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Universal: cien años después

El segundo estudio de cine más antiguo del mundo, responsable de producciones como ‘Psicosis’, ‘E.T., el extraterrestre’ y ‘Volver al futuro’.

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Santiago La Rotta
05 de mayo de 2012 - 03:23 a. m.
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Para 1978, Robert De Niro ya había interpretado a Vito Corleone en la segunda entrega de El padrino y también se había desquiciado bajo la piel de Travis Bickle en Taxi Driver. Quedaba claro que era un tipo que se tomaba la actuación en serio, tal vez demasiado en serio.

Ese año se estrenó El cazador, que ganó cinco premios Óscar, en la que De Niro, soldado estadounidense capturado por el Vietcong, es obligado a jugar ruleta rusa con sus compañeros de cautiverio. El arma utilizada durante la grabación, se sabría luego, estaba cargada con una bala real. La idea fue del mismo De Niro y desató agrias discusiones con Universal, el estudio encargado de la cinta; un set lleno de pedazos de cráneo y sangre de verdad puede ser perjudicial para el negocio.

Después de reuniones y consultas, las cabezas de Universal tomaron la decisión de que, siguiendo el consejo de De Niro, aquellos soldados, internados en lo profundo de la selva de Vietnam, debían reflejar el peso y la angustia de la guerra sobre el ser humano: carguen el arma y rueden.

Hacer cine suele ser un negocio azaroso. Eso lo supo desde el principio Carl Laemmle cuando, en 1912, decidió fundar su propio estudio (en ese entonces conocido como la Compañía de Manufactura de Cine Universal) y echar a rodar uno de los mayores conglomerados de la historia del entretenimiento, que hoy es el segundo más antiguo del mundo.

Desde el principio, las apuestas fueron altas. Laemmle no permitió que nadie, corporación o banco, financiara sus proyectos, para así poder mantener control total sobre las producciones del que, en poco tiempo, se convertiría en el mayor estudio de cine, un reinado que mantuvo por casi una década.

El precio de esta libertad lo terminaría pagando en 1936, cuando no pudo cubrir el primer y único préstamo que solicitó para financiar la segunda versión de Show Boat, un musical que, por lo demás, fue un éxito de taquilla. Laemmle fue obligado por los accionistas a dejar la dirección de Universal, y con él se fueron parte de las grandes ambiciones de un estudio que ya tenía entre su colección al conde Drácula de Bela Lugosi, de 1931, o la adaptación de 1930 de Sin novedad en el frente, ganadora de los premios Óscar a mejor dirección y película.

El legado de Laemmle permanecería, sin embargo, en los Estudios Universal, que en su momento fueron las instalaciones más grandes de la industria del cine. Este complejo, de casi un kilómetro cuadrado, fue tal vez el primero en abrir sus puertas al público. Entonces algunos calificaron ese movimiento del fundador como demagógico, una forma primitiva de mercadeo.

Los años pasaron y Universal siguió creciendo, a menudo no gracias a sus propias producciones, sino por la obtención de derechos para distribuir otras cintas clásicas. Claro, hay renombradas excepciones a este postulado, como Por quién doblan las campanas, protagonizada por Gary Cooper e Ingrid Bergman en 1943, o Psicosis, estrenada en 1960. Durante la segunda mitad del siglo XX, Universal fue intervenida, bajo la forma de fusiones o compras, al menos dos veces. Estos cambios vinieron de la mano de la popularización de la televisión, algo que, al menos en principio, fue visto como la ruina para el cine. Sin embargo, el cine no se acabó. Universal comenzó a introducirse en el negocio de las series para televisión; el piloto de una de ellas, Night Gallery, tuvo en 1969 a Steven Spielberg, de 22 años, como director.

Serían los años ochenta los que traerían una de las épocas de mayor prosperidad para el estudio, con una racha de cintas que no sólo le reportarían enormes ganancias, sino que terminarían de inscribir el nombre de la compañía en las letras de molde de la gloria. De esa década datan clásicos como Cara Cortada, con Al Pacino al mando de la demencia; Volver al futuro, una de las sagas de ciencia ficción más recordadas y que lanzó al estrellato a Michael J. Fox, y E.T. el extraterrestre, que durante 10 años se mantuvo como la cinta más taquillera de la historia.

Las tres son algunas de las más grandes apuestas hechas por el estudio. El guión de E.T., por ejemplo, ya había sido rechazado por Columbia, que la condenó al segmento infantil. Se dice que cuando Spielberg llegó a Universal con el proyecto varios compartieron el criterio de Columbia, pero el director ya había probado su valor comercial con películas como Tiburón (estrenada en 1975 con el apoyo del estudio). E.T. desbancó a La guerra de las galaxias como la cinta más taquillera y, al día de hoy, se cree que ha recaudado más de US$800 millones.

Pero no todas las apuestas han llegado a feliz término y eso lo saben los directivos que aprobaron Mundo acuático, protagonizada por Kevin Costner en 1995 y que, con un costo de US$175 millones, se convirtió en la película más cara de la historia para ese momento. En taquilla, mundialmente, la cinta recaudó menos de US$300 millones, una cifra considerada ampliamente como un fracaso rotundo.

Cien años después de su creación, la empresa fundada por Laemmle se encuentra en un momento de transición, junto con todos los demás estudios y buena parte de la industria cultural, por cuenta del auge de internet y su capacidad para romper los viejos modelos de distribución del contenido. Así como sucedió luego de la explosión de la televisión, nadie prevé que el cine se acabe. Más bien, dentro de 100 años este momento de la historia seguramente será una referencia enciclopédica en medio de los cientos de títulos que habrán de seguir llenando una y otra vez los teatros.

Por Santiago La Rotta

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