31 Mar 2020 - 11:46 p. m.

El Espectador cumplió 133 años de fundado: La difícil vida de un diario

Un columnista y antiguo redactor de este periódico resalta las dificultades históricas que ha enfrentado el periódico más antiguo de Colombia.

Óscar Alarcón Núñez / Especial para El Espectador

Fidel Cano Gutiérrez (1854-1919), fundador de El Espectador, además de periodista fue escritor y poeta. / Archivo
Fidel Cano Gutiérrez (1854-1919), fundador de El Espectador, además de periodista fue escritor y poeta. / Archivo

El Espectador nació al año siguiente de que se expidiera la Constitución de 1886 que con sobrada justicia Miguel Antonio Caro la consideró monárquica pero, “desgraciadamente electiva”. Eran los años de la Regeneración, nacida bajo las cenizas de la Constitución radical de 1863.

No fueron nada fáciles esos primeros años del periódico fundado por Fidel Cano Gutiérrez en la calle El Codo en Medellín, en una modesta imprenta, para trabajar “en bien de la patria con criterio liberal y en bien de los principios liberales con criterio patriótico”. Tarea difícil porque la nueva Carta, centralista y confesional, en el numeral K, transitorio, establecía: “Mientras no se expida ley de imprenta, el gobierno queda facultado para prevenir y reprimir los abusos de prensa”. (Le recomendamos nuestro especial de aniversario "Vamos por más". Disfrútelo aquí).

La nueva Constitución nació luego de que el ejército gubernamental derrotara a los radicales en la batalla de La Humareda. Conocido el triunfo el presidente Núñez, desde el balcón de Palacio, anunció que la Constitución de 1863 dejaba de regir. A ella, los de la Regeneración, le señalaban todos los defectos habidos y por haber, imputándole hasta la paternidad del sinnúmero de guerras civiles que se produjeron durante su vigencia. La verdad fue que esa Carta –que recogió gran parte del ideario político de los radicales, antiguos gólgotas—entró en crisis no por si misma sino a partir de la ley 20 de 1867 que llegó a decir: “Cuando en algún estado se levante una porción cualquiera de ciudadanos con el objeto de derrotar al gobierno existente y organizar otro, el gobierno de la Unión deberá observar la más estricta neutralidad entre los bandos beligerante”.

¡Qué tal! Eso era tanto como poner al gobernante de la nación en una candidez de marido engañado. La disposición no tenía otro propósito que ir en contra del presidente Mosquera quien, naturalmente, la objetó y ello le significó que le dieran golpe de estado.

Nace El Espectador

En medio de esa polarización nació El Espectador. No habían aparecido treinta números cuando el 22 de marzo llegó una orden a Medellín de Felipe Angulo, ministro del presidente Núñez, en donde ordenaba: “Sírvase suspender la publicación periódica El Espectador. Prohíba usted también que se hagan nuevas publicaciones periódicas hasta tanto se expida el decreto sobre prensa. Por ahora solo deberá usted atenerse al artículo K de la Constitución. El gobierno espera toda su colaboración en este sentido”.

El general Payán, como presidente interino, dictó un decreto sobre prensa y con base en su texto reapareció El Espectador. Otro encargado, Carlos Holguín –porque a Núñez no le gustaba gobernar y lo hacía por interpuesta persona—suspendió nuevamente el periódico cuando estaban en prensa los números 99 y 100 (edición doble). Era 27 de octubre y llegó la orden del ministro dirigida al gobernador de Antioquia:

“Habiendo El Espectador tomado carácter de publicación subversiva, el gobierno, de acuerdo con lo que previene el inciso 3. del artículo 7. del decreto sobre prensa, ha resuelto suspender por seis meses la impresión del expresado periódico. Sírvase Usía comunicar esta resolución al director y editor de la hoja de referencia y hacer que tenga estricto cumplimiento. José Domingo Ospina”.

En 1892, un artículo de Fidel Cano, titulado “Anagrama”, le mereció una multa del gobierno. El ministro Antonio B. Cuervo se la comunicó en estos términos: “Acabo de leer el suelto ‘Anagrama’ publicado en el número 187 de su periódico y teniendo en cuenta el artículo 6. del decreto número 151 de 1888 sobre prensa, que atribuye a este Ministerio la intervención gubernativa en materia de imprenta, impuse a usted una multa de 200 pesos, por considerar subversivo dicho escrito. Dios guarde a usted. Antonio B. Cuervo”.

Con ironía, Fidel respondió: “Puede su Señoría disponer del dinero que según su telegrama de ayer ha resuelto exigirme forzosamente. Dios me guarde de usted. Fidel Cano”.

El 8 de agosto de 1893, ya en el número 282, el gobernador de Antioquia ordenó la suspensión del periódico y redujo a prisión al director, Fidel Cano. Solo el 14 de marzo de 1896 volvió a aparecer El Espectador, pero el 27 de junio, cuando circulaba el número 311, recibió orden de suspensión indefinida.

El 24 de abril, al amparo de la nueva ley de prensa, El Espectador reapareció con el número 321 y circuló ininterrumpidamente hasta cuando estalló la guerra de los Mil Días, en octubre de 1899. No volvió a aparecer sino hasta 1903 con el número 506.

En noviembre de 1904 Fidel Cano resolvió suspender la publicación porque, según su criterio, no había garantías para la libertad de prensa en el gobierno del general Rafael Reyes. Solo cuando dejó el gobierno y asumió Jorge Holguín, Cano se apresta a reanudar la publicación de su periódico pero el nuevo mandatario le ofreció ser ministro. Expidió el decreto 580 del 10 de junio de 1909 que lo designó. Hay un parágrafo que decía: “El señor doctor Justiniano Cañón, subsecretario de Hacienda, quedará encargado del Ministerio de Hacienda y Tesoro mientras toma posesión el ministro titular, ausente hoy de Bogotá”. Fidel Cano no alcanzó a posesionarse porque en este breve gobierno de Jorge Holguín – lo había encargado Reyes—el Congreso eligió a Ramón González Valencia. Es que el destino no ha querido que los Canos sean funcionaros públicos, como le sucedió igual a Luis Cano.

En 1910, cuando se aprobaron normas que modificaron disposiciones banderas de la Regeneración, reapareció El Espectador con el número 846. En 1915 comenzó a editarse simultáneamente en Medellín, bajo la dirección de Fidel Cano, y en Bogotá de su hijo Luis Cano.

Después vendrían los episodios políticos del siglo XX, como el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán; el incendio de las residencias de los dirigentes liberales Alfonso López Pumarejo, Carlos Lleras Restrepo y las sedes de los periódicos El Tiempo y El Espectador, en el gobierno de Laureano Gómez y Roberto Urdaneta Arbeláez, el 6 de septiembre de 1952. Con el retiro de Luis Cano en 1949, asumió la dirección Gabriel Cano. Llegó la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla en donde, luego de la censura, vendría el cierre ordenado por el gobierno. Llegado al Frente Nacional la lucha de El Espectador no fue con los gobiernos sino, primero con los grupos económicos y luego con el narcotráfico que condujo al asesinato vil, a la salida de la sede del periódico, de Guillermo Cano, el 17 de diciembre de 1986. No les bastó con ello, sino que después un camión bomba lo hicieron detonar contra su sede.

Ha sido difícil la vida de El Espectador a lo largo de sus 133 años de existencia.

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