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Un oficio de miles de litros

Este jueves, a las 10:00 p.m., se emite el primer capítulo de ‘Con el agua al cuello’, una serie que lleva al televidente a ver cómo se construyen los acuarios más grandes del mundo.

Santiago La Rotta

03 de junio de 2012 - 09:00 p. m.
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Son sólo acuarios. Cierto, pero no del todo acertado. Son enormes cajas de acrílico, tan grandes como para que un adulto entre en ellas con cierta facilidad. Este es un negocio de amplias dimensiones: más de 200 mil litros de agua, 10 metros de altura, 30 centímetros de espesor, un metro de diámetro y varios cientos de peces que pasan de ser criaturas vivas a parte del mobiliario.

El tamaño es un asunto importante en Con el agua al cuello, la nueva serie de Animal Planet. Los protagonistas son tan grandes que a veces no caben en los enormes acuarios que ellos mismos fabrican. Pero no sólo se trata de la talla de su ropa (entre los dos personajes principales deben sumar cerca de 200 kilos), sino del alcance de su visión, el vuelo de ciertas ideas que caminan la delgada línea entre un sueño y un delirio.

Un acuario dentro de una cabina telefónica (con el teléfono incluido) o un tanque que, además de peces, contiene dos televisores con pantalla plana, son algunos de los productos que fabrica Acrylic Tank Manufacturing (ATM), la firma fundada por Wayde King y Raymer Brett, dos curiosos empresarios con cara de bonachones que entre chistes venden miles de dólares en plástico, agua y especies marinas exóticas para hoteles, celebridades y otros personajes con un gusto particular, por decirlo de cierta manera.

ATM es una empresa que fabrica grandilocuencia y, claro, su sede no podría quedar en otro lugar que no fuera Las Vegas, un sitio hecho para contener el mal gusto a lo grande. Allí las órdenes para acuarios enormes no dejan de llegar y los principales clientes parecieran ser los hoteles que, más que acomodar huéspedes, funcionan como parques temáticos para venerar el exceso y la sobreactuación.

Con el agua al cuello, serie de seis capítulos, lleva al televidente a observar cómo surgen los proyectos del fabricante de acuarios más grande Estados Unidos, una empresa que arrancó en 1997 y cuya materia primigenia es la pasión de los fundadores por los animales. “Desde niño me di cuenta de que me encantaban los acuarios. Vivíamos cerca del acuario de Coney Island, por lo que solíamos visitarlo con mucha frecuencia. Mi hermanastro se dedicaba a construirlos y siempre teníamos al menos uno en casa de mi mamá”, asegura Raymer.

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Acrylic Tank Manufacturing es una empresa familiar, pues King está casado con una hermana de Raymer (Heather, quien se encarga de la contabilidad de la compañía). En ATM también trabaja el padre de Raymer, quien hace las veces de gerente del negocio. Fue él quien le propuso a King que se dedicaran a construir acuarios, además de presentarle a su hija.

Raymer y King aparecen como un par de tipos cómicos y trabajadores que logran convertir algunos de los extraños caprichos de sus clientes en enormes piezas de exhibición que acaban decorando recepciones de oficinas y hoteles, principalmente. Con un talento notable, sus acuarios terminan siendo producto agradables, casi infantiles, si tan sólo no costaran miles de dólares. Son dos hombres grandes que constantemente juegan al macho de la oficina, el rey de una selva que no tiene ceibas, sino palmeras de neón. Un juego inocente, por supuesto, pero que de tanto en tanto podría resultar aburridor, demasiado gringo.

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El reality se apoya en la relación familiar de los protagonistas para mostrar una cara amable de un género televisivo que ha prosperado explotando el drama y la mediocridad humana. Este no es un programa para aprender extensivamente acerca de peces exóticos, o de construcción de acuarios para ese caso. Es entretenimiento sin más. Alguien incluso podría argumentar que introducir un pez entre un tanque de agua, sin importar qué tan grande o espectacular sea, es confinamiento y crueldad. Otro más diría que esta es una forma de admirar la fauna marina, de sensibilizar a las personas ante la belleza de estas especies.

Más allá de estas discusiones, el programa logra despertar interés en el televidente, una curiosidad fácil que se pregunta por el próximo proyecto de un negocio harto desconocido y exótico, un oficio tan innecesario como atractivo.

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En cifras

215 mil litros es la capacidad del tanque que ATM fabricó para una iglesia en Dallas.

14 años de edad tenía Wayde King cuando comenzó a trabajar en el negocio de los acuarios.

Por Santiago La Rotta

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