“Secretos de Playboy”, una serie que desnuda la realidad

Esta producción, que se estrena por A&E el domingo 19 de junio, pretende mostrar en 12 capítulos el oscuro imperio de poder, sexo y violencia detrás de las paredes de una mansión, así como la manipulación que su creador, Hugh Hefner ejercía sobre las “conejitas”.

18 de junio de 2022 - 02:00 a. m.
Para la sociedad de la época previa a la liberación sexual de los años 60, las publicaciones de desnudos eran clandestinas.
Para la sociedad de la época previa a la liberación sexual de los años 60, las publicaciones de desnudos eran clandestinas.
Foto: Cortesía

Bajo la perspectiva de género y con énfasis en el movimiento #MeToo, esta producción, sin precedentes, de 12 episodios que se estrena este domingo 19 de junio, explora las verdades ocultas detrás del imperio Playboy a través de una lente moderna, a medida que se adentra en el mundo complejo que creó Hugh Hefner y examina sus consecuencias de gran alcance en la visión del poder y la sexualidad en nuestra cultura.

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Además, se deconstruye al personaje detrás de la persona ante la opinión pública, poniéndose el foco en el sufrimiento de las mujeres que habitaron la Mansión Playboy, creada por Hugh Hefner y ubicada en Los Ángeles, California.

Para la sociedad de la época previa a la liberación sexual de los años 60, las publicaciones de desnudos eran clandestinas y mal vistas. Hasta la aparición de Playboy, en 1953, que rompió con ese paradigma y puso al cuerpo desnudo de la mujer como objeto de consumo en medios.

En la serie documental se ve cómo esta puerta celestial para los hombres, a través de unas páginas impresas, derivó en un oscuro mundo de depredación sexual que involucró a famosos, como así también en el tráfico y abuso de mujeres (muchas de ellas menores de edad) que recalaron en mansiones satélites que funcionaban como clubes privados para realizar orgías. Estas “mansiones ocultas” albergaban a las chicas que no lograban llegar a Playboy.

Una de las voces más importantes de esta producción es la de Miki García, ex-Playmate y exdirectora de Playmate Promotions, quien contó a El Espectador algunas de las experiencias más complicadas que se vio obligada a vivir mientras hizo parte de ese mundo. “Creo que la primera vez que supe que todo eso era más grande que yo fue cuando me habían prometido que iba a ser Playmate del Año y no me lo permitieron porque no quise acostarme con Hefner. Sin embargo, yo quería trabajar en la revista Playboy, mostré que tenía el talento para hacerlo, y así fue”, reveló.

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Tiempo después de trabajar en la revista, García cuenta que cuando se volvió directora se hizo amiga de todas las Playmates. Se fue acercando a ellas poco a poco hasta convertirse en su confidente y estaba enterada de todo lo que pasaba en la Mansión. “Empecé a notar que muchas mujeres no estaban tan bien como aparentaban, esto por el consumo de varias drogas. ¿De dónde las sacaban? De la Mansión”, agregó.

El documental también pone por momentos la lupa en personajes como Don Cornelius, un presentador y productor cercano a Hefner, quien se llevó a dos conejitas a una fiesta y, luego de eso, desaparecieron por varios días, para poner en contexto el grado de impunidad con el que se manejaban Hefner y su depravado séquito.

Bajo la fachada de una revista, cuyo primer número vendió la totalidad de las 50.000 copias impresas, para llegar a los siete millones de ejemplares mensuales, que buscó revolucionar la cultura sexual estadounidense, se agazapó un editor listo para saciar sus apetitos más oscuros. Con solo 27 años, Hefner escaló, por un lado, en los deseos de los hombres de querer vivir como él y, por el otro, se amparó en la divulgación de los derechos igualitarios de las mujeres para darles un estatus de empoderamiento. En realidad, según muestra el documental, ellas solo fueron herramientas para monetizar sus negocios, pues fueron engañadas y manipuladas hasta último momento.

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Otro testimonio clave del documental es el de Jennifer Saginor, quien creció en la Mansión Playboy porque su padre, Mark Saginor, fue el médico personal de Hugh y mantuvo un vínculo de amistad con él por más de 40 años. Con solo seis años, ella correteaba por los pasillos de la casona y veía a las conejitas con cierto halo maternal en donde los recuerdos de fiestas navideñas la cobijaron entre la calidez y la calma. Pero nada de eso sería real.

“Todo era más oscuro y siniestro. Me enseñaron a ver a las mujeres como mercancías. Era degradar, no empoderar”, explicó Saginor, quien se enamoró de Kendall, una de las novias más importantes de Hugh, quien misteriosamente no brindó testimonio para este documental. El control mental que Hugh ejercía sobre sus chicas se asemejaba al de un culto. No por nada, Hefner admiraba y se obsesionó con saber más y más acerca de la figura de Charles Manson, intentando descifrar cómo un hombre podía regir la vida de un grupo de mujeres a su voluntad.

La explotación de las mujeres vista bajo el prisma de sus protagonistas es uno de las características de Secretos de Playboy. Allí también aparece Sondra Theodore, la conejita mamá —directora de Playboy Promotions a cargo de 70 conejitas— quien un día entró de improviso a la habitación de Hefner y lo encontró masturbando a su perro: “Ellos también tienen sus necesidades”, dijo el fundador, porque también existían testimonios de zoofilia en la mansión.

El documental también revela que el fallido vínculo primigenio de Hugh con la actriz y cantante Betty Conklin hizo engendrar en él un monstruo ávido de sexo, manipulación y dinero. Como si fuese una venganza mediática. Así moldeó varias camadas de conejitas a su gusto y semejanza, a base de siliconas, bótox y, sobre todo, mucho miedo. “Mi vida es solo una invención y una estrategia de marketing inteligente que me sirve demasiado”, dice Hefner, quien falleció a los 91 años en septiembre de 2017 y, como bien resume esta saga, siempre fue un vampiro, y las conejitas, su presa.

Secretos de Playboy me ayudó a sanar de muchas maneras. Yo tenía un largo camino por delante. Pero por lo menos siento que me dio una voz. Y por eso voy a estar eternamente agradecida a Alexandra Dean, a todo su equipo y a también a A&E, por haber sido lo suficientemente valientes de alzar nuestra voz. Estas mujeres que participaron realmente no habían tenido una voz antes, y es realmente muy importante en el proceso de sanación”, concluyó Miki García.

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