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Desde su galería ubicada en Manhattan,el galerista colombiano León Tovar da su visión sobre el mercado del arte en América Latina.
La vida de León Tovar transcurre entre exclusivas subastas de arte alrededor del mundo y una apacible galería ubicada en la primera planta de un antiguo edificio de piedra vecino a la avenida Madison, en el alto Manhattan.
León Tovar Gallery es un sofisticado espacio de dos niveles que alberga una variada y valiosa muestra de arte latinoamericano. Dos obras de gran formato de Rufino Tamayo y Fernando Botero ocupan el salón central y capturan la atención de los visitantes y transeúntes que caminan por el lugar en esta mañana de verano.
León Tovar habla sobre el auge del arte latinoamericano que hoy se vive en el mundo mientras camina con parsimonia por su galería. “Nuestro arte conquistó los más importantes mercados internacionales en el último lustro. Un ejemplo de ello es la reciente decisión del Museo de Arte Moderno de Nueva York de exhibir obras de artistas latinos que permanecían guardadas desde hacía varios años. Las galerías más tradicionales de la ciudad también abrieron definitivamente sus puertas al arte latinoamericano”.
Según Tovar, el ascenso vertiginoso del arte contemporáneo latinoamericano en Estados Unidos se debe al talento de los artistas de la región y al bajo costo de sus obras –comparadas con los precios del mercado internacional–. “La ventaja del arte latinoamericano es que hasta ahora se ha especulado muy poco con él. Como el apetito por el arte moderno mundial es tan voraz, el arte latinoamericano ha logrado crecer en silencio y de manera consistente. No es un secreto que este negocio se alimenta de la inseguridad y de la especulación. Cada artista tendrá, en mayor o menor medida, sus detractores y también sus defensores. El arte de la región ha permanecido ajeno a estos agentes, aunque con el tiempo será inevitable que ingrese a estas aguas impredecibles. En este escenario juegan factores ajenos a las obras, como el mercadeo, la crítica de prensa, las subastas, la información en libros e internet, la situación de la economía... En este nivel de negocio las obras tienen la oportunidad de cotizarse a niveles insospechados o de descolgarse de manera dramática”.
Este renovado auge por el arte latino comprende desde las obras de los grandes maestros modernistas del continente hasta propuestas de la vanguardia. “El arte latinoamericano se puede clasificar en tres segmentos: el modernismo, compuesto por los grandes maestros como Diego Rivera, Frida Kahlo, Fernando Botero, Rufino Tamayo, Carlos Cruz Díez, Jesús Soto. Después se encuentra el arte contemporáneo con artistas tan significativos como Guillermo Kuitca y Doris Salcedo. Por último hay un grupo de artistas contemporáneos que empujan con fuerza gracias a propuestas conceptuales muy elaboradas. Es un segmento en el que parece importar más el significado que la obra misma y en donde conviven diversas formas de expresión como la plástica, las instalaciones y los videos. En esta categoría podríamos ubicar, por ejemplo, a Miller Lagos, de Colombia”.`
De la mano de la creatividad de los artistas latinos también emerge con fuerza una nueva generación de coleccionistas interesados en invertir en este tipo de arte. “La globalización creó un nuevo tipo de cliente multinacional. Las más importantes transacciones de arte de hoy se cierran mediante subastas conectadas por videoconferencias entre diferentes continentes. Recuerdo que hace 20 años, cuando no existía internet, éramos cuatro los galeristas en Bogotá que trabajábamos con unas enormes guías en las que se publicaban los principales eventos de arte del mundo. Ahora se pueden tener más de diez millones de referencias de subastas con tan solo hacer un clic. Esto, para bien o para mal, cambió la fisonomía del negocio”.
Estos nuevos inversionistas, en su mayoría herederos de grandes fortunas o exitosos empresarios, poseen conocimientos en arte más amplios y gustos mejor definidos, comparados con los grandes compradores de pasadas generaciones. “Prefiero a los clientes de hoy que están bien informados porque ellos adquieren las obras con mayor facilidad, aunque muchos crean todo lo contrario. El conocimiento facilita el proceso de adquisición de las obras”.
En momentos de crisis financiera global como la actual, el arte latinoamericano se afianza como un excelente segmento de inversión, especialmente en los países más desarrollados y golpeados por la recesión. “Invertir en arte es la actividad más sofisticada y placentera de mundo, además de ser una excelente opción de negocio. Para ilustrarlo con un ejemplo diría que es como elegir entre una autopista plana y una montaña rusa con altibajos. En este caso el arte sería la autopista y el mercado de acciones la montaña rusa”, concluye Tovar.