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‘Mil besos’ de Ruven Afanador

El famoso fotógrafo colombiano presentará próximamente en Nueva York su tercer libro.

Andrés Ramírez Suárez / Enviado especial, Nueva York

12 de septiembre de 2009 - 09:00 p. m.
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Ruven Afanador habla suave, rozando casi el silencio. A pesar de que su cuerpo acaricia los dos metros de altura y de tener una espalda maciza y la cabeza rapada como la de un boxeador, se revela como un hombre de gestos sutiles apenas abre la puerta del apartamento 7B, ubicado en el corazón del barrio Chelsea, al oeste de Manhattan.

El fotógrafo habla en un español casi ininteligible mientras alterna en su rostro dos pares de anteojos de monturas redondas y coloridas. Entonces devela su pequeño secreto y toma las hojas para mostrar la maqueta de su nuevo libro, llamado Mil besos —Rizzoli Editores, 240 páginas—, obra de gran formato que explora el enigmático mundo de las cantaoras de flamenco.

Es la primera entrevista que Afanador concede a la prensa mundial para hablar sobre su nueva obra. Mil besos es el tercer libro de Ruven Afanador, el fotógrafo de modas nacido en Bucaramanga y que a la edad de catorce años emigró a Estados Unidos para convertirse en escultor y después en fotógrafo. Ignoraba que al final sería un artista total, un retratista renacentista en versión contemporánea.

Ruven Afanador se ha convertido en uno de los fotógrafos preferidos de las principales casas de moda del mundo y de los editores de las revistas más vanguardistas y las estrellas de cine más codiciadas. Innumerables celebridades han posado para él y cientos de revistas le han confiado sus portadas. Las obras Torero (2001) y Sombra (2004), libros pioneros de Afanador, son experimentos homoeróticos que auscultan el cuerpo masculino encarnado en matadores y bailarines de siluetas perfectas. Mil besos es un proyecto opuesto. Este es un fragmento de la entrevista que se puede leer completa en la revista Summus.

¿Cómo nació la idea de realizar un primer libro dedicado a la mujer?

Mil besos está inspirado en Isabel, mi mamá. Un tributo a lo que ella representa en mi vida, a sus enseñanzas y su cariño.

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Por eso fotografió a su mamá vestida de cantaora. Háblenos de esa experiencia.

Nunca había tenido la oportunidad de retratar a mi mamá bajo mi estética. Siento que al vestirla como una cantaora, con los labios negros y las cejas pronunciadas, con la mirada altiva y vestida de negro, de alguna manera intervine en su alma. Fue como reinventarla para volverla a conocer.

Las protagonistas de ‘Mil besos’ son cantaoras y bailaoras del sur de España, la mayoría mujeres ancianas y de cuerpos voluptuosos. ¿Cómo fue esa transición entre retratar modelos, toreros, bailarines y celebridades de cuerpos perfectos a estas artistas?

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No pretendía hacer un libro con mujeres de cuerpos perfectos. Quería algo que me sacara de mi propia rutina. En esa búsqueda, que en realidad se inició con Torero, llegué a las cantaoras del flamenco.

Y luego incluyó mujeres jóvenes...

La idea original consistía en retratar sólo a las cantaoras mayores, las más tradicionales y legendarias. Pero cuando empezaron las sesiones de fotos, las gitanas llegaban con sus hijas, nietas y sobrinas. En ese momento entendí que debía involucrar todas las edades del flamenco.

Tres generaciones frente a la cámara, unidas por el linaje del cante jondo…

Lo importante era capturar la armonía entre las costumbres antiguas y contemporáneas. Me emocionaba ver a las abuelas cantar y a sus nietas bailar.

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Por Andrés Ramírez Suárez / Enviado especial, Nueva York

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