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El complicado asunto del poder

La última cinta del actor estadounidense, en la que también oficia como director, es un detrás de cámaras de la política de su país.

Gregoire Ansard / Especial para El Espectador

26 de mayo de 2012 - 12:01 a. m.
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En Poder y traición, la cuarta cinta dirigida por George Clooney, el espectador asiste al triunfo de un hombre a través de su propia caída. En 92 minutos, Clooney habla de la capacidad del poder al servicio del dinero para torcer la voluntad de los hombres.

La película, nominada en los Premios Óscar en la categoría de mejor guión adaptado, muestra a un político que busca ser candidato a la presidencia de los Estados Unidos (George Clooney) y a su asistente de prensa (Ryan Gosling), quien se verá confrontado con su propia moralidad cuando descubra un secreto que puede comprometer las aspiraciones de su jefe.

El reparto de esta cinta, una adaptación de Farragut North, obra de teatro escrita por Beau Willimon, lo completan Philip Seymour Hoffman, Paul Giamatti y Marisa Tomei.

En entrevista, Clooney habla de las complicaciones del poder, el reto de conseguir financiación para el proyecto y sus esperanzas para el futuro de Sudán del Sur, entre otros asuntos.

¿Cómo surgió la película?

Fue un proceso de cinco años. Fue algo en lo que Grant Heslov y yo habíamos estado trabajando por un largo tiempo. No fue lo mismo que me sucede como actor, es decir, encontrar un buen guión y saltar al proyecto. Este es el tipo de proyecto que uno escribe y pierde la financiación, y después el presidente Barack Obama resulta elegido y todo el mundo está tan esperanzado que toca poner la cinta en espera porque no es momento para el cinismo. Pero un año después parecía que otra vez era el momento de ser cínico.

¿Fue una película complicada de hacer?

Grant y yo tuvimos que buscar la financiación por nuestra cuenta: tuvimos que vender la película nosotros mismos. El discurso era siempre el mismo: usé a E.R. como ejemplo. Un programa de televisión con éxito mundial en el que nadie entendía los diálogos sobre medicina. Nos importaban los personajes. Si creas buenos personajes, si tienes buenos personajes, el resto de la historia, las cosas que suceden fuera de ella, no van a importar. Realmente no importa si no sabes cómo es el conteo de los delegados electorales o las elecciones primarias de Estados Unidos si crees en los personajes y te gustan. Parte de nuestro trabajo era asegurar que fuera así.

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Uno de los temas de la película es la seducción y la obsesión con el poder y cómo afecta a las personas...

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Es una pendiente resbalosa porque, claro, llegar al poder es una cosa complicada y una vez lo logras no querrás soltarlo. Pero hay muchas fuerzas externas a las que se les permite participar de ese poder, bajo la forma de donaciones, y entonces terminas respondiéndoles a ellas. El poder se convierte en un asunto más complicado. Eventualmente volveremos a un punto en el que el poder estará en las manos de quienes no lo han tenido por un tiempo. Pero ese momento no ha llegado. Hoy está bajo el control de quienes tienen más dinero.

Usted interpreta a un político que quiere ser candidato presidencial. ¿Cuál fue la clave para hacer su personaje creíble y complejo al mismo tiempo?

En 2004, cuando mi padre quería ser congresista (una experiencia que no disfrutó en lo más mínimo), yo trabajaba en una serie llamada K-Street, en la que pasé un buen tiempo con consultores políticos como Mary Matalin y James Carville, entre otros nombres muy conocidos en ese ámbito. Eso ayudó.

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El papel me interesaba porque tenía claro que iba a ser un reto interpretar a alguien que el público percibiera como un candidato. No es fácil. Los candidatos tienen que hacer mucho más que los actores en cuanto a la manera como se proyectan a sí mismos: levantar la quijada bien alto, sacar el cuello y mirar hacia el horizonte. En realidad, requiere mucho más ego del que pensé. Era un buen reto y me encanta retarme.

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¿Cómo ve al personaje de Ryan Gosling, su necesidad de poder y venganza?

Es una lección moral, ya que a través de él contamos la historia: es el personaje de la película. Se trata de alguien que tiene lo suficiente para llegar a ser todo lo que queremos que sea y para llegar a triunfar a costa de su propia caída. Me gustaba esta idea. Para mí es una forma clásica de contar una historia.

¿Qué otras cintas lo inspiraron?

Siempre me gustó El candidato, una cinta hermosa, y también influyó Todos los hombres del presidente. No comparo mi película con esas obras maestras, pero hay un elemento común a ellas, que tratamos de utilizar en nuestra narración, y es que no le vamos a dar todas las respuestas al público. Vamos a hacer que participen un poco. Tendrán que pensar y prestar atención y disfrutar al ser parte de ello. Creo que esta era la gran cualidad de las películas de los setenta, y quisimos usar este recurso en nuestra narrativa.

‘Poder y traición’ es su cuarta película como escritor-director. Parece que ha alcanzado una madurez detrás de la cámara...

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Nunca es fácil. La cuestión es hacer la tarea. Siempre me preparo muy bien antes de llegar a trabajar. Sólo trabajamos ocho o nueve horas, cinco días a la semana. Hago las cosas muy rápido. He descubierto que los actores trabajan mejor en esas condiciones.

La mejor forma de decirlo es con la respuesta que mi tía Rosemary (muy buena cantante) me dio cuando, al final de su carrera, le pregunté cómo era posible que fuera mejor cantante cuando ya no alcanzaba ciertas notas. Me respondió: “Porque ya no tengo que probar que puedo cantar. Si el material era bueno, yo sólo le servía a ese material”. Me siento muy cómodo con el material de esta película. Seguimos un método muy simple con el que queríamos rodar: con un punto de vista. Los grandes directores que admiro, como Steven Soderbergh, Alexander Payne o los hermanos Coen, ruedan con un punto de vista. Soy un gran admirador de esa técnica.

¿Extraña dirigir cuando no lo hace por un tiempo?

Sí, mucho. El problema es encontrar un material que me interese. Es un proceso que lleva mucho tiempo cuando te propones hacer una cinta como esta. Es frustrante. A medida que envejezco, algo que sucede rápidamente, tiendo a inclinarme más hacia la dirección que a estar en frente de la cámara.

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¿Qué representa Hollywood para usted?

Tiene muchos significados. Lo primero que viene a mi mente es Clark Gable y Katharine Hepburn. El viejo Hollywood, cuando estaba en su apogeo. Después pienso en la suerte de rebeldes de mediados de los sesenta y setenta, cuando los estudios eran dirigidos por productores. Hacían grandes películas y competían con buenos trabajos. Hollywood siempre recibe una mala reputación. A todo el mundo le encanta hablar de nosotros, pero la verdad es que somos uno de los pocos productos de exportación de Estados Unidos que aún produce miles de millones de dólares. Estoy orgulloso de ser parte de esa industria.

Sudán del Sur es hoy un estado independiente. Usted ha estado interesado en esa región del mundo por un tiempo. ¿Guarda esperanza en el largo plazo?

Los que estuvimos allí para las elecciones nos sentimos completamente felices. Ver a una mujer de noventa años votar por primera vez en su vida es algo asombroso. La gente votando por su libertad... no puedo describir lo emocionante que fue. Claro, ahora que el incendio se ha apagado queda la preocupación de si el nuevo gobierno tendrá éxito. Me preocupa porque es un nuevo país y en ese escenario quién sabe cuántas cosas pueden salir mal, pero tengo mucha fe en ellos.

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Por Gregoire Ansard / Especial para El Espectador

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