers: Tales of the east in art, film, and fashion”.

Este diseño de John Galliano fue presentado en París e hizo parte de la colección “Christian Dior 1997/98 Fall/Winter ready-to-wear”. / AFP

La tradicional exposición del Costume Institute del MET, bajo el mando del curador del museo, Andrew Bolton, y con la dirección artística del exitoso cineasta chino Wong Kar-Wai, reúne en esta ocasión más de cien diseños y pretende hacer un recorrido por la moda de alta costura influenciada por el país oriental. En ella se incluyen diseños de Jean Paul Gaultier, Alexander McQueen, Chanel, entre otros.

Los inicios de la inspiración de la cultura china en la moda de Occidente datan del siglo XVIII, cuando la ruta de la seda pasó por Italia. Con ella llegaron los increíbles y delicados tejidos provenientes de China. Los sastres de la época comenzaron a incluir en sus diseños los maravillosos estampados característicos de la antigua Asia, como dragones, flores y por supuesto, los finos trazos de la porcelana china. Así se dio inicio al boom de la cultura china en la moda occidental llamado Chinoiserie (chinería).

Pero a quien se considera el precursor de la “orientalización” de la moda es al diseñador parisino Paul Poiret, gracias a su famoso abrigo llamado Confucius, inspirado en las siluetas de los vestidos del lejano país. De mangas anchas, solapas coloridas y corte de caída libre, en 1903 esta particular prenda salió a la venta y rápidamente se agotó, demostrando que no existe una verdad absoluta respecto a los cánones de moda. La tendencia contradijo además la idea de que la mujer debía vestir piezas sumamente ajustadas como los corsés.

Posteriormente a la creación del abrigo Confucius, el sastre propuso prendas irreverentes como el pantalón Harem, inspirado en Persia, y vestidos de gala holgados pero con el toque exacto de feminidad. El impacto que produjo Paul Poiret en la moda de las últimas décadas le valió la exhibición del Costume Institute Gala en 2007 llamada, Paul Poiret, el rey de la moda.

A finales de los años setenta el creativo Yves Saint Laurent causó controversia y tuvo un rotundo éxito al presentar una colección en honor a China en la que incluyó diferentes versiones de la chaqueta Mao, una pieza creada para Mao Zedong, el dirigente más importante del partido comunista de China en 1949, y caracterizada por tener una estructura recta, cuello alto y botones en la parte delantera. Antes de que Saint Laurent llevara la chaqueta Mao a las pasarelas, esta se puso de moda en el Londres sesentero gracias a los jóvenes que apoyaban los movimientos de izquierda.

Publicaciones de moda como la revista Vogue comenzaron a referenciar en sus páginas la influencia de la cultura asiática, catapultando esta tendencia durante los años siguientes con muestras como la de Christian Lacroix en 1990. Hacia 1997, John Galliano presentó su primera colección para Christian Dior. Dejó a la prensa boquiabierta gracias a la magnífica manera en que evocó la esencia de China en diseños impecables, imitando una especie de túnica construida sobre sedas coloridas y vibrantes como el dorado y verde satinado, con apliques de perlas y estampados florales que recordaban los jardines chinos. En el mismo año, la actriz Nicole Kidman asistió a la gala de los premios Óscar con un perfecto diseño de Galliano, llevando esta tendencia a otro nivel.

Luego de la aparición de Kidman en la alfombra roja de la noche más importante del cine, el diario The Independent afirmó: “John Galliano logró que las colecciones de alta costura se convirtieran en el lugar para que los estilistas de Hollywood buscaran grandes vestidos de entrada. Antes los actores simplemente recurrían a la moda ready-to-wear“.

Al modisto británico lo siguieron genios de la moda como Tom Ford para Yves Saint Laurent (2004), Roberto Cavalli (2005), Sarah Burton para Alexander McQueen y Ralph Lauren (2011), y cada uno imprimió su sello en diseños que demostraban la pulcritud de la cultura china: suntuosa pero simple al mismo tiempo. Exuberante y enigmática, con pinceladas de tradiciones coloridas.

Hoy China aterriza en Nueva York a través de piezas de lujo que pocos han tenido la fortuna de admirar con sus propios ojos. Glamur, elegancia y finura se combinan en una exhibición de arte antiguo hasta nuestros tiempos. Si usted está en La Gran Manzana, dese un respiro en la rutina o incluya en su plan de vacaciones una visita al MET y deléitese con lo mejor de la alta costura que con el paso del tiempo ha honrado a la bella cultura del país oriental.

 

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