La vieja puñalada contra la cultura

El fotógrafo catalán Joan Fontcuberta reflexiona en su trabajo 'Deletrix' sobre la censura, la imagen y la libertad de expresión.

Joan Fontcuberta durante la apertura de la exposición ‘Deletrix’, en Barcelona.

Para dar de puñaladas se necesita odiar, desear castigar, producir cicatrices. Deletrix, un libro y una exposición sobre la historia de la censura coordinados por Joan Fontcuberta, que se inaugura el martes en el Art Santa Mónica de Barcelona, reproducen la portada acuchillada del Novum Testamentum Omne (Basilea, 1522), de Erasmo de Rotterdam. Cinco cortes profundos sobre la tapa con los que el censor, arrastrado por su fanatismo, mostró su rabia. Un ejemplo de intransigencia religiosa, pero Deletrix se adentra también en los intentos de limitar la libertad de pensar y de expresarse en la filosofía, la literatura, la música y la medicina. A las 15 páginas, con textos amputados, partituras tachadas o imágenes médicas emborronadas de los siglos XVI, XVII y XVIII, se suman textos de escritores que conocen bien las agresiones que genera el fanatismo, como Salman Rushdie o Herta Müller.

Como fotógrafo, Fontcuberta (Barcelona, 1955) trabaja sobre la idea de representación y ficción, pero en Deletrix no hay manipulación. En este caso, se ha decantado por un trabajo fotográfico estrictamente documental, en el que reproduce la página elegida y el propio gesto del censor. Le interesan los textos dañados por su contenido simbólico. El motor de la serie es la búsqueda y la acumulación; la dificultad, en este caso, estriba en la búsqueda y en la reproducción de un material incunable que ni siquiera se puede tocar con las manos y para el que se necesita un trabajo delicado de iluminación.

Fontcuberta lleva años recorriendo archivos y bibliotecas a la caza de originales censurados. La base del trabajo se ha llevado a cabo en Europa y Canadá, pero localizar libros cuyas páginas fueron tachadas o arrancadas en bibliotecas enormes, como la universitaria de Quebec donde disponen de más de 500.000 ejemplares y en las que ni los propios archiveros conocen la totalidad de la obra guardada, depende en algunos casos de la casualidad y/o la suerte. Por ello lo afronta como un trabajo de largo alcance que tuvo su primera exposición pública con el cartel para conmemorar el Día Internacional del Escritor Perseguido de 2011. Ahí contactó a Manel Guerrero, comisario de la muestra que se inaugura el martes en el Arts Santa Mónica, y decidieron que el trabajo tuviera una continuación como una reflexión sobre la censura, la imagen y la ocultación de información, un trabajo muy cercano al que realiza el PEN catalán, que también colabora en el proyecto.

Los testimonios mudos de la intolerancia extraídos de nuestra herencia cultural que ha recogido se enfrentan con los peligros del presente, representado en las voces de escritores como Salman Rushdie, quien recurre a la novela El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov, y a la vida de su autor, cuya relación con Stalin destruyó su vida aunque no consiguiera acabar con su obra literaria, para ilustrar una lucha que todavía prosigue. “Los manuscritos no arden, pero los escritores sí”, cuenta el autor de Hijos de la medianoche y llama la atención sobre los escritores árabes que viven exilados para poder escribir y pone el foco en el escritor Tahar Djaut, asesinado por fundamentalistas islamistas en 1993. “Desgraciadamente, no se trata de una historia única en absoluto. Las novelas de Tahar Djaut, su poesía y sus artículos sobreviven. El escritor, desgraciadamente, está muerto”.

La escritora rumana Herta Müller recurre a pasajes de su propia vida para denunciar las limitaciones de la manera de pensar: “En la Rumanía de Ceausescu la palabra maleta era un término emotivo porque era un sueño colectivo de la gente que abandonaba el país y la palabra maleta sugería ese deseo, y por tanto irritaba al régimen. Frontera era otro término similar y todo el vocabulario que sugiriese una crítica del Estado en el sentido más amplio. En un texto de los primeros que escribí sobre la deportación de mi madre a un campo soviético, la palabra Rusia fue sustituida por 'un lejano país extranjero'. Además de términos emotivos, también había temas emotivos. Le daban al censor rienda suelta porque él se podía distinguir como un buen supervisor y mutilar textos como le viniera en gana. ¿Qué se supone que se permite en la literatura si pesimismo y decadencia están prohibidos?, ¿y si todo lo erótico es clasificado como pornografía prohibida? Los dictadores son siempre mojigatos”.

Deletrix muestra el intento de preservar los dogmas sin fisuras, los lenguajes que quedaron en suspenso y los gestos de agresión -innecesarios e inútiles- pero que filtrados por el tiempo pueden contemplarse como obras abstractas. Para Fontcuberta remiten a la plasticidad de un Pollock, un Tàpies o un Mathieu, pero ¿redime la estética la violencia? “El horror o la tragedia pueden ser convertidos por la imagen en algo que puede complacer los sentidos. Se trata de un efecto de arrastre que conviene evitar, si se puede. Fotografiados como las vemos, las imágenes toman distancia del hecho y se nos presentan con una distancia que mitiga la historia del dolor que hay detrás”.

 

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