La historia oficial, escrita con mayúsculas, corresponde a esa época que se conoce como La Violencia. La historia más íntima, acaso la más humana, es la aventura amorosa de una pareja que transcurre, justamente, en aquellos tiempos. La tensión entre ambas historias está en el centro de Amar y temer, la nueva producción que el Canal Caracol lanza este miércoles en horario estelar.
Protagonizada por Diana Hoyos, Salvador del Solar y Nicolás Montero, la telenovela cuenta la historia de Alicia Aragón, una mujer huérfana que está obligada a casarse con Pascual Ordóñez, terrateniente y líder del directorio conservador de Güicán (Boyacá), para asegurar su subsistencia. Sin embargo, el espíritu contestatario de Aragón no la dejará cumplir el papel de esposa abnegada. Mientras todo eso ocurre, en Bogotá el boxeador Simón Oviedo, interpretado por Del Solar, enfrenta un dilema: escucha el ruego de un oponente que le pide que lo deje ganar para salvar su vida.
Más allá de que esas dos historias terminarán cruzándose, en el trasfondo de Amar y temer hay una poderosa reflexión: es necesario recordar el pasado para pensar el presente. “Es una época muy interesante porque enmarca lo que nosotros vivimos hoy en día”, afirma Andrés Bierman, uno de los directores de la telenovela. “Todos esos hechos históricos nos ayudan a vislumbrar el presente”, agrega.
Bierman, que dirige la telenovela junto con Germán Porras, leyó La Violencia en Colombia, del sociólogo Orlando Fals Borda, para entender lo esencial de aquella época. No eran días fáciles. Al margen de esa guerra civil que apenas se iniciaba, un aspecto crucial de esos años fue que las mujeres empezaron a luchar por sus derechos. En ese sentido, Alicia Aragón —su renuncia al rol que la sociedad le imponía como mujer— es un caso notable e ilustrativo.
Para Germán Porras, la época de los 50 en Colombia representa, aparte de la violencia, un modelo de elegancia y buen gusto. “Venimos de ciudades donde había unas manifestaciones literarias y culturales fuertes”, sostiene. Sin embargo, Porras no evita ser crítico con la manera como los colombianos asumimos el legado: “Bogotá era muy clásica, pero toda esa arquitectura republicana, toda esa literatura y todo ese glamour se ha ido perdiendo. La modernidad nos apabulló”. Por esa razón, y siempre en las palabras de Porras, “Amar y temer es una mirada a una manera de expresar el amor, de vivir, que a pesar de todo lo convulsionado de la política tenía un encanto particular”.
Haciendo memoria
“Realmente se ha hecho muy poco de la época de los 50”, afirma Andrés Bierman, uno de los directores de Amar y temer. “Casi todo lo que se hizo —añade— tiene que ver más con el Bogotazo”.
Detrás de las afirmaciones hay tal vez una certeza: la televisión colombiana vuelve a mirar a la historia. Esa posible tendencia puede tener que ver con el hecho de que el narcotráfico, al menos como tema, está agotándose.
“Son como etapas”, sostiene Germán Porras, quien ve en ambas búsquedas un gran interrogante: “¿Desde cuándo dejamos de ser un pueblo medianamente preparado para convertirnos en un pueblo tan violento y tan salvaje?”.