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'Rocknrolla', el regreso de Guy Ritchie al séptimo arte

El director de cine estrenó acompañado de Madonna, su esposa, el film que muestra los bajos fondos de Londres: gángsters, especulación inmobiliaria, drogas, sexo y rock & roll.

EFE

03 de septiembre de 2008 - 11:07 a. m.
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Nada es lo que parece en esta nueva apuesta de Ritchie, pero está claro que el ritmo de la acción, el nivel de enredos entre los múltiples personajes, la banda sonora y la belleza de sus protagonistas, Gerard Butler y Thandie Newton, no dejarán indiferente al espectador.

La película ofrece una visión mordaz e incluso un poco chulesca de las nuevas mafias que controlan los negocios más sucios de la capital británica: los inmobiliarios.

Ritchie se atreve a conjugar la crítica social, la parodia, el cine negro, la estética del cómic, la música más rebelde y el nuevo Londres, ése que no sale en las películas y está lleno de contradicciones. Y consigue hacerlo a las mil maravillas.

‘Rocknrolla' abre la puerta a un mundo de gángsters tradicionales, políticos corruptos, contables que coquetean con los límites de la ley, estrellas del rock muertas que resultan estar muy vivas y nuevas generaciones de criminales muy "malotes" que buscan hacerse un hueco.

Entre todos ellos, Thandie Newton, que interpreta a la única mujer de la película y a la que le encantó "estar rodeada de hombres".

Todos los personajes comparten un fin que intentarán alcanzar a toda costa: hacerse ricos, y la forma más efectiva y rápida de conseguirlo en la capital británica que refleja Ritchie es entrando en el negocio inmobiliario.

El personaje del magnífico Tom Wilkinson, Lenny Cole, es el rey de estos asuntos, pero las normas están cambiando con la llegada de millonarios extranjeros y jóvenes sin miedo y con nada que perder.

La historia puede variar en un segundo, de la forma más inesperada y por la intervención del personaje más insospechado.

La velocidad de la trama, un reflejo del ritmo vertiginoso que el director aplica en el rodaje, deja al espectador exhausto y sin tiempo para elaborar siquiera la teoría más simple sobre el curso que tomará la historia.

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Durante la presentación de la película en Londres, Guy Ritchie explicó que el objetivo de este filme era reflejar la evolución que ha sufrido Londres en los últimos 20 años, en los que se ha convertido en una de las capital financieras del mundo y con uno de los suelos edificables más caros.

A pesar de que el director asegura que los inframundos que aparecen en la película son una invención -bromeó diciendo que se documentó para el filme leyendo el sensacionalista británico ‘Daily Mail' - el espectador intuirá que existen muchas semejanzas con la realidad.

Por ejemplo, una de las piezas centrales es un magnate ruso, gran amante del arte y cuya oficina está en un famoso campo de fútbol. Cada espectador es libre de sacar sus propias conclusiones, pero es difícil no tener la imagen de Román Abramóvich, propietario del Chelsea, en la retina. Aunque eso sí, el realizador negó cualquier parecido con la realidad.

Por EFE

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