De niña psíquica a mujer sanadora del alma

Inge Bardor desarrolla un sistema de sanación que cambia situaciones adquiridas o heredadas.

La mexicana Inge Bardor, quien estuvo en Bogotá. / Óscar Pérez - El Espectador

No tuvo una niñez fácil. Se lo advirtió a su madre una joven indígena: “Su bebé no va a ser común y corriente”. Más de una vez sus profesores sugirieron tratamiento especial para aliviar sus “estados imaginarios”. Ella prefería estar sola o sumida en el silencio, hasta que pronto comenzó a explorar las posibilidades de su mente.
A los nueve años la examinaron psicólogos y científicos, pero tampoco hubo un diagnóstico convincente. A secas fue calificada como niña psíquica. Ya adolescente, fue el maestro espiritual mejicano Drunvalo Melchizedec, creador de la técnica de meditación “Flor de la vida”, quien entendió los dones que la joven tenía y los respaldó públicamente.

Ese apoyo y el incondicional de su familia fueron decisivos para que Inge Bardor asumiera su destino como sanadora del alma. Hoy, a sus 33 años, residenciada en Los Ángeles (Estados Unidos) pero viajera por el mundo impartiendo su conocimiento, sostiene que la mayoría de los conflictos se producen por el miedo, que se supera elevando la conciencia.

Esta semana visitó por cuarta vez Colombia y además de realizar varias sesiones individuales y terapias de grupo, hizo énfasis en la que denomina sanación desde el útero. La idea es que toda persona, durante su vida intrauterina, tiene algunas percepciones que reflejan estados emocionales de la madre. Desbloquearlos es el comienzo de la sanación.

La intención es transformar creencias negativas y limitantes heredadas o adquiridas, desplegando la energía divina femenina que conduce a la creatividad y el equilibrio. Además, Inge Bardor trabaja la dermopercepción, una habilidad que le permite percibir a través de la piel las dificultades de una persona, sus emociones y sus energías.

Su propósito es que los centros energéticos de la persona se armonicen con el sistema emocional y la mente para proveer bienestar en el cuerpo físico. Ella está convencida de que hay que recobrar la capacidad de asombro de la niñez y expandir la conciencia sobre la convicción de que somos un reflejo del universo y que lo mejoramos cuando asumimos nuestro poder creador.