Juan José Campanella: "Uno se emociona más en el cine que en su casa"

El ganador de un Óscar por "El secreto de sus ojos" (2009) presentó en España su más reciente película "El cuento de las comadrejas", una comedia negra con diálogos punzantes.

Para hacer la película "El cuento de las comadrejas", Juan José Campanella se basó en la historia de "Los muchachos antes no usaban arsénico" (1976). EFE

Como si Lubitsch o Billy Wilder se cruzaran con los Estudios Ealing londinenses. Así describe el argentino Juan José Campanella su más reciente película, El cuento de las comadrejas, una comedia negra, de personajes, con diálogos punzantes y salidas inesperadas que llega este viernes a los cines españoles. 

 

 

El ganador de un Óscar por El secreto de sus ojos (2009) rinde así su personal homenaje a las películas "como las de antes", cuando "uno iba al cine a ver una historia más grande que la vida", según explica a EFE durante una visita promocional a Madrid.

"Mucha gente piensa que el cine se ha quedado para el gran espectáculo, sin darse cuenta de que también es para las grandes emociones, porque uno se ríe más en el cine que en su casa, se emociona más en el cine que en su casa", señala el director de El hijo de la novia (2001). (Le puede interesar: "El cine está en crisis": Juan José Campanella)

"Pero cuando salen películas de seres humanos sin poderes especiales, se espera que ese cine se vea en casa, entonces se hacen menos y todo lo que se estrena son películas para chicos o gente con superpoderes", lamenta. 

El cuento de la comadreja es su primera película con actores de carne y hueso desde El secreto de sus ojos, es decir una década. En ese lapso estrenó la taquillera Metegol (2013), precisamente una cinta de animación familiar. 

"De las tres cosas que hago -teatro televisión y cine-, en el cine es donde tengo la vara más alta de requisitos: me tiene que gustar mucho la historia, pensar que durará muchos años, que en 30 o 40 años se pueda seguir disfrutando y que me entusiasme personalmente", dice Campanella. 

Su nuevo trabajo es en realidad una adaptación de la cinta argentina Los muchachos antes no usaban arsénico (1976), de José Martínez Suárez. La primera versión la escribió en 1997 y en este tiempo ha ido mutando.

"He agregado más humor, más concisión, más giros, pero lo mejor que pasó en estos años de desarrollo es que los personajes pasaron de ser glorias del cine de los 50 a ser de los 60 y 70, que son mucho más divertidos, tienen más sexo, drogas y rock and roll a sus espaldas, son tipos 'cool', transgresores y políticamente incorrectos", describe. 

La historia, con claras resonancias a El crepúsculo de los dioses, es la de una diva en el ocaso de su vida, que pasa los días encerrada en su mansión añorando su época dorada.

La diferencia con respecto a la Norma Desmond de Billy Wilder es que Mara Ordaz (Graciela Borges) está bastante más cuerda y vive acompañada de su marido, un actor retirado (Luis Brandoni), un guionista frustrado (Marcos Mundstock) y un viejo director también retirado (Óscar Martínez), que ponen las dosis de cinismo y humor retorcido. 

Su mundo se ve amenazado ante la llegada de dos jóvenes aduladores con oscuras intenciones, interpretados por la española Clara Lago, que vuelve a demostrar su dominio del acento argentino después de Al final del túnel (2016), y Nicolás Francella. 

"Mi personaje es la villana, y se presenta como tal al principio de la película, tiene una entrada maravillosa", subraya Lago, que considera El cuento de las comadrejas una auténtica "oda al cine" y una visión muy "tierna" de lo que ocurre con los actores y el ego. 

"Especialmente con las actrices, que sufren una mayor presión con el tema del envejecimiento", señala, "pero el enganche al ego es fácil que le pase a cualquiera que se dedique a esto, por eso es tan importante que los actores hagamos mucha terapia", añade entre risas. 

Además de ser un homenaje al cine, El cuento de las comadrejas confronta a dos generaciones y dos visiones del mundo, los que están dispuestos a todo para tener más y los que están dispuestos a todo para pasarlo mejor y disfrutar de cosas no materiales. Aunque estos últimos no son tan románticos ni inocentes como pudiera parecer. 

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Magdalena Tsanis / EFE

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Juan José Campanella: "Uno se emociona más en el cine que en su casa"

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