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Hace un año en el FICCI ‘Chocó’ abrió el festival y en esta, cierra con premios en películas como ‘Deshora’ y ‘Anina’. ¿Cartagena y las historias que usted está contando se han convertido en un escenario muy importante para la producción que ha venido desarrollando?
La mayoría de festivales adopta a ciertos directores, en este nuevo ciclo de Cartagena yo siento que me han adoptado, yo no sé si ha sido a propósito o no, pero creo que el pueblo sí me guarda un cariño impresionante y yo le guardo un cariño a Cartagena, es una ciudad emblemática, que desde que ‘Chocó’ abrió el festival del año pasado me ha recibido con aplausos, cariño; la gente en las calles es lo máximo, te paran y empiezan a comentarte sobre lo que ellos ven en la película, y eso es tan bonito: se seguía hablando de Chocó y para mí era como ¡wow! qué bonito que se acuerde la gente de la película. El público asistió a ver a ‘Anina’, ‘Deshora’, ‘Sin otoño, sin primavera’ que eran las películas que teníamos nosotros como prueba, las que tenía yo como productor y cuando era la presentación de las películas la gente todavía se acordaba de ‘Chocó’ y se sentaba a verlas con gusto porque sentía que era un cine como muy genuino, con una identidad, eso me enamoró mucho y va a hacer que yo tenga todas la intenciones de volver a ‘El Festival de Cine de Cartagena’ cuantas veces sea necesario y ojala con buenas películas, el año pasado también nos ganamos un premio del público, este año nos ganamos los premios a Mejor Película y Mejor Director: Alfredo Soderguit con ‘Anina’, Mejor Actor: Alejandro Buitrago por ‘Deshora’.
¿Qué significa hacer coproducción en ‘Deshora’ y ‘Anina’?, sobre todo para efectos de un cine nacional en el que si bien hay una mayor producción de películas, muchos suelen quejarse de que sus películas quedan guardadas.
La gente no ha notado que hacer coproducción es hacer que la película sea de un país más grande, es permitirle romper las fronteras y aprovechar ese idioma que tanto hablamos en Latinoamérica como una rama para unirnos, es decir, Estados Unidos tiene su Hollywood, tiene un país excesivamente grande, enorme, en donde obviamente tienen unas pantallas que los favorecen a ellos, es decir, el mercado está hecho exclusivamente para que las películas se recuperen directamente en su sitio. Yo siempre le digo a todo el mundo “no les parece extraño que nosotros teniendo un territorio tan grande que habla español, todavía estemos mirando y esperando que nuestras películas queden seleccionadas para un solo premio en los Oscar en la categoría de “mejor película no hablada en inglés”; nosotros deberíamos crear un premio latinoamericano, deberíamos apoyarnos, cobijarnos mutuamente, por eso me parece que el poder que tiene la coproducción es precisamente que nos podamos ver y apoyar en los dos territorios, y ese margen de pérdida sea cada vez menor.
Además, porque a Latinoamérica la cruzan historias comunes, casi que las realidades son muy similares...
El solo hecho de que hablemos español todos ya nos hace particularmente unidos, y nos pone a hablar de las mismas cosas. Allá hablarán con determinando acento y aquí la gente hablará de otra manera, pero nos pone a hablar del petróleo como hablamos en Colombia, Brasil, Venezuela, Ecuador; somos muy parecidos en Latinoamérica. Tendremos acentos diferentes y unos seremos un poquito más quemados que otros, pero realmente la esencia es la misma, venimos del mismo lado, entonces por qué no aprovechar eso, por qué no tratar de que nuestras historias sean más universales y que realmente nos podamos apoyar entre todos y que eso haga que nuestras películas sean: uno, más económicas; dos, contar con la posibilidad de tener mayor trascendencia.
Hablemos de ‘Deshora’, es una historia que seguramente toca una fibra sensible en Latinoamérica, por ser muy homofóbicos y se propone una especie de tercería en términos de las relaciones afectivas, en donde la masculinidad se muestra sin tapujos, esa historia es universal por abordar temas muy sensibles...
