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La voz del gato

El personaje con los ojos más tiernos y manipuladores del cine regresa esta vez con su propia película: 'El gato con botas'. Entrevista con Antonio Banderas y Salma Hayek.

Alejandro Millán Valencia / Los Ángeles

14 de noviembre de 2011 - 04:21 p. m.
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Durante tres películas de la franquicia de Shrek, con su versión libre de los cuentos de hadas que se hizo famosa en el mundo entero, uno de los personajes favoritos fue el Gato con Botas, que con sus ojos lastimeros conquistó a muchos de los fanáticos del ogro verde y sus aventuras.

Por esa razón, desde hace cuatro años Jeffrey Katzenberg, cabeza visible de Dreamworks Animations y el responsable de películas como El rey león, La sirenita, Kung Fu Panda o la misma Shrek, pensó que el gato conquistador podía tener una película entera. Y lo hizo realidad: el protagonismo estelar gatuno llega a las salas de cine de Colombia este 8 de octubre.

Y uno de los más felices con la decisión es el hombre que le da su voz y, ante todo, la personalidad a Gato: Antonio Banderas. “El Gato se volvió un personaje recurrente en Shrek, pero no pensé que fuera a tener una historia tan larga, una carrera que ya completa diez años. Tomamos una buena decisión al principio y fue darle al gato una voz totalmente contraria a como luce físicamente: un gato muy pequeñito con una voz muy grande. Un gato no se supone que hable así, y ni siquiera habla como yo; le dimos una voz más profunda y dramática. Creo que ahí es donde radica la comedia que logramos, el humor que sale naturalmente con el gato”.

Al lado de Banderas se encuentra Salma Hayek, que en esta película interpreta a Kitty Patas Suaves. Para Hayek, quien incursiona por primera vez en este tipo de cintas animadas, la experiencia se hizo más fácil al trabajar con Banderas, con quien ya ha cosechado una larga amistad después de estar juntos en La balada del pistolero, Érase una vez en México y Frida, entre otras.

“Estaba muy preocupada por cómo iba a salir la película. Pocas veces he hecho este tipo de papeles, pero entonces tuve la mejor prueba, que fue llevar a mi hija a verla. Me intrigaba pensar en cómo explicarle, iba a arruinar su mundo de fantasía. En medio de la presentación, apenas escuchó la voz de la gata gritó: ‘Mamá, Dios: ¡esa gata suena igualita a ti!’. Me tocó explicarle todas las cosas del computador y la animación, que era yo pero no era yo. Estuvo confundida un par de días, pero ahora está muy orgullosa de que su mamá sea la gata. Fue un proceso muy grato”.

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Con el fin de evitar el conflicto de traer a la película a los personajes tradicionales de Shrek —como el mismo ogro, Fiona o Burro—, los productores decidieron contar la historia de cuando éstos todavía no existían en la vida de Gato. Así, narraron cómo el Gato con Botas se convirtió en un prófugo perseguido por toda la comarca. Pero entonces se encuentra con un viejo conocido: Humpty ‘Alexander’ Dumpty, el famoso huevo de los cuentos de hadas de Perrault. “Me parece muy emocionante que pueda trabajar gracias a mi acento. Lo digo en serio. Es una paradoja. Cuando llegué a Estados Unidos, lo último que pensé fue que estaría en una película de animación haciendo voces, y bueno, heme aquí. Y es muy divertido, porque lo fundamental de este asunto es que lo que dices se transforma en sonrisas. Es casi incómodo decirlo, pero es fácil, es divertido, porque no es como las películas de siempre, donde tienes unos movimientos determinados. Acá hay una máquina que te graba y el director prácticamente te dice: ‘Haz lo que quieras’. Y puedes hacer lo que quieras sin sentir que le arruinas la toma al director y a los demás actores”, dice Banderas.

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Por su parte, para Hayek “trabajar con Antonio, como siempre, es un placer. Pero esta vez lo que lo hizo especial es que él ya había hecho el personaje tres veces, así que me llevó de la mano, por así decirlo. Yo había ensayado mucho con el director y, para el momento que me encontré con Antonio en el estudio, tenía muy madurado mi personaje, sabía quién era Kitty y que era muy sólida. Eso me ayudó mucho, porque hizo que buscara, explorara, me diera cuenta de que podía improvisar en comedia”.

Por Alejandro Millán Valencia / Los Ángeles

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