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Dusty le teme a las alturas

‘Aviones’ es una película realizada en Disneytoon Studios, dirigida por Klay Hall y producida por John Lasseter.

Adriana Marín Urrego

06 de septiembre de 2013 - 05:00 p. m.
Un avión fumigador, que no vuela más allá de los 300 metros de altura, inspiró la creación del personaje de Dusty. / Disneytoon Studios
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Dusty se marea. Dusty siente las palpitaciones y la dificultad para respirar cuando el aire le golpea la cara. Dusty no puede hablar, ni pensar. No mientras que está arriba, muy arriba, en el aire. No puede. Dusty le tiene miedo a las alturas. Es un avión, pero les tiene miedo a las alturas.

Dusty es el nuevo personaje creado por Disneytoon Studios. Es un avión fumigador, encargado de rociar el químico sobre los campos de su pueblo tranquilo en Estados Unidos. Es eso, sobre todo: tranquilo. Un avión tranquilo que tiene miedo. Como todos. Desde los más grandes hasta los más pequeños. Todos tenemos miedo, a algo, a cualquier cosa. De dormir solos en la cama, de hablar en público, de bailar, de dejar de trabajar en algo que no nos gusta para hacer algo que sí, tenemos miedo... Y Dusty tiene un miedo que quiere vencer: quiere ser corredor de velocidad en las alturas.

Ese es, en términos generales, el tema de Aviones, una película que se estrenará en Colombia el 27 de este mes y que recurre a esa sensación para llegar a muchos. No es una película sólo para niños ni una película sólo para grandes. Es una película para todos. Su realización tomó cuatro años y medio y en ella estuvieron involucradas casi 600 personas, 600 personas alrededor de un avión miedoso. Una idea, una llamada, y luego todo un equipo de diseño moviéndose, mirando aviones, analizándolos, su forma, su peso, su estructura. Sólo así podían darles vida y personalidades y sensaciones.

El pensamiento inicial fue de John Lasseter, director de cintas como Toy Story y Cars. Las ruedas lo llevaron a querer repetir una historia con medios de transporte. Y entonces llamó a Klay Hall para que la dirigiera. Era una llamada estratégica. Hall, además de tener experiencia con la dirección de series animadas, conocía ese mundo, el mundo de la aviación. Había crecido en él. Su padre había sido piloto. Se iba con él al aeródromo, una hamburguesa en una mano y una gaseosa en la otra y se sentaba a mirar pasar los aviones. Su padre le iba explicando las características de cada uno. El motor, el ala, la potencia. Cuando terminaba de comer sacaba su libreta y se ponía a dibujarlos. Aún conserva esos dibujos y, seguramente, habrá vuelto a mirarlos durante el proceso de producción de la cinta.

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Las conversaciones entre Lasseter y Hall pusieron en marcha un equipo completo, ese de las 600 personas, 600 personas que aprendieron a observar: “Tú miras los aviones. Sólo con el diseño de la aeronave puedes saber si se puede crear con ella un personaje femenino o uno masculino, uno fuerte o uno débil”, cuenta Hall, y así los diseñadores fueron poniendo rostros y colores a los distintos modelos que estudiaban. Air Force One, MiG-25 Foxbat, Huey (un helicóptero), B25 (un bombardero de la Segunda Guerra Mundial), un caza F4U Corsair... aviones viejos y nuevos permitieron la creación final de los personajes. Todos para darle vida a la historia de Dusty.

Es un asunto largo ese de crear los personajes y luego dibujarlos una y otra vez en diferentes posiciones, realizando movimientos distintos, para crear una secuencia de imágenes lógica. Pero hay algo más, sin embargo, en lo que se debe pensar: que esa secuencia le llegue a una audiencia y la conmueva, a cada uno a su manera. “Se necesita tiempo para moldear una historia familiar, no es fácil. Como tienes que llegar a un público de edades diferentes, con humor, tienes que aprender a hacer todo tipo de bromas. Tienes que hacer que los niños se rían, que se rían los adultos y que se rían todos los que están en la mitad. Es una comedia mucho más sofisticada”, afirma Hall.

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Entonces empieza el proceso de confirmación de la calidad del trabajo realizado. La delgada línea entre una película para todos y una película mala, para nadie. “¿Cómo sabes si estás trabajando para tu audiencia familiar? A mí me debe encantar la película. Debe gustarles a todos en la compañía. Después hacemos la prueba de audiencia. Que la vean niños y ancianos y que reaccionen ante ella. Dependiendo de su reacción, se hacen los ajustes que se tengan que hacer”, sostiene Hall.

La secuencia ya quedó, los chistes ya se formularon, los estudios de audiencia ya se hicieron. Falta esperar, ahora, la reacción del gran público y si, gracias a eso, veremos Aviones 2 y Aviones 3. O si, tal vez, lo que veamos a continuación en las salas de cine sea una película con trenes, con motos o con bicicletas.

 

 

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amarin@elespectador.com

@adrianamarinu

Por Adriana Marín Urrego

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