Hice ‘Chocó’, que es una película que de una u otra forma se enmarca en el “no machismo”, digámoslo así, y en ‘Deshora’ empezamos como a buscarle las salidas y en cuanto a que tenemos unos territorios bastante machistas y homofóbicos. A pesar de que la película no te confronta, no es una película homosexual, es una película que plantea que entre hombres hay una línea. Entre mujeres y mujeres hay una línea gris, que todas la suelen pasar y como que están blindadas; si dos mujeres se besan es sexy, si las dos mujeres se desnudan lo pueden hacer, en un baño se pueden cambiar y es más, se comparten ciertas ropas, ciertos vestidos y está bien; pero entre hombres no pasa eso porque hay una línea gruesa que el machismo y la homofobia no nos permite cruzar, y a eso va la película: habla del deseo realmente, de cómo de una u otra forma vos podes sentir la necesidad de estar cerca de alguien, sin que eso te pueda tachar de homosexual, de gay.
Y saltamos a ‘Anina’, con otro tema, en este caso, más para los niños. ‘Anina’ es una palabra que es un palíndromo que uno la lee al derecho y al revés y se lee igual, pero ‘Anina’ tiene una circunstancia especial como niña y no es bien tratada en su entorno escolar, la película es para un público familiar, es para tocar otro tipo de realidades. Primero la estrenan en Berlín y gana un premio en Cartagena, luego en Buenos Aires. Cuéntenos un poco más de ‘Anina’.
‘Anina’ es una película especial por la historia que tiene en mi vida; yo estoy escribiendo una película de terror en ese momento y me entregan el guión de ‘Anina’, una película animada, de una niña pelirroja fantástica y digo no, yo no voy a hacer esto, cuando llego a la casa y tiro el guión encima de la mesa y efectivamente no lo empiezo a leer, mi hijo que en ese momento tenía cino años y medio y estaba empezando apenas a leer algo tartamudeando, se lee la sinopsis de la película, va y me despierta y me dice: “Papá, encontré la película que tú vas a hacer y que yo voy a poder ver en salas de cine”, y le dije “¿y cómo se llama? y me dice “’Anina’, me encanta, necesito que la hagas”, y a partir de allí yo me involucro con la película emocionalmente porque mi hijo es la persona más cercana a mí y me dice eso. Leo el guión -es fantástico- y de inmediato llamo a los productores uruguayos y les digo que yo tengo que estar en la película y empezamos un proceso y a mirar cuál era la manera de hacerla y de verdad la película parece una película colombiana porque tuvimos equipo, mano de obra real trabajando para ella, desde diseñadores, animadores, la parte del sonido, la parte de la post-producción y demás.
‘Anina’ es una historia muy nuestra, latinoamericana, a pesar de que tengan los vestidos uruguayos, que hablan con una acento uruguayo, es un acento sureño muy neutro, digámoslo así, pero sigue siendo un acento uruguayo y a pesar de que tiene todo eso uno siente que los niños se identifican en Latinoamérica con ella; yo veía los niños en Cartagena y ellos se morían de la risa viendo la película porque hay cosas que la historia narra o que la película cuenta sobre esa presión que hay en los colegios por parte de ciertos profesores, esos lemas o esos dichos de que “la letra con sangre entra” y también esas discusiones que hay entre niños, entre el feo y el bonito, el gordo y el flaco, el grande y el pequeño, son discusiones que se ven en los colegios y que amedrentan a ciertos de niños o que realzan la autoestima de otros.
¿Cómo una película con director uruguayo gana en Colombia?, esto puede generar molestia, ¿Qué deberíamos aprender en Colombia de los procesos de coproducción?
