La vida es como el fútbol

Circula por estos días el libro del periodista Jorge Hernán Peláez que relata la historia de vida de su padre, Hernán Peláez Restrepo, leyenda viva de la radio y el periodismo deportivo en Colombia.

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Redacción medios
26 de abril de 2018 - 05:39 p. m.
Hernán Peláez, periodista.  / Archivo
Hernán Peláez, periodista. / Archivo
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Entre los aficionados al fútbol de varias generaciones en Colombia, difícilmente puede haber alguien que no conozca quién es Hernán Peláez Restrepo. Su trayectoria periodística en varias cadenas radiales y periódicos, sumada a sus libros u otras realizaciones y cubrimientos, terminó por convertirlo en un comunicador reconocido. El doctor Peláez, como es conocido, es una verdadera autoridad para la comprensión de este deporte de multitudes.

Sin embargo, un personaje de su índole necesitaba quién contara particularidades de su vida, que resultan tan admirables como su recorrido. Esa tarea acaba de concretarla su hijo, Jorge Hernán Peláez, matemático y también periodista, quien presentó por estos días su libro ‘La vida es como el fútbol’, un ameno relato que recoge la memoria de su padre, no solo explorando en su vida como periodista sino como un hombre del gran arraigo familiar.

Un texto que inicialmente se enmarca en la historia de unión de las dos familias de origen paisa -entre Antioquia y el Eje Cafetero-, en cuyo seno nació Hernán Peláez Restrepo en Cali en enero de 1943. La saga de su madre Justa Restrepo Zuleta, nacida en Montenegro (Quindío), y su padre Ernesto Peláez, proveniente del sur de Antioquia. Los dos constituyeron un hogar con casa en el barrio San Nicolás, y tres hijos: Hernán, Ramón y Sonia Peláez Restrepo.

Jorge Hernán Peláez cuenta cómo fue la niñez de su padre en un barrio cuyos vecinos eran los integrantes de la familia Arbeláez, encabezados por el sastre Chucho, el progenitor del poeta nadaista Jota Mario Arbeláez. O también de qué manera los Peláez Restrepo, con sus primos Fabio y Alberto Lozano, pasaban entrañables vacaciones en fincas de Montenegro (Quindío). Sin embargo, desde que tuvo uso de razón, Hernán Peláez encontró el fútbol.

Su padre Ernesto lo llevó un día al Pascual Guerrero a ver un partido del Deportivo Cali, y desde ahí Hernán Peláez encontró su pasatiempo favorito: los juegos de Cali y América, y hasta sus entrenamientos. El destino hizo que la familia tuviera que abandonar la capital del Valle, por un hecho que conmocionó al país: la explosión de seis camiones cargados con dinamita el 7 de agosto de 1956, que cambiaron la vida de la ciudad por la destrucción de 40 manzanas.

Entre los afectados estuvo la familia Peláez Restrepo porque la bodega y el taller de orfebrería que tenían, quedaron arrasados por la tragedia. En esas condiciones, el grupo familiar se trasladó a Bogotá, donde llegó para los hijos el tiempo del colegio. Hernán Peláez y su hermano fueron a dar al San Bartolomé de la Merced, donde terminó su bachillerato. Entonces, con gran esfuerzo, la familia logró que el hijo mayor ingresara a la carrera de ingeniería química.

Lo hizo en la Universidad América, mientras su hermano Ramón emprendía carrera en la Escuela Naval de Cadetes, y su hermana Sonia entraba a la Javeriana. Aunque Hernán Peláez alcanzó a trabajar en su profesión en una factoría de lubricantes, rápidamente lo coptó la radio, y también el fútbol que necesitaba un comentarista de su equilibrio conceptual. Empezó en Unión Radio, pero rápidamente entró a Caracol y de ahí en adelante hizo una carrera vertiginosa.

En su texto, Jorge Hernán Peláez convoca a periodistas de varios momentos de la vida profesional de su padre. Myriam Morales, Alix Faride, Maura Achury, Alexandra Montoya, Martha Ordóñez, Pamela Zambrano y Claudia Morales. Todas mujeres, a pesar de que el periodismo deportivo en el que terminó consagrándose lo rodeó de colosos de esa especialidad, todos hombres, muchos de ellos grandes amigos de anécdotas y cubrimientos.

En ese detallado recuento de la vida de Peláez Restrepo en un mundo de recordados personajes como Jaime Ortíz Alvear, Juan Harvey Caicedo, Alberto Piedrahita Pacheco o Armando Moncada Campuzano entre otros, Jorge Hernán Peláez detalla la forma en que su padre supo alternar con éxito su intervención en la radio con las tareas propias del periodista de prensa escrita. Inicialmente en El Tiempo, después en El Espectador, y también en los libros.

En esta perspectiva, no podía faltar un capítulo dedicado a una de las misiones de las que Hernán Peláez nunca se ha negado a contribuir. Oficiar como maestro de ceremonias del tradicional evento del Deportista del Año de El Espectador. El testimonio de la organizadora y directora del evento, la periodista Olga Lucía Barona, así como un acopio de entretenidas anécdotas en ese encuentro anual del periodismo deportivo en Colombia que, gracias a Peláez, siempre tiene garantizado éxito.

Y obviamente en un texto de tono íntimo, no podía faltar Beatriz Andrade, madre del autor y esposa del protagonista del libro. Se casaron en 1971 en la iglesia Santa María de los Ángeles en Bogotá, se fueron de luna de miel a Aruba, donde además de las maletas, Hernán Peláez empacó su radio que parecía un bloque de panela, para poder escuchar noticias. Con esa licenciada en matemáticas de la Javeriana que lo acompaña desde entonces, formó hogar con tres hijos.

El mayor, al mismo tiempo autor de ‘La vida es como el fútbol’, Jorge Hernán Peláez, desde 2006 también vinculado al mundo mediático. La segunda, María Beatriz, hoy casada con el empresario de comunicaciones Juan Mesa Zuleta. Y el menor, Juan Manuel, arquitecto e ingeniero civil con notable desempeño en la empresa privada. Una familia que, entre la proyección profesional de Peláez, y sus incontables anécdotas del fútbol, lo vio crecer entre amigos.

Algunos, según relata Jorge Hernán Peláez, siguen vigentes. Como el exfutbolista argentino, Juan Carlos Sarnari, anfitrión de siempre en su restaurante ‘La estancia chica’; u otros exjugadores como Luis Gerónimo López, Rubén Flotta, Juan Antonio Gómez Voglino o Jorge Amado. Y también otros amigos que no son del fútbol pero sí de sus cercanos afectos como Antonio José Uribe, Alfredo Cardozo o Gustavo Lenis. Y claramente, los periodistas.

No aparecen todos porque sería imposible incluirlos en las 215 páginas del texto, pero Jorge Hernán Peláez refiere que han sido claves para fortalecer su carácter expansivo y melómano. De hecho, en la obra se dedican capítulos particulares al contar los gustos musicales de Hernán Peláez Restrepo y una miscelánea de anécdotas, que describen perfectamente lo que significa el periodismo, y mucho más si se trata del cubrimiento del fútbol.

Hacía falta este libro sobre el doctor Peláez, y nadie mejor para contarlo que su hijo Jorge Hernán Peláez, hoy columnista del diario La República, en los últimos tiempos presentador el programa Kick Off del canal Win Sports y en los últimos meses podcaster con su clásico programa salsa Blu. El padre de dos hijos mellizos que heredó la pasión por la radio de su padre y, como él, escribe ahora para contar la historia del más reconocido periodista deportivo de Colombia.

Por Redacción medios

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