Lo que pasa es que nosotros vivimos en un regionalismo que es absurdo, lo vivimos dentro de Colombia, cómo no lo vamos a vivir fuera de ella, es decir, es difícil encontrar cooperación entre Chocó y Risaralda, más difícil es encontrar cooperación entre Colombia y Uruguay; la película es netamente colombiana, tenemos todos los estatutos que lo cobijan como un proyecto colombiano y en eso no hay nada que hacer. Ahora bien, lo que yo sí creo que se ha aprendido mucho y que se debe seguir aprendiendo es que las coproducciones permiten que las películas escalen, es decir, yo recuerdo que cuando ‘Los Viajes del Viento” y lo hablaba con Ciro Guerra después de la premiación le dije “van a odiar a todo el mundo” y me dijo “no, no crea, estamos aprendiendo, estamos creciendo como industria”. Él me decía “yo recuerdo que cuando tuve Los Viajes del Viento en Cannes la película era colombo-argentina y en Colombia nadie habló de que la película era colombo-argentina”, pero Argentina tenía el poster y hablaba de la película como una película genuinamente Argentina, el director no era argentino. De ahí para acá se han venido películas como “Roa”, “El Páramo”, ¿por qué no hacerlo viceversa?, es decir, si ellos han patrocinado a ciertos directores colombianos ¿por qué no podemos nosotros patrocinar ciertos directores uruguayos o argentinos? Hay mucho por aprender: unirnos como latinos que somos y observar esas problemáticas que son muy comunes, genuinas, de nuestro territorio.
Usted tiene una especie de reparos a la nueva ley de cine en Colombia porque genera unos desequilibrios, en su opinión ¿Cuáles son esos desequilibrios?
Todas las cosas buenas traen cosas malas, y las cosas malas traen cosas buenas, eso es como que no podemos contentar a todo el mundo. La nueva ley de cine logra una apertura enorme y permite que tengamos una cinematografía pujante, que todo el mundo tenga un trabajo y seguramente muchos mejor pagos, que se hagan muchas películas de Hollywood en Colombia y por ende que nuestro territorio sea más visto, más conocido, falta ver qué tipo de historias contarán pero seguramente va a venir una marea de productores de Hollywood y de otros a hacer películas en Colombia. Eso hace que nuestra industria crezca. Ahora bien, eso también agota nuestra industria pensándolo desde la perspectiva de que lo que tiene Hollywood para pagar por un cierre de calles, por un actor, por un director de fotografía, por un guionista, por lo que sea, es mucho más de lo que tenemos nosotros en Colombia, entonces lo que sí juega eso en contra es que antes del amanecer, nuestro cine, la industria, el que hace posible que nuestros directores hagan cine bien, que nuestros guionistas se preocupen por hacer historias muy nuestras, ese cine empieza a cojear, empieza a perecer, ¿Por qué? Porque difícilmente va a lograr equiparar económicamente lo que están ofreciendo los que recién llegan. Va a haber mayor número de películas y ahora hay un escenario enorme de películas colombianas pero en la medida en que vaya pasando el tiempo cada vez serán más las películas extranjeras rodadas en Colombia y menor el número de películas rodadas en Colombia por directores colombianos.
Cuando queremos figurar por fuera pensamos en los Oscar y en esa categoría minúscula que es la “película de habla no inglesa” en donde nos podrían nominar e hicimos carrera los dos últimos años con una película, pero usted piensa en una cosa un poco más grande ¿Por qué no hacer unos premios para Latinoamérica?
Yo no sé cómo sería, pero se han recorrido ciertos caminos, la Academia Cinematográfica Colombiana en Cartagena se reúne con ciertas academias internacionales y yo me imagino que va por el mismo camino de la unidad, que es el camino de asumir que el mundo está en crisis, todos están mirando hacia Latinoamérica. Ahora, por qué no aprovechamos eso y creamos nuestros premios, que no sean las películas las que esperamos nos escojan por milagro, de suerte, sino que nosotros escojamos y que demos un premio de “película no hablada en español”. El estatus a nosotros no nos lo va a dar Hollywood, nosotros debemos darnos nuestro estatus, el lugar en la cinematografía, crear esa cinematografía, esos premios en donde nos representemos a nosotros mismos, y donde hagamos valer nuestras historias, porque nuestras historias son únicas, son muy particulares.